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HOMENAJE

El legado de Joaquín Achúcarro

El Festival de Torroella cierra con un vibrante homenaje al maestro con obras de Bach a cargo de cuatro de sus más brillantes discípulos

César López Rosell

Concierto homenaje a Joaquín Achúcarro en el Festival de Torroella de Montgrí.

Concierto homenaje a Joaquín Achúcarro en el Festival de Torroella de Montgrí. / Martí Artalejo

Joaquín Achúcarro inauguró el Festival de Torroella el pasado 29 de julio y un vibrante y espectacular concierto de homenaje a su figura, tras 25 años ininterrumpidos de actuaciones en la muestra, cerró la noche del domingo la 37ª edición de la cita ampurdanesa. Cuatro de sus más destacados discípulos rindieron tributo a un emocionado pianista, que sigue asombrándose con una humildad y sencillez apabullantes de que le califiquen como maestro. Así lo volvió a manifestar sobre el escenario antes de que Alessio Bax, Lucille Chung, Marta Espinós y Daniel del Pino exhibieran  la fuerza del legado que les ha dejado el concertista y pedagogo. Fue una actuación brillante y colorista con los conciertos para uno, dos, tres y cuatro pianos de Bach, ofrecidos conjuntamente con la Orquesta Amadeus de la Radio del Polonia.

El público, puesto en pie, aclamó a los protagonistas de la fiesta después de que ofrecieran una propina con la 'Galop-marche' de Albert Lavignac, interpretada sobre un piano solo "a ocho manos, dos manitas y un bombo", según la divertida expresión de Espinós, quien no quiso perderse el homenaje a pesar de estar a punto de dar a luz. "No sabíamos si llegaría a tiempo o si nacería el niño en el escenario”, ironizó Achúcarro, quien señaló a su esposa y también pianista, Emma Jiménez, como la única que hubiera podido sustituirla. Los cuatro solistas, prodigando hilarantes gestos, dieron virtuosa y por momentos acelerada cuenta de la pieza antes de que el artista bilbaino, que cumplirá 85 años en noviembre, soplara las 25 velas del pastel de su aniversario en Torroella, festival que le seguirá invitando los años próximos.

Maestro de todos 

Tres de los concertistas de anoche, excepto Del Pino, habían recibido lecciones magistrales en los cursos que Achúcarro había impartido entre los años 1993 y 2005 en Torroella y todos ellos habían pasado por sus clases en la Universidad Metodista de Dallas, integradas dentro de la fundación que lleva el nombre del maestro y que ahora dirigen artisticamente Bax y Chung. El primero abrió la sesión y acreditó el notable currículo que le acompaña con el 'Concierto para piano y orquesta, número 5, en fa menor' de Bach, arropado por una aun titubeante orquesta de cuerda, dirigida por Anna Duczmal-Mróz, que acabó acoplándose a los solistas a medida que avanzaba la noche.

El 'crescendo'  siguió con la pieza para dos pianos BWV 1062, con la pareja, en la vida real y en el arte, ya mencionada. Ambos ejecutaron con buena compenetración esta transcripción de un concierto para dos violines del propio Bach. En la continuación, Espinós, Del Pino y Chung ofrecieron una estupenda versión del 'Concierto para tres pianos', en el que todos los solistas son tratados como una unidad musical y desarrollan el mismo material temático. La traca final llegó con la obra para cuatro pianos y orquesta BWV 1065, transcripción del 'Concierto para cuatro violines y cuerdas' de Vivaldi.  Los jóvenes pianistas, siguiendo la partitura de Bach, dieron un sensible vuelo a la pieza. Una velada gratificante para poner el broche a una edición de la muestra que se ha cerrado con un 98,6% de ocupación. 

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