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Gente corriente

Ximena Chapero: «Si tengo hijos aquí, aprenderé el catalán»

CATALINA GAYÀ

-A los 26 años vino a estudiar un máster en diseño gráfico y gestión de proyectos expositivos. ¿Por qué en Barcelona?

-Mi papá es de Burgos, así que he venido muchas veces porque tengo familia aquí.

-¿Su papá emigró a Guatemala?

-Fue misionero marista hasta los 40 años. Se salió de los maristas y allá conoció a mi madre.

-Y ya no regresó a España.

-No, a vivir no. Luego, yo emigré. Me metí a través del diseño gráfico en el arte y la cultura, y Barcelona es un buen lugar para esto.

-Explíquemelo.

-El diseño está en todos lados. En Barcelona hay mucha movida cultural, y el diseño ha tenido un papel importante en la comunicación de esta. Además, en tiempos mejores se apoyaban pequeñas iniciativas y estas tenían cabida en la ciudad, junto con las ya consolidadas.

-Abundan los diseñadores.

-Es común la broma: '¿Estudias o diseñas?'. ¡Hasta hay una canción! Es difícil sobresalir o que tu trabajo aporte algo con tanto diseñador.

-¿Cómo se las arregla?

-Siempre he trabajado como una hormiguita. He conocido gente y he hecho mucho networking. Hay que tener paciencia, pero hay espacio.

-¿Incluso con la crisis?

-Ha bajado un poco el trabajo de diseño, así que estoy abierta a otros proyectos. Colaboro en el centro cultural Diógenes y me atrevo a hacer otras cosas.

-¿Por ejemplo?

-Hace poco colaboré con el Festival EME3. Me enteré de que Lagaleríamagdalena buscaba gente en Barcelona para un proyecto. Les llamé y resultó que sobraba espacio en un solar para hacer una intervención en el espacio público, así que les pedí tres días para presentar una propuesta. Junto con una amiga hicimos un huerto urbano y le pusimos Tunea tu huerto. Lo sembramos con sueños e ideas que nos dijo la gente.

-¿Y diseña en Barcelona?

-Terminando el máster me salió trabajo en una agencia de comunicación, y así me fui quedando. ¡Nunca he sabido si me voy o me quedo! Ahora trabajo desde Barcelona para museos, eventos y editoriales culturales en Guatemala, y para oenegés o centros culturales pequeños de aquí. También para instituciones españolas que están allá, aunque ahora menos por su situación.

-¿Cómo?

-La cooperación española tiene dos centros con espacio cultural en Guatemala y son claves en la promoción del arte, la cultura y también del diseño. Se han visto afectados por los recortes, pero allá la gente tira adelante aun sin ayudas.

-¿Cómo lo consiguen?

-No somos pesimistas, porque estamos acostumbrados a vivir en una crisis permanente. Entiendo el pesimismo de la gente de aquí. Si te sacan de un nivel de comodidad, no sabes cómo salir. En Guatemala no hay desempleo ni ayudas. No sé, quizá ahí la gente es más emprendedora porque nadie vela por ti, más que tú misma.

-¿Le costó instalarse?

-Me costó esta barrera que tienen al principio con la gente desconocida. Tengo amigos catalanes, pero me ha costado tiempo llegar a ellos. Cuando vienes como estudiante, tu círculo suele ser de gente de fuera. Supongo que en Latinoamérica invitar a alguien a pasar a la casa es algo más cotidiano.

-¿Y la ciudad?

--Me encanta el ambiente. Es relajado, hay vida de terraza y, sobre todo, aprovechan los espacios públicos. En Guatemala no sales a caminar porque siempre está el tema de la inseguridad. Las cifras de feminicidios en Guatemala son horribles, iguales o peores que en México, pero no se conocen.

-¿Conoce Catalunya?

-No mucho. Los vuelos baratos cuestan lo mismo que alquilar un coche, y Barcelona está muy bien conectada con Europa.

-Y se casó aquí.

-A los dos años de estar aquí conocí al que ahora es mi esposo. Él tampoco tiene un plan definitivo de quedarse o de irse.

-¿Es extranjero?

-Sí, es británico de origen indio.

-¿Tienen hijos?

-No, pero seguramente los tenga aquí. Entonces tendré que meterme a estudiar catalán. Es mi tarea pendiente.

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