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Gente corriente

Montserrat Viñamata: "La buena educación es respetar al otro"

NÚRIA NAVARRO

Está claro que Montserrat Viñamata -condesa de Medrano, nieta del duque de Almenara Alta, hija de la condesa de Alba de Liste y, hasta 1998, nuera de la duquesa de Medina Sidonia- no es gente corriente. Pero ella prefiere que la veamos así, al frente de una empresa -The Georgian Manor House- que diseña trajes educativos a medida en el extranjero.

-Yo me dedicaba a la viticultura. Tenía una explotación agrícola e incluso fui vocal del consejo regulador de la DO Penedès. Cuando tuve a mis hijos, me interesé por su formación. Quería que fueran bilingües y recibieran una buena educación. Eso me llevó a dirigir una empresa dedicada a los estudios en el extranjero. Visité muchos centros, hasta trabajar con más de mil en Inglaterra y con otros tantos en Estados Unidos.

-¿Qué es la buena educación?

-Aparte de los conocimientos, la buena educación es respetar al otro. Si has leído, te has movido en diferentes culturas y respetas las ideas ajenas eres una persona educada.

-Por sus manos habrá pasado mucho hijo de rico y famoso.

-He tramitado los estudios de un joven que hoy trabaja para el Gobierno chino en el Instituto de Energía Nuclear de la Universidad de Tsinghua, otra es delegada en la universidad de Bath, he llevado a nietos de algún actor importante, a los hijos de un famoso arquitecto británico...

-¿En qué consiste su trabajo?

-Antes de nada entrevistamos al niño. Hay que estudiar los parámetros que marcan los padres, y las posibilidades académicas del niño, así como su carácter y sus talentos en deportes y en artes. En base a todo eso seleccionamos el colegio.

-Un ejemplo.

-Imaginemos que una joven con talento va orientada al mundo textil. Veremos si es mejor llevarla a la École de París, a la Domus Academy de Milán o al Saint Martins College de Londres. Para accesorios, está la Parsons en Nueva York; y en joyería, Les Ateliers Horlogers de Suiza.

-¿Así de fácil?

-No. Para empezar, hay una distancia enorme entre la percepción que los padres tienen de sus hijos y cómo son los hijos en realidad. Hay que valorar el tema de la convalidación de estudios. Y suelen pedir un informe de inglés, las notas de los tres últimos años, un escrito del director del colegio de aquí y aportar aquello que al colegio le pueda gustar.

-Esto es solo apto para potentados.

-Mire, para los ingleses lo más importante es la educación mientras que aquí se da más importancia a la ropa. La madre inglesa es capaz de no ir a la peluquería con tal de poder pagar la mejor educación. Además, los chicos amortizan lo que inviertes porque trabajan desde el segundo de carrera. Y luego hay opciones más económicas. Está Irlanda, por ejemplo, sobre todo si, en vez de en un internado, el niño vive en casa de una familia.

-¿Es partidaria del internado?

-Totalmente. Nuestros niños tienen su cuarto propio, su ordenador, su televisor. No están acostumbrados a compartir. En el internado, es lo primero que aprenden. Además, en la educación anglosajona todos los niños salen tocando dos instrumentos, hablando dos idiomas, practicando todo tipo de deportes y habiendo prestado servicios comunitarios. No pierden el tiempo en absoluto.

-¿No hay carencia emocional?

-Si la selección del colegio está bien hecha, el niño será feliz en un par de semanas. Y cada cinco semanas, los envían una para casa.

-¿Usted estudió en un internado?

-Mis dos hermanas mayores sí estuvieron internas en Francia, pero yo fui a las escolapias de Masnou y de ahí pasé al instituto público de Mataró. Luego me las ingenié para ir a Barcelona a estudiar Derecho.

-¿El título le abre puertas de escuelas y universidades de prestigio?

-No lo he utilizado jamás.

-Una curiosidad. ¿Siente la responsabilidad de una casa con historia?

-Yo me siento responsable de buscar para el cliente la mejor educación del mundo, lo más económica posible, para que esta sociedad pueda competir.

-Pues tiene una inacabable genealogía...

-Nunca he dado importancia a los apellidos de mi casa. A algunos de mis antepasados los admiro -como a los Fivaller, que lucharon por los derechos de los catalanes-, pero a otros los considero unos patanes. Encima tuve la suerte de tener como suegra a la duquesa de Medina Sidonia, con la que no se hablaba de aristocracia en absoluto. Lo que sí aprendí en casa es que educarse es casi tan importante como comer.

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