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APUNTS

6.202.700: números cantan

Josep Maria Pou

Acaban de contarme un chiste: se abre el telón y aparece Mariano Rajoy, se cierra el telón, se cierra el teatro, se cierra el cine, se cierra la biblioteca, se cierra el hospital, se cierra la escuela... ¿Chiste? De los de reír por no llorar. De los de sonrisa congelada y cara de idiota. Ni siquiera eso: una lágrima más que añadir a este llanto de nuestros pecados. No, disculpen, no quería escribir eso; a veces las frases hechas se escriben solas, como por inercia. ¿Nuestros pecados? ¡Qué coño! (con perdón). Será los suyos. Yo no he pecado más de lo que venía haciendo desde mi primera comunión, ¿a qué viene condenarme a penitencia tan extrema? Lo que más me jode (con perdón) es que nos están llevando a todos a ser Jeremías y a hacer del día a día una larga jeremiada, una intensa y pesada lamentación, una queja sin fin.

Busco motivos para reírme. La risa es terapéutica, dicen. ¡Y una mierda! (con perdón). Con la que está cayendo, una risa es una puñalada trapera, una patada en el estómago (vacío, por supuesto). Y aún así, hay que reír. Para no darles el gusto de que lo hagan solo ellos. ¿Se han dado cuenta de lo mucho que se ríen a la entrada del Congreso (léase también Parlament), en los pasillos, al sentarse a la mesa del delito? Pero, ¿de que coño se ríen? (perdón; estoy muy mal hablado esta mañana, ya lo sé. ¿Será porque estoy muy cabreado? Será.) Mucho tirarse a la yugular en los escaños, mucho que tú más, mucho la herencia recibida, y luego carcajada abierta al cederse el paso en el bar. Y eso no es lo peor. Lo peor es cuando te dicen que vas a pagar más impuestos y que, en consecuencia, te vas a quedar, sí o sí, sin vacaciones, y lo hacen con una sonrisa de suficiencia que para sí hubiera querido Clark Gable en el momento de decir: «Francamente, querida, me importa un bledo». Que es lo que te están diciendo en realidad. Con esa sonrisa te están diciendo que eres un pobre ingenuo, que qué sabrás tú de macroeconomía y de indemnizaciones en diferido, que lo tuyo es callar y acoquinar, que les dejes a ellos, que saben lo que hacen.

Y claro que lo saben: 6.202.700 parados. Números cantan. Y lo que cantan es un réquiem que ya quisiera Verdi. Lo que cantan es La Traviata. Lo que cantan es lo que ya sabemos: que estamos en manos de incompetentes, ineficaces e ineptos. Y que esos males no se espantan cantando, sino contando: contando votos en las urnas de unas elecciones que ya están tardando.

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