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PREVISIÓN

La cultura en el 2018: El reto de la normalidad

El mundo cultural aspira este año a poder salir del estado de excepción en el que ha vivido en los últimos meses

Rafael Tapounet

Las pinturas murales de la sala capitular de Sijena, en el MNAC.

Las pinturas murales de la sala capitular de Sijena, en el MNAC.  / MARTA MERIDA ROJAS

Como sucede en tantos otros ámbitos de la vida catalana, el mundo cultural se impone, ante la llegada de un nuevo año, el reto de salir del estado de excepción en el que ha vivido en los últimos meses y recuperar de algún modo la normalidad. Una normalidad institucional y financiera que permita al sector desbloquear proyectos hoy embarrancados y emprender nuevas rutas de prospección y conocimiento sin miedo a quedarse sin aire a medio camino. Según la última valoración llevada a cabo por la 'conselleria' de Cultura de la Generalitat, la intervención de las cuentas del departamento por parte del Gobierno central ha supuesto ya la paralización de más de una treintena de actuaciones, desde planes de restauración y operaciones de compra de fondos artísticos hasta certámenes literarios y celebraciones conmemorativas. Esta situación de absoluta anomalía se extiende también al sector privado, cuyas expectativas de expansión y crecimiento se han visto lastradas por la incertidumbre que ha generado la situación política.

Llegados a este punto, y aunque pueda parecer paradójico en un ámbito destinado por definición a subvertir las reglas y cuestionar el estado de las cosas, la normalidad se convierte en la principal aspiración de la cultura catalana para el 2018. Solo desde esa cierta normalidad podrán acometerse proyectos tan importantes como la celebración del Any Fabra, que conmemorará el 150 aniversario del nacimiento del padre de la Gramàtica Catalana, de cuya publicación se cumplirán además 100 años.

También la situación política condicionará sin duda la evolución del conflicto patrimonial que ha marcado las últimas semanas del 2017: el litigio por la obras de arte sacro del Monasterio de Sijena. Una vez trasladadas al cenobio oscense por orden judicial las piezas reclamadas que se hallaban depositadas en el Museu de Lleida (al que aún podrían volver si el Tribunal Supremo reconsiderara la decisión de la Audiencia Provincial de Huesca), queda pendiente la espinosa cuestión de las valiosas pinturas murales de la Sala Capitular del monasterio, que actualmente se exponen en el MNAC, adonde llegaron tras una compleja operación de rescate para salvarlas del deterioro provocado por un incendio durante la guerra civil. A fin de desencallar el conflicto, tal vez hará falta recurrir a la autoridad de la Unión Europea, que precisamente ha declarado el 2018 Año Europeo del Patrimonio Cultural.

Grandes nombres, grandes títulos

Patrimonio cultural de la humanidad es, a estas alturas, la obra de Bob Dylan, el primer escritor de canciones distinguido con el Premio Nobel de Literatura, que a finales de marzo tomará el escenario del Liceu para ofrecer dos conciertos que se presumen tan especiales como todo lo suyo. El año musical traerá también a Barcelona a otras estrellas con más historia que presente, como Ringo Starr,  Roger Waters, Ozzy Osbourne o Kiss; a ídolos pop como Lady Gaga, Harry Styles o Bruno Mars; a héroes del guitarreo como Pearl Jam, Metallica o Guns ‘n’ Roses y a puntales de la música de baile de masas como Gorillaz y LCD Soundsystem.

En las salas de cine, donde se espera como agua de mayo la anunciada rebaja del IVA (pendiente de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado), se mantiene la tendencia fijada en la última década: grandes producciones de autor como ‘Los archivos del Pentágono’, de Steven Spielberg; ‘La forma del agua’, de Guillermo del Toro; ‘First man’, de Damien Chazelle; ‘Loving Pablo’, de Fernando León de Aranoa; ‘Isla de perros’, de Wes Anderson, o ‘El hombre que mató a don Quijote’, de Terry Gilliam, deberán batirse el cobre con una avalancha de películas-franquicia con un número cardinal en el título (de la esperada ‘Jurassic World 2’ de J. A. Bayona a ‘Misión Imposible 6’). Esto sí es normalidad.     

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