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CRÍTICA DE CINE

'Spider-Man: Homecoming': cambio de maquillaje

El Peter Parker de 'Spider-Man: Homecoming' es un chaval encantador, pero lo que le sucede no importa demasiado

Nando Salvà

Tráiler de Spider-Man: Homecoming(2017). / periodico

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Spider-Man: Homecoming ★★★ 

Dirección: Jon Watts

Reparto: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey, Jr., Marisa Tomei

Título original: 'Spider-Man: Homecoming'

País: Estados Unidos

Duración: 133 minutos

Año: 2017

Género: Acción

Estreno: 28 de julio del 2017

Quizá la mayor virtud de 'Spider-Man: Homecoming' sea su habilidad para entender que las películas de superhéroes son esencialmente para niños -el cine de los Coen no vende la misma cantidad de juguetes-. De hecho, esta nueva versión de Spider-Man no solo es para niños sino sobre niños. En otras palabras, se parece mucho más a los cómics que ninguna de las películas previas sobre el héroe.

Encarnado por Tom HollandPeter Parker aún no ha aprendido que un gran poder conlleva una gran responsabilidad; no tiene energía para sentir angustia existencial porque la gasta toda lidiando con el ajetreo hormonal propio de la adolescencia, y compaginando sus deberes como justiciero con problemas mundanos derivados de la vida de instituto. Está ansioso por convertirse en uno de los Vengadores, pero demuestra no estar preparado para esa responsabilidad.

Mientras lo acompaña 'Homecoming' funciona, al menos durante su primera mitad, más como una comedia 'teen' que como espectáculo de acción, y en el proceso nos ofrece momentáneamente la promesa de que un cine de superhéroes distinto sí es posible. Es una pena que la búsqueda constante del gag prive a los personajes de capacidad para la empatía. Este Peter Parker es un chaval encantador, pero lo que le sucede no importa demasiado.

Peor aún, la película acaba aquejando los mismos problemas que azotan a todos los otros 'blockbusters' de Marvel. El inflado metraje incluye al menos dos prólogos y tres clímax finales; y aunque sin duda es mucho más desenfadada que las películas de Capitán América, acaba calcando el mismo esquema que los estudios imponen a todo lo que hacen. La única manera de justificar la necesidad de contar la historia de Spider-Man por tercera vez en solo 15 años habría sido ofreciendo algo realmente distinto, y no es el caso. Cuando realmente quieran romper moldes, que llamen a los Coen.

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