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LA HISTORIA REAL DE LAS FOTOS ROBADAS A LOS SS

Mario Casas sobrevive en Mauthausen

El actor rueda en Terrassa la nueva película de Mar Targarona, en la que encarna al fotógrafo Francesc Boix, uno de los republicanos españoles presos en los campos nazis

Anna Abella

Mario Casas, que encarna a Francesc Boix en El fotógrafo de Mauthausen, en la reconstrucción de un barracón del campo nazi, durante el rodaje.  / ANNA MAS

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Francesc Boix, en Mauthausen, tras la liberación del campo, con la cámara al cuello.
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Los líderes nazis Himmler, Ziereis (comandante del campo) y Kaltenbrunner, en la cantera de Mauthausen, una de las pruebas salvadas por Boix y sus compañeros que sirvieron de prueba en los juicios de Núremberg.
Reproducción de la enfermería de Mauthausen, en uno de los escenarios de rodaje de El fotógrafo de Mauthausen.
La carpintería del campo reproducida en uno de los escenarios de rodaje de El fotógrafo de Mauthausen.
La carpintería del campo reproducida en uno de los escenarios de rodaje de El fotógrafo de Mauthausen.
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Momento del rodaje de El fotógrafo de Mauthausen.

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Un barracón opresivo y en penumbra. Toscas literas de madera. Al fondo, una gran cacerola con un mejunje marrón y mendrugos de pan negro. Un prisionero reparte la ración a sus compañeros, demacrados y macilentos, cabizbajos y silenciosos, todos con sucios pijamas de rayas blancas y azulgrisáceas. Hace más de 70 años eran republicanos españoles encerrados en el campo nazi de Mauthausen. Hoy son actores en una perfecta reconstrucción del escenario original, en un plató de Terrassa, pero ese silencio, respetuoso, se mantiene incluso en las pausas de rodaje. “Los actores, la figuración, todos... la entrega está siendo total porque todos creemos que la historia se tiene que conocer y debe ser contada”, afirma Mar Targarona (Barcelona, 1953), directora de ‘El fotógrafo de Mauthausen’, que ha reclutado a Mario Casas para encarnar al joven protagonista, Francesc Boix (Barcelona, 1920 - París, 1951), según el actor, “un superhéroe sin máscara, capa ni poderes”.

Francesc Boix, tras la liberación de Mauthausen /ARCHIVO

Mario Casas (A Coruña, 1986), literalmente, se está dejando la piel (ha perdido 12 kilos desde verano) para resucitar a Boix, el preso catalán que, junto a otros prisioneros españoles, robó y ocultó los negativos de las fotos que mandaban hacer los SS en el campo. Temían que ante la inminencia de la derrota, los nazis los quemaran para no dejar pruebas que los implicasen. Esas imágenes demostraron las atrocidades del régimen de Hitler en los juicios de Núremberg de 1946, donde Boix fue el único español que testificó

"Su sonrisa le hizo sobrevivir y luchar"

“Es un regalo de personaje”, admite un Mario Casas forjado tras sus papeles en ‘Grupo 7’, ‘Carne de neón’ o ‘Contratiempo’ y lejos ya de aquel joven que enamoraba a adolescentes en ‘3 metros sobre el cielo’ y ‘Tengo ganas de ti’. “Dicen que Boix siempre tenía una sonrisa, que eso le hizo sobrevivir y luchar. Todos tenemos la imagen de los reclusos agachando la cabeza ante los nazis, porque te mataban y golpeaban, pero Boix se atreve a hablarles en alemán, les increpa, pero de una manera pilla, inteligente, con una sonrisa que los engatusa, es un tipo atractivo con la mirada, con las palabras, corporalmente vivaz y los SS saben que es un tipo listo y un buen fotógrafo. Sabe cómo y a qué SS arrimarse. No piensa, porque pensar en una situación tan devastadora significa caer en un pozo. Y no tiene miedo porque sabe que no tiene nada que perder”. 

Los hornos crematorios de Mauthausen, reconstruidos en el 'set' de rodaje / ANNA ABELLA

El equipo lleva varios días rodando interiores en Terrassa, en el Parc Audiovisual y en el antiguo hospital de Torrebonica. Es en estos espacios donde destaca la minuciosidad de las fidedignas reproducciones de escenarios reales de Mauthausen, como los barracones, la enfermería (donde no falta el retrato de Hitler), los intimidantes hornos crematorios, la carpintería (con el águila nazi y el ‘Arbeit macht frei’ -el trabajo os hará libres-, el irónico lema que los alemanes reprodujeron en la mayoría de campos) o la imponente puerta de entrada, recreada en porexpán. 

Mario Casas y Mar Targarona, este jueves en el rodaje, en un barracón / ANNA MAS

Obsesionada con “hacer creíble la historia” Targarona vio todos los documentales y películas sobre campos que pudo (‘El pianista’, ‘La lista de Schindler’, ‘Los falsificadores’...) y acudió a obras canónicas como ‘Els catalans als camps nazis’, de Montserrat Roig, y tuvo la ayuda de Benito Bermejo, autor del libro sobre Boix ‘El fotógrafo de Mauthausen’

Como Casas, Targarona (directora de ‘Secuestro’, 2016 y productora de ‘El orfanato’ o ‘Los ojos de Julia’) no conocía la historia de Boix hasta que los guionistas Alfred Pérez-Fargas y Roger Danés le llevaron la idea. “No sabía que hubo españoles en los campos nazis –asegura la cineasta, que no entiende que no se haya llevado antes al cine-. Fueron 7.000 y solo sobrevivieron 2.000. Y su historia debe saberse y explicarse. Sientes la responsabilidad con las víctimas. Quedan muy pocas con vida”. 

Reproducción de la enfermería de Mauthausen, para el rodaje / ANNA MAS

“Eran republicanos que perdieron la guerra, fueron a parar exiliados a campos en Francia, algo que tampoco se ha contado en cine –continúa-. El Ejército francés los reclutó y fueron capturados por Hitler. Y el cuñadísimo de Franco, Serrano Suñer, dijo a los alemanes que se los quedaran. Y tras la liberación fueron apátridas porque no podían volver a España. Muchos, como Boix se quedaron en Francia. Él, después de ser fotoperiodista durante seis años, murió en París”. El pasado agosto, recuerda, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, le homenajeó trasladando con honores sus restos al cementerio de Père Lechaise (con ausencia del Gobierno de Madrid y presencia del Ayuntamiento de Barcelona, del Govern y del Amical Mauthausen).   

"El infierno era cruzar la puerta de Mauthausen. Una energía oscura y opaca sigue ahí. Hay que contar cómo lucharon nuestros antepasados en los campos"

Mario Casas

Actor 

Para preparar el rodaje de la cinta –cuyo estreno está previsto para octubre del 2018 y tiene un presupuesto de cuatro millones de euros- visitaron el campo de Mauthausen. “El infierno era cruzar esa puerta. Es tan frío, austero... sientes una energía tan oscura y opaca que sigue ahí... –atestigua Mario Casas-. Lo que más me impactó fue la cámara de gas. Tenías miedo de entrar y que la puerta se cerrase. Todo el equipo tuvo esa sensación y creo que sigue en todos nosotros”. El actor sintió también esa “necesidad de contar lo que hicieron nuestros antepasados en los campos, cómo lucharon”, pero “no solo cómo sufrieron sino cómo fueron capaces de organizarse en un grupo y de ayudarse para sobrevivir”.    

Ahora les esperan tres semanas de rodaje de exteriores, en pleno invierno, en Budapest (Hungría).

La reconstrucción de la puerta de Mauthausen, en Torrebonica (Terrassa) / ANNA MAS

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