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CRÍTICA DE CINE

Crítica de 'Dunkerque': no hay lugar seguro en la guerra

Christopher Nolan se desnuda a sí mismo para plantear de forma admirable un relato minimalista y epidérmico sobre la supervivencia en un conflicto bélico

Quim Casas

Tráiler de Dunkerque (2017), de Christopher Nolan.

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Dunkerque ★★★★★

Dirección: Christopher Nolan

Con: Tom Hardy, Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Harry Styles, Cillian Murphy

Título original: 'Dunkirk'

País: Estados Unidos

Duración: 107 minutos

Año: 2017

Género: Bélica

Estreno: 21 de julio del 2017

Ahora parece que Christopher Nolan ya no es un director tan importante como antes y incluso se cuestionan sus tres películas sobre Batman. Se le critica por ampuloso y de repetirse mucho –signo, a veces, que convierte a otros en autores súper reputados–, y se discrepa de su forma y de su contenido trascendente. Pues con 'Dunkerque', el realizador británico se desnuda a sí mismo de toda tesis ambiciosa ('Origen', 'Interstellar') para plantear de manera precisa y admirable un relato minimalista, epidérmico y hasta cierto punto simple sobre el ejercicio de la supervivencia en un conflicto bélico.

No recuerdo ninguna otra película que haya mostrado de una forma tan rotunda que en una guerra nunca hay un lugar seguro, sea en la ciudad, la playa, un barco, avión o cualquier refugio improvisado; tampoco en el mar, donde una gran mancha de aceite con un avión derribado a punto de caer se convierte en algo tan mortífero como un torpedo lanzado desde un submarino o una ráfaga de metralla. Centenares de soldados británicos esperan en hilera ser embarcados en los buques atracados al lado de un espigón tan rectilíneo como la línea que conforman los hombres en quietud. Pero, ¿estarán a salvo cuando dejen la arena bombardeada por los alemanes para encerrarse en un barco igual de frágil e inseguro que la tierra firme?

El montaje en crescendo musical de Nolan y su elaboración de clímax precisos, dentro del clímax general que es todo el filme, alcanza aquí rango de ascesis. La música constante de Hans Zimmer incomoda y nunca sublima, porque no hay heroísmo alguno en esta película que reinventa el género bélico; solo hay voluntad de sobrevivir. El énfasis sonoro corresponde a una idea artística que podrá gustar o no, pero nunca ha dejado de ser coherente. Nolan se expresa así, y su dominio es absoluto, que no absolutista.

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