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CRÓNICA DE MÚSICA

Accidentado homenaje de Barenboim a Debussy

El maestro, que brilló en el concierto dedicado al compositor francés, interrumpió su actuación para pedir silencio y respeto ante la oleada de toses del público del Palau

César López Rosell

Daniel Barenboim, en Oviedo, dentro de su gira de homenaje de Debussy

Daniel Barenboim, en Oviedo, dentro de su gira de homenaje de Debussy / EFE / ALBERTO MORANTE

Concierto interruptus. Daniel Baremboin (Buenos Aires, 1942) se vio obligado a detener la interpretación de los 12 ‘Preludios’ del primer libro de esta colección de Claude Debussy poco después de haber iniciado su actuación. La oleada de toses y otros ruidos, como el de algún objeto caído al suelo o el atenuado sonido de los móviles, acabaron con la paciencia del legendario pianista y director de orquesta. El maestro, hombre de carácter, se levantó de su banqueta frente al piano para dirigirse a la sala, explicando que intentaba ofrecer lo mejor de sí mismo y de las obras que recreaba, pero que eso era imposible sin el silencio y respeto de los espectadores, a los que recordó que un pañuelo podía atenuar repentinos ataques. La respuesta, con aplausos de la mayoría, no impidió que una sensación de frustración acabara apoderándose del auditorio ante la falta de sensibilidad de una parte del público.

Ya en ‘Velas’, la segunda entrega de estas exquisitas miniaturas que sintetizan la radical modernidad de la obra del compositor francés, tuvo que reanudar el inicio de la pieza a causa del desagradable ambiente. Barenboim, un intérprete comprometido con los autores que interpreta y especialmente concernido por el innovador discurso musical de Debussy, no podía entender que la concentración que exigen unas obras de intenso colorido, riqueza de matices y gran dificultad técnica, fuera entorpecida por tan molestos elementos externos. Será por esta y otras razones por las que el artista alude siempre a la educación musical de base como elemento clave para mantener en pie el repertorio clásico.

Tras el incidente, el concierto se desarrolló con cierta normalidad. El Barenboim pianista se encuentra inmerso en una gira europea para rendir homenaje, interpretando parte de su obra para piano solo grabada en un cedé, al centenario de la muerte del autor de Saint-Germain-en-Laye. En sus años como director de la Orquesta de París se empapó de la cultura musical francesa, prestando especial atención a este compositor impresionista al que Falla calificó de "maestro de todos nosotros y creador de una nueva música". La pasión que siente por sus obras, se manifestó durante la sesión con una lectura tan meticulosa como brillante y profunda. No son los ‘Preludios’ obras fáciles para un público que no esté dispuesto a implicarse, pero si eso sucede lo que se recibe es tan maravilloso como la lectura de libros pletóricos de imágenes como los de Mallarmé o Baudelaire en los que Debussy buscó inspiración.

Timbres y armonías insuperables

El viaje por las sensaciones y estados de ánimo de estas miniaturas fue lo mejor de la velada, especialmente en las obras más pausadas Fue de tal perfección la revisión de Barenboim que las piezas, con las que dibujaba timbres y armonías insuperables, parecían escritas para él. Desde la evocación a las antiguas danzas griegas del inicio, a la pasión por el mar en ‘Velas’, pasando por la soledad y tristeza de ‘Pasos sobre la nieve’, la sugerente inspiración española de ‘La serenata interrumpida’ (completada después en las ‘Estampas’ de destilada sonoridad, con su luminosa visión de Granada) o la sutileza onírica de ‘La catedral sumergida’, se llegó al final de la  primera parte.

En la continuación, además de las mencionadas estampas, deslumbró con las ornamentación de ‘Arabesques’ y cerró con enérgico vitalismo con ‘La isla alegre’, antes de deslumbrar con su interpretación, en la propina, de la popular ‘Claro de luna’ de la ‘Suite bergamasque’ del autor homenajeado. Un accidentado concierto que terminó mejor de lo esperado dadas las circunstancias.

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