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Gente corriente

M. Àngels Farreny: «Según cómo respires, vivirás de una forma u otra»

Olga Merino

Hace 12 años, Maria Àngels Farreny (Barcelona, 1954) abandonó el asfalto y enfiló hacia el Alt Empordà en lo que fue un cambio geográfico y vital. Desde el proyecto Natura 3.0 Escola Europea de Respiració (www.naturarespira.eu) difunde una nueva profesión: la de entrenador de respiración, meditación y liderazgo.

—Durante muchos años trabajé como periodista científica, de nuevas tecnologías. Ganaba un buen sueldo, pero no acababa de llenarme; me faltaba la parte humana y no me sentía útil a la sociedad. Hasta que un buen día se me cruzaron los cables.

—¿Y?

—Me fui a la India, a Poona, y me formé en yoga y en otras técnicas corporales a través de las cuales aprendí a reconocer mi cuerpo y a tomar conciencia de mi respiración, algo que hacemos mecánicamente. Según cómo respires, vivirás de una manera u otra.

—¿Qué significa ser un entrenador personal de la respiración?

—Es alguien que tiene conciencia de lo que hace y cómo lo hace. La conciencia está en el cuerpo, no en la mente. No es alguien que se preocupa, sino que se ocupa. Y enseña a bajar la energía mental al cuerpo, el gran olvidado en nuestra cultura.

—¿Y cómo actúa ahí la respiración?

—Voy a hacer con usted lo mismo que en mis conferencias. Piense en algo que le preocupe… ¿Lo tiene?

—Sí.

—Ahora tápese la nariz, no respire y, cuando esté a punto de ahogarse, dígame qué es más importante... Así de simple. Cuando te das cuenta de que lo que hagas, pienses o quieras se basa en respirar —estar vivo—, se relativiza todo lo demás. Si te mueres, desaparece el problema.

—¡Todos los vivos respiramos!

—Pero no solemos hacerlo bien. Cuanto más miedo tiene una persona, más corta la respiración a la altura del plexo solar. Cuando más tranquilos estamos, la respiración baja a las costillas y a la caja torácica. El principal tipo de respiración es la diafragmática, porque estimula el riego sanguíneo. El órgano que más oxígeno consume es el cerebro.

—Lo ignoraba.

—El instituto HeartMath de EEUU ha demostrado que si el ritmo cardiaco y el respiratorio van al unísono, hay coherencia. Y esto se consigue con la respiración diafragmática, con control del abdomen. El alemán Otto Heinrich Warburg, premio Nobel de Medicina en 1931, descubrió la relación entre los bajos índices de oxígeno y el cáncer.

—También sostiene que la respiración estimula la creatividad.

—Por creatividad entiendo ser capaz de convertir la vida en algo alegre, divertido, amoroso. Si cuando sobreviene un problema estoy muy preocupada (cerrada en la mente), me costará ver el bosque de alrededor.

—Pero si surge una contrariedad…

—Mire, le explicaré qué me sucedió cuando atravesaba un momento económico muy malo: se me llevó el coche la grúa, y yo no tenía los 200 euros. ¡Tuve que respirar mucho!

—¡Ahí voy! ¿Qué hizo?

—Presenté todos los papeles que me reclamaron y, como yo estaba muy serena, conseguí que me quitaran la multa, porque la alternativa era: «Tomad, aquí tenéis las llaves del coche». Lo que pretendo con los cursos es que las personas conecten con su serenidad a través de la respiración y la reeducación postural.

—O sea, fue su actitud.

—No existen los problemas, sino las soluciones: búsquelas. Si respiras y te colocas bien, imbuyes vida al cuerpo. Si uno quiere, puede; no importa todo lo que tenga en contra; puede.

—Una mujer luchadora.

—Cuando presenté el proyecto, el responsable de aceptarlo me preguntó: «¿Y cómo sé que funciona?» Y se lo expliqué: «Mire, tengo una pensión de viuda de 226 euros, debo seis meses de alquiler y llevo el coche sin seguro porque no puedo pagarlo. ¿Cree que estaría aquí, con esta pasión, y habría conseguido avales estando hundida? ¿Quiere más pruebas de que funciona?» No me hundí, ni quise que me victimizaran.

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