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a pie de calle

Martillos contra el terrible tambor

Edwin Winkels

En la procesión hay 132 personas, un perro y una muñeca de uno de los muchos niños que participan por primera vez en su vida en una manifestación. Son 132 vecinos de cuatro barrios, que da una media de 33 por barrio, entre quienes se encuentran los cuatro presidentes de las cuatro asociaciones de vecinos. Los cuatro barrios son los cuatro puntos cardinales de la plaza de las Glòries, y cada uno de ellos -Clot-Camp de l'Arpa, Poblenou, Fort Pienc y Sagrada Família- tiene sus problemas y manías con esa plaza que no es una plaza sino un lugar inhóspito donde a cinco metros de altura pasan los coches sobre lo que en castellano hemos bautizado como tambor y en las pancartas de los manifestantes en catalán se llama tortell.

Un roscón indigesto desde que se inauguró en la forma actual en 1991 y que ahora, desde hace unos años ya, dispone de un plan para mejorarlo, soterrando el tráfico, sembrando césped y construyendo, además del Disseny Hub en obras, una biblioteca, una escuela y un ambulatorio. Un plan, sin embargo, que sigue sin ejecutarse, a excepción del vaciado que se ha hecho del interior, cerrando también los accesos al parque de la parte central donde pernoctan ahora los sin techo.

Toque de atención

De ahí la modesta manifestación que, según Miquel Catasús, presidente de la asociación de vecinos de Clot-Camp d'Arpa, «más que una reivindicación, es un toque de atención, para que el ayuntamiento se dé prisa, para que adjudique las obras antes del final de este mandato». Temen los vecinos que, si se cuelan las elecciones por medio, luego pueden estar otros 10 años esperando a que se arregle este lugar denostado que Ildefons Cerdà proyectó como uno de ejes centrales de Barcelona. De momento, cada uno de los cuatro barrios sigue disponiendo de un descampado en su parte de la plaza; uno es un párking para coches, otros dos están ocupados por material de construcción y en el cuarto acaban de cortar la maleza que había. Tiene mejor aspecto.

Descampados, vendedores, buscavidas, ruido, contaminación; los problemas en las Glòries son tantos como las 12 glorias cívicas y militares de Catalunya (desde el modernismo hasta la recuperación del autogobierno) que se querían homenajear con esta plaza. Lo recuerda uno de los manifestantes, Francesc Hereu, que reparte unos papeles en los que dice que es hijo de Barcelona

-pero no del alcalde- y que en las Glòries se incumplen unos cuantos artículos de la ordenanza cívica, y cita la «degradación del entorno urbano», «necesidades fisiológicas», «comercio ambulante no autorizado», «uso inapropiado del espacio público» y «otras conductas». Un poema de molestias que saca a 132 vecinos a la calle en una fresca tarde de martes. No muchos, pero bastantes para hacer ruido con unos martillos con los que simbolizan tanto el deseado derribo del tambor como las dificultades para lograrlo.

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