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La articulación territorial

Madrid es el problema

XAVIER BRU DE SALA

Sin redimensionar a la baja a la capital, España no tiene salida y se quedará atrás cuando pase la crisis

No, el problema de España no es Catalunya, ni el sistema autonómico, ni siquiera la crisis en sí misma. El problema de España se llama Madrid. Es la desproporción y la megalomanía de la ciudad. Es la obsesión por el poder y para vivir del poder. Es el despilfarro de recursos. El proble ma de España es la insostenibilidad de Madrid, del modelo económico adoptado por Madrid e impulsado por Madrid. Es el sistema político creado por Madrid. Es el sistema mediático de Madrid.

Es la incapacidad de Madrid para reformar y reformarse. Es Madrid quien deforma a España, sobre todo en favor propio y a partir de una idea equivocada sobre los mecanismos de funcionamiento de la economía global. En Madrid creen, y no quieren dejar de creer, que la política genera la economía, cuando es evidente, y a menudo nos quejamos de eso, que el mundo funciona al revés. En el mundo avanzado, los gobiernos no crean riqueza ni hacen las empresas. En Madrid sí. En el mundo, los gobiernos impulsan y ayudan a las empresas. En Madrid las controlan. En el mundo impera la cautela. En Madrid van lanzados.

Es una ciudad atractiva y acogedora, en la que se vive bien, donde abundan (o abundaban) las oportunidades (también los oportunistas). Madrid está llena de gente con la que vale la pena pasar horas. Madrid, desde dentro, merece todos los elogios, pero es insostenible. Para mantener a Madrid se necesitarían 20 o 30 grupos multinacionales como Inditex, y solamente hay uno y se ha hecho al margen de Madrid. Para mantener a Madrid se precisa un hinterland, una capacidad de producción y exportación en su entorno, equivalente a la de las ciudades a las que pretende emular. En vez de invertir en la economía productiva, que mantiene a todas las otras grandes ciudades europeas, los estrategas de Madrid se han dedicado a convertir España en su hinterland, sin fijarse en la insuficiencia de las regiones con superávit ni en la extensión y población de las regiones subsidiadas. Madrid se ha convertido en un pulpo con todos los brazos excesivos. Barcelona, la gran Barcelona, se mantiene por sí misma. Madrid es una mantenida. Sin una profunda transformación, sin un redimensionamiento a la baja de Madrid, España no tiene salida y se quedará atrás cuando el resto de Europa salga de la crisis.

En vez de repensar la función, el papel, el tamaño y el lugar que debe ocupar, Madrid se propone desmantelar el sistema autonómico en beneficio propio y en detrimento del nivel de vida del resto de España. Retrocedamos un poco y comparemos. La apuesta de Madrid ha sido doble: desarrollar el sistema autonómico en un sentido federal y, por encima de todo, construir una gran ciudad que acumulase todos los poderes. Además del político, el económico y el mediático. Se cometieron dos errores de una enorme envergadura y de muy difícil solución mientras no se diagnostiquen bien. El primero, presumir que un país puede ser federal y centralista a la vez, que se puede apostar alegremente por el negro y el rojo. No hay ningún país federal, ni uno, que acumule otras capitalidades en la capital política.

El segundo error, confiar más en el BOE que en la industria, más en el capital que en las exportaciones, más en la fortuna y el maná del exterior que en la competitividad a escala internacional. Sobre el primer error, que se percibe, se apunta a la solución en sentido contrario al conveniente: reforzar Madrid. Sobre el segundo, ni siquiera hay conciencia de que sea necesario corregir nada.

A España, sin embargo, la entrada en Europa le ha reportado unos beneficios y un crecimiento enormes. Con el viento europeo a favor, la navegación ha sido fácil a pesar de la impericia de los pilotos. Pero no ha podido resistir el primer temporal serio, ni se podrá recuperar sin unos cambios en profundidad que se niega a efectuar. Por tanto, si, como decía Ortega, España es el problema, Europa ha pasado de ser la solución a la esperanza de paliativo del desastre. España vuelve a ser el problema y Europa no puede cambiar, ni Madrid se quiere homologar a esta Europa construida alrededor de las ciudades que capitanean la industria, la economía productiva y exportadora. Ni siquiera Suiza vive de los capitales, a pesar de gestionarlos en cantidades ingentes.

Más que separarse de España, que no es la prioridad, la voluntad y la conveniencia de los catalanes consiste en independizarse del poder de Madrid y de la mala estrategia que se empeña en no rectificar. Un camino equivocado, y contrapuesto al de Barcelona y su área. Madrid, no España, solamente puede perjudicar a Catalunya (y no solo a Catalunya) si la sigue gobernando. Catalunya, por sí misma, solo comparte en parte el doble fracaso de Madrid, pero no necesita cambiar de modelo sino profundizar en él. La alternativa a la autodeterminación, no hacer nada, dejarlo como está, es dejarse arrastrar (además de roer). No es Catalunya quien va por mal camino. Es Madrid.

Escritor.

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