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TEATRO

Un Shakespeare con mayúsculas

El montaje de Declan Donnellan de 'Nit de Reis', con actores rusos, arrasa en la inauguración del Temporada Alta

César López Rosell

Un momento del montaje de Nit de reis-

Un momento del montaje de Nit de reis . / POLINA KOROLEVA

Hay diferentes ópticas a la hora de abordar 'Nit de reis', referencial comedia de Shakespeare que apela a la confusión de géneros en una trama que se centra en el amor y la identidad y de cómo esta se disuelve en lo amoroso. La Kompanyia del Lliure la ha llevado recientemente con éxito de la mano de Pau Carrió al límite de su explosión cómica y energética pero sin la profundidad en la esencia de las convenciones del teatro isabelino que ha ofrecido la compañía rusa dirigida por el británico Declan Donnellan (Cheek by Jowl), con 13 actores masculinos en escena, en el Teatre Municipal de Girona. La magia, desplegada en un espacio escénico de gran simplicidad de Nick Ormerod, muy a lo Peter Brook, conquistó al público que, sin llegar al lleno,  acudió la noche del miércoles a la cita inaugural del Festival Temporada Alta.

A pesar de la dificultad que representa seguir la obra en ruso y con subtítulos no siempre  bien conectados con la dicción y gestos de los intérpretes, estos acaban seduciendo con la frescura de sus expresivas actuaciones. Al principio, y para los no familiarizados con el argumento de una pieza que juega con los sentimientos, la ambigüedad sexual y las falsas apariencias, cuesta situarse en la identificación de los personajes y sus situaciones. El esfuerzo de leer los textos mientras se suceden las acciones hace que se escapen matices. Por fortuna, el magnífico trabajo de Donnellan en el dibujo del perfil de los personajes crea rápidamente la atmósfera para ubicarlos en su contexto.

La fuerza de la comunicación gestual y verbal se impone, a medida que avanza la función, al esfuerzo de seguir  la traducción, entre otras razones porque la musicalidad de la palabra de Shakespeare mantiene sus constantes vitales en una puesta con aportaciones de  'bossa nova' en la banda sonora. El director logra un 'crescendo' que encuentra su mejor expresión en la resolución de la clamorosa segunda parte cuando todos los personajes y sus tragicómicas circunstancias están definitivamente asimilados por el público. La iluminación de Judith Greenwood, milimétricamente ajustada al ritmo de las acciones, y el moderno vestuario de Ormerod contribuyen al buen resultado del montaje.

Juego de identidades 

Hay que resaltar la facilidad con la que se asimila la identidad sexual de esos actores masculinos cuando son presentados como mujeres, como es el caso de Eugeny Samarin (la condesa Olivia), Ilia Ilin (María, su criada) y el  travestido Andrey Kuzichev, en su rol de Cesario tras el que se oculta Viola, superviviente de un naufragio en el que cree haber perdido a su hermano gemelo. La chica/chico, que  ha conseguido trabajo sirviendo al conde de Orsino del que acaba enamorándose pese a que este está obsesionado con Olivia, es uno de los ejes de este monumental enredo en el que las tramas secundarias tienen un gran peso en la la comicidad con fondo amargo que desprende la historia.

En el relato brillan personajes como el cruelmente ridiculizado Malvolio, mayordomo de Olivia (Dmitry Shcherbina), que protagoniza algunos de los mejores momentos de la velada especialmente cuando cae en la trampa de una falsa carta de la condesa en la que le anuncia que está enamorado de él. Los actores que encarnan al bufón Feste o sir Toby, liante tío de la condesa, sobresalen también dentro del elenco magníficamente ensamblado de este Shakespeare con mayúsculas.

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