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Gente corriente

Sameer Rawal: "Soy indio, sí, ¡pero no he hecho yoga en mi vida!"

GEMMA TRAMULLAS

Vive entre Barcelona y Nueva Delhi y se está recuperando de la maratoniana traducción al hindi del libro que reúne todos los cuentos de Mercè Rodoreda, Tots el contes (Sampúrn Kahániyan en su lengua materna).

-¿Cuántas veces le han dicho si tiene un colmado?

-¡Es verdad! Parece que la gente de aquí tenga que pensar que soy de Pakistán, musulmán y que he entrado ilegalmente en el país. Pero no. Soy de la India, soy hispanista y llegué para hacer un doctorado en el 2002.

-¿Le molesta que le tomen por lo que no es?

-Me da un poco de rabia, pero es normal porque el desconocimiento es mutuo. No ha habido ningún vínculo cultural histórico de importancia entre la India y España. Claro que ahora acaba de abrir en Delhi el Banc de Sabadell; ¡ah! y las baldosas de Porcelanosa, tan chics, que están de moda y cuestan el doble que las indias.

-La India suena a castas, espiritualidad, Bollywood...

-La información que llega aquí data de los tiempos coloniales. Soy indio, sí, ¡pero no he hecho yoga en mi vida, ni me gusta! La India contemporánea es cambiante, es poder y dinero. Solo en Bombay viven más millonarios, en euros, que en España.

-Hispanistas son menos.

-No creo que seamos más de 100, aunque el número está creciendo.

-¿Y ser indio y catalanohablante? Eso es sí que es raro.

-Mi caso es único. No hay nadie más que haga traducciones directas del catalán al hindi.

-¿Es que alguien de su familia tiene raíces mediterráneas?

-No. Mi padre era un alto funcionario en Delhi y mi madre enseñaba a los niños y es ama de casa. Aparte, tenemos una pastelería que viene de cuatro o cinco generaciones.

-¿Entonces?

-Me estaba preparando el examen para estudiar Medicina cuando vi un ciclo de cultura española, con películas de Almodóvar, Bigas Luna, Julio Medem… Me gustó y decidí hacer la licenciatura de español. Luego vine a hacer un doctorado a Barcelona, me gustó el catalán y empecé a estudiarlo hasta sacarme el nivel D.

-Más que el president.

-¡No puede ser!

-Es verdad.

-La situación catalana es peculiar. No quiero dar la idea de que soy un catalanista, no me gustan los extremos. Pero Catalunya tiene el encanto de una comunidad pequeña sin tanto poder político y siento que hay que hacer algo por estas culturas.

-¿Por eso tradujo primero La plaça del Diamant y ahora Tots els contes?

-Sí, quería establecer un puente entre el hindi y el catalán. El hindi lo hablan 400 millones de personas, que son 10 veces toda la población de España, pero siempre ha sido despreciado frente al inglés.

-¿Cuánto puede vender Rodoreda en la India?

-Mil o 1.500 ejemplares.

-No está mal.

-No, sobre todo porque vender más de 5.000 libros de alta literatura en hindi ya es un éxito; lo que tiene un mercado brutal son las novelas policiacas, que cuestan 30 rupias, unos 60 céntimos. En cambio, Tots els contes costará 350 rupias, que son siete u ocho euros.

SEnDLlegó a Barcelona hace nueve años. ¿Ya se ha acostumbrado a la ciudad?

-Ya no me impresiona. Lo que sí me sigue pareciendo exótico es la cultura española. Me gusta viajar solo a la España profunda: Extremadura, Ciudad Real, Plasencia... Allí aún me encuentro con gente exótica.

-Perdone, pero en Plasencia el exótico es usted.

-Ahora que lo dice... Estaba en la estación de Madrid para coger el tren y pregunté a un vigilante: «¿El tren para Plasencia?». Me miró muy serio, señaló el tren y dijo: «Usted no es de Plasencia». ¿Estaba siendo irónico?

-Creo que sí.

-Pues yo ahora me siento más global. He escrito una novela sobre un superhéroe que, de una manera muy surreal, trata de resolver todos los males de la sociedad india. La he escrito en hindi, aquí en Barcelona.

-¿Pero su casa está aquí o allí?

-Técnicamente, en Nueva Delhi. Si todo va mal, siempre puedo volver y dedicarme a la pastelería. No, en serio. Siento que tengo que cuidar de mis padres cuando sean mayores.

-En eso sí que parece extranjero.

-¿Por qué lo dice?

-Cuidar de sus padres es lo último que se plantean los jóvenes de aquí.

-¿Ah sí? Pues me parece fatal.

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