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Compañeros de aula y de partido excitados

Saül Gordillo

La política catalana es un patio de colegio. Las relaciones adolescentes y el cotilleo se equiparan, en el Parlament de Catalunya, a la política de tuiteo

Tenemos las aulas revolucionadas. Y los claustros. La tecnología ha metido las puertas de los lavabos --con aquellos mensajes, insultos y declaraciones de amor escritos en posición de urinario-- en las pantallas de móvil, tableta u ordenador. El cotilleo, el rumor, el exabrupto, han conquistado páginas de Facebook para el acné de extracción popular y aplicaciones genuinas para jóvenes de clases pudientes. Los alumnos van locos, y los profesores piden prudencia.

En este contexto, bien se puede afirmar que la política catalana es un patio de colegio. Las relaciones adolescentes y el cotilleo se equiparan, en el Parlament, a la política de tuiteo. Se pelean socios de federación --socialcristianos con convergentes-- y compañeros de partido --los del aparato con los díscolos--, y los viejos parámetros de la política cerrada, de pacto de despacho y llamada telefónica, han dado paso a la discusión pública en las redes. Facebook y Twitter han dinamitado cualquier intento de acallar el debate, esconder la discrepancia y lanzar consignas y argumentarios de partido.

Las peleas entre Convergència y Unió del pujolismo --recuerden aquellas listas municipales con CDC y UDC por separado-- son ahora un rifirrafe sin pudor ante 'followers' y periodistas ávidos de piezas para la web. Jordi Pujol gobernó la federación analógica, a Artur Mas se le complican los equilibrios internos en la lógica digital. El obiolismo fue familia controlable antes de internet, pero a Pere Navarro la polifonia interna se le multiplica por mil entre tuit y tuit.

Escolares y parlamentarios, hiperconnectados e hiperexcitados, tomen precauciones y no se hagan daño.

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