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Gente corriente

Octavian Mocanu: «Una parte de mi integración se la debo al Scrabble»

MAURICIO BERNAL

No sabía Octavian -no tenía por qué- que aquella debilidad precoz que desarrolló por los crucigramas ('mi madre era aficionada'), y más tarde su paso al Scrabble, y su transformación, luego, en un auténtico aficionado, miembro del club de su ciudad, estudioso de la historia del juego, todo esto en Timisoara, Rumanía, donde nació y vivió media vida, no sabía Octavian la utilidad, el beneficio que le traería todo eso después, en Barcelona, es decir en otro mundo, el mundo al que emigró. El mundo en el que vive hace 15 años.

-Sí. El catalán lo aprendí jugando.

-¿Jugando? ¿Se puede aprender un idioma jugando Scrabble?

-Se puede, claro que sí. ¿Sabe por qué? Porque el Scrabble te obliga a querer un idioma, a hacerte amigo de las palabras. No puedes empezar a jugar Scrabble en catalán, en ninguna lengua, sin que te pique la curiosidad. De hecho, una parte de mi integración se la debo al Scrabble.

-Por los amigos que se hacen, supongo.

-Porque me permitió conocer gente con las mismas afinidades, y luego, a través de ellos, me facilitó el uso del idioma, y me llevó a ensanchar el círculo, lo que significó integrarme en la sociedad y conocer en profundidad el país. Hay algo que no se dice muy a menudo, pero es verdad, y es que la mayoría de la gente que juega este juego lo hace para socializar. De hecho, sé de unos cuantos casos de parejas que se conocieron jugando.

-¿Estamos hablando de su caso? ¿Juega para socializar?

-Yo juego... ¿Le cuento la historia?

-Por favor.

-Una vez, en una de las revistas de crucigramas de mi madre, había un problema que era en realidad un problema de Scrabble. A mí me llamó la atención por la vertiente matemática, por los números; el tema de las palabras era secundario. El caso es que le envié una carta al crucigramista con la solución, y el crucigramista me contestó. Yo, como no me lo esperaba, me quedé pasmado. El hombre me animaba: 'Sigue así porque a lo mejor llegas lejos', decía. Ese fue el germen de todo esto. Por eso estoy en este mundo de frikis.

-¿Frikis?

-Estoy pensando en un libro que leí una vez. Word Freak, se llama... Sí: Word Freak: Heartbreak, Triumph, Genius. Lo escribió un periodista, Stefan Fatsis. Es un libro intraducible.

-¿El título?

-El título y todo. Está lleno de juegos de palabras. Alguien lo intentó traducir, pero al final lo dejó estar.

-Y habla de los frikis del Scrabble.

-Sí. Para entrar en ese mundo y escribir desde dentro este hombre se dedicó a jugar Scrabble, y lo bueno es que resultó ser un gran jugador, con lo cual pudo entrar en los círculos más exclusivos, jugar con los grandes campeones de EEUU y entrevistarlos. Y descubrió que son gente que vive de eso porque son muy buenos, y porque en EEUU se puede. De hecho, en Central Park se hacen apuestas ilegales. Gente que juega partidas por 50 dólares, digamos.

-Hace un momento me dijo que el problema de Scrabble le había gustado por las matemáticas.

-Me gustan. En Rumanía estudié Informática, de hecho. Y aquí vine por un máster en microelectrónica. Al principio. Yo no venía a quedarme.

-Trabaja en eso.

-En informática, sí.

-Y cuénteme: ¿en qué se ha traducido aquí... a nivel local, quiero decir, su gusto por el Scrabble?

-Pues se ha traducido en que hace cinco años fundamos, tres amigos de Cerdanyola y yo, el Club de Scrabble de Cerdanyola, y en que hace tres pusimos en marcha la Federació Internacional de Scrabble en Català.

-¿De la que es presidente, creo?

-Sí, soy el presidente.

-Tengo entendido que tiene en marcha un programa para usar el Scrabble como herramienta pedagógica.

-Exacto. Scrabble escolar, se llama. Nos inspiramos en Francia, donde este juego tiene un gran apoyo oficial, y estamos contentos: llevamos una veintena de talleres este año.

-¿Del tipo?

-Del tipo, por ejemplo, clases de refuerzo en catalán, que hacemos con el Scrabble. Dentro de poco vamos a empezar a hacerlo en castellano.

-¿Usted juega en catalán?

-Depende. Los campeonatos nacionales, en los que participo cada vez que puedo, se juegan en castellano, claro. En realidad, puedo jugar hasta en ocho idiomas. Y no es que los conozca perfectamente: es que me salva la estrategia.

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