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Tribuna

El derecho a existir del PSC

Antonio Balmón

El cruce de declaraciones entre dirigentes y exdirigentes del PSC en los últimos días a cuenta del proceso soberanista ha hecho aflorar de nuevo las tensiones que vive el partido. En este artículo, el número dos de los socialistas catalanes responde a los críticos y fija la posición de la dirección nacional.

Algunos de los que fueron protagonistas del fracaso del PSC y otros sin esa mochila centran sus esfuerzos en buscar el tiempo perdido, absorbidos en analizar la realidad con gafas del pasado. Otros intentamos ver con otros ojos las consecuencias de un presente en el que parecen haber saltado todas las costuras ante un panorama social agrio y triste; ambas miradas son consecuencia de una profunda desorientación y síntomas naturales de un gran desengaño.

Eso hace muy difícil, casi imposible, la aceptación sensata de que partimos de puntos de partida totalmente diferentes. A una parte de ese sector minoritario le alcanza la sombra del fracaso y nos lo quiere hacer olvidar y enterrar torpedeando al actual PSC y su construcción de una nueva agenda política acorde a las nuevas circunstancias demográficas, sociales, nacionales y económicas de Catalunya. Salir del hoyo inmenso al que ellos contribuyeron no es una tarea fácil; en parte pasa por profundizar en la propuesta de una nueva agenda económica y social, conjuntamente con el socialismo español y europeo, y también por ampliar nuestro proyecto nacional.

A estas dos lógicas la actual dirección, encabezada por Pere Navarro, ha destinado todos sus esfuerzos, en un intento de articular y construir las paredes maestras con nuevas propuestas para el presente. Un presente que tiene de rehén a un país cuyo Govern ha dimitido de gobernar y cuyo único placebo es una agenda soberanista con diferentes protagonistas que se pasan el tiempo mirándose por el espejo retrovisor para ver lo que cada uno de ellos dice y hace, incluso renunciando a sus principios de manos limpias o proyecto social, como es el caso de ERC.

En estas circunstancias, considero y acepto que demasiadas personas externas opinan y aconsejan al PSC lo que tiene que hacer. Curiosamente, algunos de ellos aprovechan esa voz interna minoritaria para incomodarnos; se rellenan los argumentos en contra del PSC con las críticas internas de los profesionales de la polvareda, las declaraciones de Nadal, Geli, Ros, etcétera, o se aliñan con las de Corbacho, Guerra y otros.

Este verano hemos tenido un ejemplo. Ciertamente los tuits de Montserrat Capdevila y Xavier Sabaté son desafortunados, pues no se pueden mezclar churras con merinas. ¿Qué sabemos nosotros del compromiso social de los 30.000 voluntarios? ¿Qué tiene que ver la gestión de la imprudencia con un acto independentista? Pero igual que considero inadecuados estos tuits, también considero inadecuada su instrumentalización para describir lo que hace y piensa la dirección del PSC. Mientras, la mayoría del partido en sus órganos ratifica las líneas de actuación de la actual dirección nacional, pero esto produce un morbo nulo. Francamente, me parece enfermizo, tanto como el proceder de los que piden a los organizadores de la Via Catalana del Onze de Setembre que modifiquen el objetivo de su movilización. Es una forma de hacer y ser muy extraña. O acomplejada.

El PSC sabe adónde va. Puede que no guste a mucha gente, pero eso no le impide marcar su propia personalidad. Defensa de la dignidad social y económica de las personas construyendo un nuevo discurso socialdemócrata con el conjunto del socialismo europeo. Defensa de una reforma federal de la Constitución en alianza con el socialismo español. Y defensa sin complejos del derecho a decidir, pero sin caer en manipulaciones o transformarnos en simples mercenarios de aquellos que han contaminado el derecho con una de sus posibles finalidades. Imagino que el hecho de no abrazar la estelada y no querer romper con España no nos inhabilita para articular y defender la opción del camino nacional que creemos más conveniente; en todo caso, solo exigimos el mismo respeto que tenemos por las demás opciones. A no ser que, sin ninguna sutileza, se nos intente imponer la existencia de un pensamiento único.

A diferencia de otros, yo sí creo que en el PSC sobran algunos. No es nueva esta opinión, ya se la comenté hace más de un año a una persona, pero que nadie se equivoque, ni me manipule: no sobran por sus ideas, y me da igual que sean de la minoría o de la mayoría. Sobran los profesionales del ruido sin ninguna relevancia actual que son utilizados para hacer chirriar y desorientar nuestras posiciones; los que se ahogan en su vanidad y cambiaron el nosotros por el yo; los que sobreviven no por su lucidez sino por las críticas continuas que dan munición al adversario; los que no aceptan un proyecto común y nos quieren hacer naufragar en la incomodidad de sus imposibilidades.

Una última reflexión. Los tiempos de desasosiego político se tratan con paciencia, madurando las dudas y construyendo caminos más que soluciones. Al PSC la hora del recreo hace tiempo que se le acabó; la vuelta al aula implica acción y voz común. Por eso, esta manera de hacer de algunos destila en algunos casos ausencia de reconocimiento de la legitimidad de ser. Es curioso o contradictorio que mientras se reclama el derecho a decidir, algunos, desde dentro y desde fuera, intentan negarnos el derecho a existir. Y eso tiene poco de épico y mucho de siniestro.

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