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LA CAVERNA AZULGRANA

La carrera del siglo

Albert Martín Vidal

"Ha pasado ya más de un siglo desde que Amundsen y Scott decidieron arriesgar sus vidas y la de sus hombres con tal de alcanzar el Polo Sur"

"Capitán Robert F. Scott: me permito informarle que el Fram se dirige a la Antártida. Amundsen".
('Amundsen-Scott: duelo en la Antártida'. Javier Cacho Gómez)

La historia del Barça-Madrid de los últimos años ha adquirido un cariz mitológico, con horrores que vuelven una y otra vez, con héroes que se odian, gloriosas victorias y derrotas penosas. En el bucle bélico de los últimos tiempos, el orgullo acumulado en uno y otro lado no ha hecho sino crecer y al final uno comprende que, con tal de vencer, estos equipos serían capaces de todo.

La obcecación es tal que me ha venido a la cabeza la historia de la conquista del Polo Sur como metáfora de esta era futbolera. Ha pasado ya más de un siglo desde que Amundsen y Scott decidieron arriesgar sus vidas y la de sus hombres con tal de alcanzar ese rincón legendario sobre el hielo.

Ocurrió en 1911 y Amundsen lideraba a los noruegos, mientras que Scott capitaneaba a los británicos. Amundsen era un romántico obsesionado con las regiones árticas. En el pasado se había embarcado en barcos pesqueros solo para saber cómo navegar en mares helados e incluso dormía con las ventanas abiertas en la fría Noruega para habituar su cuerpo al castigo que le esperaba. Scott era un ambicioso oficial de la Royal Navy que atendió la llamada de la Antártida al comprender que ese podía ser un ascensor social magnífico.

El primero había aprendido a la sombra de la leyenda de Nansen, el mejor explorador polar de la época, mientras que al segundo le cambió la vida un fortuito encuentro con el que sería su mecenas, el poderoso Clements Markham, que le eligió para dirigir una primera exploración por razones que nunca quedaron claras. Mientras Amundsen imitaba al explorador americano Cook y a las tribus esquimales, el segundo organizaba una expedición de tintes militares con caballos y vehículos motorizados.

La historia de Scott estuvo marcada siempre por los enfrentamientos con sus oficiales y su obsesión por evitar que nadie le hiciera sombra. Shackleton, primero, y Wilson, después, probaron en sus carnes cómo las gastaba Scott. Acostumbrado a los choques de ego y al rigor militar, es posible que presintiera que llegar al Polo Sur acabaría siendo una carrera contra alguien. La tarde del 12 de octubre de 1910, cuando ya tenía todo preparado para lanzar su triunfal asalto al Sur, recibió un telegrama.

La carrera había empezado.

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