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CRÓNICA

Woody Allen, dulce nostalgia

El cineasta revivió con su clarinete la era clásica del jazz en el Festival de Cap Roig

Jordi Bianciotto

Concierto de Woody Allen y la New Orleans Jazz Band en el Festival de Cap Roig 2017

Woody Allen y la New Orleans Jazz Band, durante su concierto en el Festival de Cap Roig. / JOSÉ IRÚN

Tal como el protagonista de su película Midnight in ParisWoody Allen siente una fascinación por el pasado que le lleva a volver a él, suavemente, una y otra vez, fundiéndose con la nostalgia de un tiempo no vivido. La devoción por la era clásica del jazz, anterior a las estridencias del bebop, motiva al cineasta neoyorkino a salir de gira, entre película y película, para vivir su sueño en escenarios selectos: del Royal Albert Hall londinense, donde actuó hace unos días, a Cap Roig, que le acogió este sábado en una noche de luna llena.

Jazz de primera generación, como el que acompaña los títulos de crédito de tantas de sus películas, al que ese Allen clarinetista rindió honores arropado por seis músicos de la más alta confianza que responden por la New Orleans Jazz Band. A él le reservaron la silla preferente, de contornos dorados y acolchada en rojo. En el pentagrama, marchas, espirituales y blues remotos como el instrumental que abriò la sesión.

DOBLE INAUGURACIÓN

Risueñas sonoridades vintage en un concierto que compartió con el de Wilco, el viernes, el carácter inaugural de Cap Roig. Acudieron personalidades como la consellera Dolors Bassa, así como el director general de la Fundació Bancària La Caixa, Jaume Giró, y celebridades como el exfutbolista Carles Puyol y el actor Joan Pera.

Y la música de otra era, acariciando el recinto mientras Allen secundaba el ritmo golpeando el suelo con la pierna izquierda, e intervenía con solos de corte esquemático. Tras un par de piezas, se levantó y se acercó al micro solitario, alzado en medio del escenario.«Hemos tocado en muchos sitios en España, ocho, nueve ciudades, Barcelona y otras muchas, momentos maravillosos», recordó dirigiéndose al público en inglés. «Os pido que os acomodéis, os relajéis y los paséis bien», añadió.

La New Orleans Jazz Band adoptó pronto su velocidad de crucero, tocando con extrema naturalidad. Jerry Zigmont, el trombonista, uno de los pilares de la formación, se puso de pie para cantar la espiritual Lord, Lord, Lord, you've been good to me, y luego su voz se unió a los coros informales de todo el grupo en un clásico de su repertorio, I scream, you scream, we all scream for ice cream. Una pieza esta de 1927 que años más tarde grabó uno los músicos más apreciados por Woody Allen, el clarinetista George Lewis (y que, en los 80, Tom Waits, Roberto Benigni y John Lurie cantaron a grito pelado, en su condición de presidiarios bulliciosos, en el filme Bajo el peso de la ley).

Canciones encantadoras, que Allen parecía disfrutar para sus adentros, con su eterno aire de despiste, sin apenas mirar al público y dejando que sus colegas se lucieran un poco más que él. Ahí estuvieron el fino trompetista Simon Wettenhall, el crack del contrabajo Greg Cohen (le conocen bien los fans de Tom Waits, Elvis Costello o John Zorn) y el pianista Conal Fowkes, que asumió la voz cantante en Say sí, sí, un gracioso éxito de The Andrews Sisters cuyas estrofas mezcló con el estribillo en castellano de la pieza que lo inspiró, Para Vigo me voy, del cubano Ernesto Lecuona. Momento de comunicación con el público en un concierto que transmitió diversión y alegría de vivir bajo esas capas de nostalgia por una era inspiradora para la música popular.

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