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CRÓNICA

Zucchero, opulencia en Porta Ferrada

El cantante italiano ofreció un exuberante recital en Sant Feliu de Guíxols en el que presentó su último disco, 'Black cat', y recorrió sus clásicos

Jordi Bianciotto

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Brian Auger, Mario Schirilo y Zucchero en Porta Ferrada / FERRAN SENDRA

Aunque su relación con nuestro país está muy asociada a un par de ‘hits’, Zucchero se encargó, este martes en el Festival de Porta Ferrada, de dejar claro quién es abriendo el foco al conjunto de su amplia discografía, a su pasado y su presente. Concierto generoso en minutaje (casi dos horas y media), recursos humanos (12 músicos), registros sonoros y actitud en el escenario, con el que compensó los nueve años de ausencia tras su última actuación en Barcelona.

Su último disco es ‘Black cat’, lanzado el año pasado, y a él dedicó en el Espai Port un primer bloque de ocho canciones, estrenado con la que lo abre, ‘Partigiano reggiano’: ritmo invasivo y talante de blues mestizo con poderosos coros de ancestros góspel. El estilo de Zucchero no se ajusta a un género canónico, y en esas canciones hubo liturgia afroamericana, rhythm’n’blues ‘flower power’ y baladas cálidas y con un punto de oscuridad.

Música con puntos de anclaje físicos y un poso de trascendencia, que vistió con amplitud cromática: violín, un sección de metales colocada en una especie de altillo entre ramas de árboles y, atención, el órgano manejado por “una leyenda viva de la música inglesa, capaz de tocarlo todo”, como lo presentó Zucchero, nada menos que el veterano Brian Auger, maestro del Hammond.

De América a Italia

Así, escorándose a veces hacia un soul-rock corpulento, otras hacia la atmósfera introvertida y cargada, siempre rugiendo las estrofas con su garganta maleada (‘Iruben me’, de uno de sus álbumes de cabecera, ‘Oro, incensó e birra’, de 1989), nos fue metiendo en su mundo. Un territorio que donde confluyen ritmo y recogimiento, con tacto granulado y puentes entre América e Italia.

Zucchero y Andrea Witt, en Porta Ferrada /Ferran sendra

Aunque Zucchero ha grabado en castellano, se decantó por su lengua materna porque “es la versión original”, apuntó, añadiendo medio en broma: “Es muy difícil adaptar a otro idioma una letra personal y darle sentido cuando ni siquiera yo la entiendo del todo”. Y aunque  ‘Baila (sexy thing)’, su éxito del 2001, sacudió el recinto, en las baladas y medios tiempos mostró algunos de sus registros más sustanciosos: hay que destacar ‘Il volo’, ‘Blu’ y ‘Diamante’.

Zucchero también es ese tipo que ha colaborado con astros de variado pelaje, de Miles Davis a Eric Clapton, y aunque no cayó en el autobombo, sí que recuperó un momento para la historia, el vídeo de ‘Miserere’, dueto con Pavarotti, lleno de esplendor lírico. Brian Auger, tocado, como él, con un vistoso sombrero de copa, dejó su impronta en una parcela de ‘jam’ previa a la crecida final de ritmo con ‘Diavolo in me’, rumbo a un bis que, vía Creedence Clearwater Revival (‘Long as I can see the light’), culminó con el éxito que le proyectó al mundo, ‘Senza una donna’. Pero a esas alturas a todo el mundo le había quedado claro que Zucchero es mucho más que un par de ‘hits’.

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