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Artificieros con una bomba de relojería

Javier López

Así deberían sentirse los diputados cuando ocupan sus escaños estos días. El Parlament de Catalunya está celebrando el 24 y 25 de julio una sesión monográfica sobre la situación de la juventud. Una iniciativa nacida en la JSC --Joventut Socialista de Catalunya, impulsada por GPS-Grup Parlamentari Socialista-- y que finalmente han apoyado la mayoría de grupos de la cámara. Este pleno es síntoma de haber llegado al límite. De estar ante una emergencia nacional. Una emergencia nacional con un millón de rostros. De sueños rotos y destinos parados fruto de una realidad demoledora. Tenemos un paro juvenil por encima del 50%. Durante la presidencia Mas, 1 de cada 3 jóvenes han perdido su trabajo (de 199.000 a 135.500 trabajando). El paro se ha convertido en una nueva forma de esclavitud.

Incertidumbre

Los que consiguen acceder al mercado laboral lo hacemos en situación de temporalidad e incertidumbre. En situación de angustiosa precariedad. Sufriendo así la principal característica del mercado laboral: su dualidad. Y eso no es todo. Hemos sido la diana preferida de las restricciones presupuestarias del gobierno catalán y español. Se han aumentado un 66% las tasas en la universidad e incluso un pago a la FP. Dificultando el acceso y expulsando a alumnos de las aulas. Se han eliminado las ayudas al alquiler o han puesto trabas a recibir prestaciones por desempleo.

No es país para jóvenes

Hay un millón de jóvenes que sienten que viven en un país que los excluye y les invita a marchar. Sienten que Catalunya no es un país para jóvenes. La emigración ha pasado de ser una opción personal a una obligación generacional. El exilio económico es un fenómeno colectivo. Para muchos, Catalunya ha dejado de ser un país de oportunidades. Y buena parte de la gente que marcha es gente altamente cualificada que lleva bajo las espaldas grandes inversiones públicas. Marcha talento. Semillas del futuro de este país. A pesar de todo es una generación que se está resistiendo con uñas y dientes a ser una generación perdida. Pero el actual estado de las cosas conlleva enormes consecuencias económicas, sociales, institucionales, electorales y políticas.

El resultado es un cóctel explosivo. ¿Es posible que esta generación haga confianza en las instituciones y se sienta partícipe de la sociedad a la que pertenece? En estas condiciones, imposible. Estamos abonando el terreno a una rotura generacional sin precedentes. Por los valores que queremos representar, y por el país que queremos ser, hay que hacer las cosas de forma diferente. Muy diferente. Para construir un futuro colectivo, debemos llegar todos juntos, sin dejar a nadie atrás. Porque un país sin presente está condenado a no tener futuro.

Tic-tac

Las instituciones públicas, y el Parlament de Catalunya en primera instancia, deberían aprobar un verdadero plan de rescate de la juventud. Un paquete de medidas que tenga como punta de lanza la lucha contra el paro juvenil y que incluya ayudas al alquiler, un ambicioso paquete de becas públicas y mecanismos de solidaridad entre generaciones.

¿Y si reinstauramos el impuesto de sucesiones y dedicamos estos recursos a la formación, emprendeduría o emancipación de los más jóvenes? Podríamos fijar de esta forma una "herencia universal". El Govern parece querer un pleno sin resultados ni políticas proporcionales al gigantesco problema que afrontamos. Un resultado decepcionante que nos haría perder una nueva oportunidad. Y cada vez quedan menos. Pero los problemas continuarán allí. Y cada vez más fuerte, nos acompañará un ruido que debemos detener: Tic-Tac-Tic-Tac.

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