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EL RETO DE LA DIADA

Massachusetts y la independencia

JOSÉ LUIS MARTÍ

Los estados nacionales y la idea misma de soberanía han empezado un proceso de desaparición

Digámoslo desde el principio: los estados nación soberanos e independientes se encuentran en vías de extinción. El mundo vive un proceso profundo y acelerado de transformación económica, social y cultural, estimulado entre otros factores por un espectacular salto tecnológico y por la globalización. Basta comparar el mundo de hoy con el de hace 25 años, e intentar imaginar después cómo será dentro de 50 más.

Es fácil predecir que nuestros países y ciudades serán más diversos y cosmopolitas, que las fronteras nacionales se desdibujarán aún más y que los problemas globales ya existentes, como el cambio climático, la especulación financiera mundial o la seguridad de la energía nuclear serán aún más grandes y más urgentes y requerirán soluciones también globales. La era de los estados soberanos está, pues, a punto de terminar. Es más, necesitamos que desaparezcan y que no obstaculicen más la creación de instituciones políticas y democráticas globales.

De hecho, este proceso ya ha comenzado. ¿Hay alguien que crea seriamente que Grecia o España son aún estados plenamente independientes en sus decisiones económicas, políticas e incluso constitucionales? ¿Lo es, en el fondo, Alemania? La progresiva pérdida de soberanía, que afecta claramente a los estados europeos pero también al resto del mundo, es un hecho sencillo y a la vez sobrecogedor, que tendrá efectos prodigiosos en nuestras vidas. Tendremos que replantear nuevos escenarios y nuevos conceptos teóricos para el derecho, la política y la propia economía. La idea misma de soberanía, el derecho internacional, la noción de mercado nacional, el concepto de estado o un modelo de democracia que sea posible a escala global son solo algunos de los ejemplos que necesitamos repensar.

En este contexto de futuro, ¿dónde queda el ideal de una Catalunya independiente? El independentismo catalán oscila entre la reivindicación de un Estado catalán propio y el reclamo más ambiguo de soberanismo y pleno autogobierno.

Pero ¿qué quiere decir ser soberano hoy en día? ¿Qué querrá decir en el mundo que vendrá? ¿Cómo podría Catalunya ser soberana si ya no lo es España? ¿Y qué espacio podría tener un Estado catalán en el contexto de desaparición de los estados?

En varias ocasiones, el president Artur Mas ha hecho referencia a un posible encaje de una Catalunya «independiente» en una hipotética Europa federal. «Catalunya -ha dicho- debe ser el Massachusetts de los Estados Unidos de Europa». Ciertamente, este es un modelo más realista que el de un Estado catalán independiente, pero que sacrifica importantes ambiciones del movimiento independentista tradicional.

Massachusetts no es independiente ni soberano, ni tiene una marcada identidad nacional, ni administra tantas competencias como Catalunya actualmente, ni tiene selecciones deportivas propias, ni llama nacionales a sus museos, ni tiene planes de protección de la cultura y literatura locales. ¿Es el modelo Massachusetts realmente estimulante para los nacionalistas catalanes?

Pero este modelo resulta miope por otro motivo. Para lograrlo se necesitan dos pasos distintos. Paso número 1: Catalunya consigue la independencia política de España, con unos costes políticos, económicos y sociales enormes, tanto los catalanes como los españoles. Paso número 2: se crean los Estados Unidos de Europa, una república federal donde Catalunya actúa en plano de igualdad con el resto de estados europeos, pero sometiendo su soberanía política y su independencia a la federación resultante. Pero estos dos pasos, además de ser altamente improbables y costosos, apuntan a un horizonte que no es deseable. No podemos engañarnos pensando que los Estados Unidos de Europa serán una solución a nuestros problemas, como de hecho los Estados Unidos de América no son, ni mucho menos, la solución a los problemas de los americanos, y mucho menos de problemas globales como los antes mencionados.

La política que debemos construir entre todos ya no puede ser solo regional. Debe ser global. Y debe ser, evidentemente, democrática. No olvidemos también que en el año 2020, por lo que faltan solo unos pocos veranos, la UE supondrá tan solo el 5% de la población mundial. E incluso su peso económico y cultural será mucho menor que el actual. ¿Qué modelo de largo plazo tiene para Catalunya el president Mas en el escenario de una democracia global?

Aquellos que trabajan para la independencia de Catalunya deberían reflexionar no solo sobre los costes económicos de la secesión, aspecto que ha centrado buena parte del debate hasta ahora, sino también sobre qué puede ser y qué quieren que sea Catalunya si algún día lograra separarse de España. ¿Tienen sentido todavía los ideales de soberanismo y Estado propio? ¿Por qué deberíamos malgastar esfuerzos y recursos en dotarnos de unas instituciones que ya están obsoletas?

Profesor de Filosofía del Derecho (UPF).

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