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Siddhartha Mukherjee: "Podemos crear una clase alta y una clase baja genéticas"

Entrevista al investigador y divulgador, que obtuvo el Pulitzer por su anterior libro sobre el cáncer y explica en su último libro la historia de la genética

Ernest Alós

Siddhartha Mukherjee

Siddhartha Mukherjee / FERRAN SENDRA

Siddhartha Mukherjee (Nueva Delhi, 1970), médico e investigador en oncología estadounidense de origen indio, ganó el premio Pulitzer del 2011 por su libro 'El emperador de todos los males. Biografía del cáncer'. Ayer presentó en La Pedrera 'El gen. Una historia íntima' (Debate / La Campana). El subtítulo remarca dos aspectos del libro: recoge la historia familiar de Mukherjee y explica lo más íntimo que podemos tener, la información genética que establece qué somos.. 

En su caso recapitula los desórdenes mentales hereditarios que se han transmitido en su familia. Pero la herencia, las similitudes, la huella de los ancestros, ¿no es algo que está presente en cualquier historia familiar? Sí, de hecho los seres humanos siempre nos hemos planteado el problema de la herencia. Aristóteles y Platón escribieron sobre ello. Todas las culturas en la historia del ser humano se han hecho la pregunta de la semblanza y la diferencia. ¿Por qué nos parecemos a nuestros padres, y por qué no nos parecemos a nuestros padres? ¿Qué tenemos de similar usted y yo, y qué tenemos de diferente? ¿Qué hace que los dos seamos seres humanos y qué hace que seamos dos seres humanos distintos? La pregunta de la semblanza y la diferencia es una cuestión muy antigua.

El tronco central del libro es una historia de la disciplina, desde las primeras explicaciones precientíficas a esta pregunta hasta los últimos avances en terapia génica. ¿Además de un libro de historia de medicina, qué más es? Este libro son en realidad tres libros. Uno es la historia científica de la genética, de cómo se sucedieron los descubrimientos científicos. El segundo libro dentro del libro es la historia cultural y social de la idea de la herencia. El tercer libro es mi historia personal y familiar. La clave es entrelazarlos como una triple hélice. Y si piensas en la estructura de este libro, la primera parte es historia, la segunda es futuro.

"Oliver Sacks es un buen ejemplo. Tomó un concepto muy victoriano, el de la historia clínica, y lo convirtió en un género literario"

Ha habido libros de historia médica que han conseguido conjugar literatura y divulgación. Desde aquellos ‘El siglo de la medicina’ y ‘El siglo de los cirujanos’ de Thorwald a toda la obra del neurólogo Oliver Sacks. ¿Se reconoce en esta tradición? Hay relación entre literatura y medicina. Es una disciplina que está llena de historias. Explica nuestra historia personal, explica la historia de la condición humana. Los libros de Oliver Sacks podían leerse como reportajes de periodismo médico, como historiales médicos y como historias: comentarios sobre la estructura del cerebro humano, el lenguaje, sobre cómo identificamos semblanzas y diferencias, cómo hacemos un diagnóstico, qué piensa el médico, qué experimenta el paciente, qué es la vida humana, cómo es vivir cuando eres daltónico, o tienes esquizofrenia. Oliver Sacks es un buen ejemplo. Tomó un concepto muy victoriano, el de la historia clínica, y lo convirtió en un género literario. A mí lo que me gusta es hacer biografías de ideas médicas, como el gen o el cáncer.  

En los títulos que hemos citado pasamos de la anatomía, la cirugía y la bacteriología a la neurología, y ahora la genética. ¿Repasar este tipo de literatura nos señala cuál es la disciplina central en cada momento?  ¿Estamos ahora en ‘El siglo de la genética’? Este será el siglo del gen. Estamos aprendiendo a leer y a escribir el lenguaje de la genética. Fue profético que justo en el año 2000 resolviésemos la secuenciación del genoma humano. Fue como el primer acto de una obra de teatro que se llamase ‘El siglo del gen’, igual que, efectivamente, hubo un siglo de la cirugía. 

"Estamos aprendiendo a leer y a escribir el lenguaje de la genética. Este será el siglo del gen"

Oliver Sacks lo tenía más fácil. Explicaba grandes historias sin tener que entrar mucho en sus bases fisiológicas. En ‘El gen’, no obstante, usted tiene que hablar mucho de bioquímica, por ejemplo. ¿Cómo conseguir que el libro siga siendo accesible para el lector no especializado? He intentado que fuese tan sencillo como fuese posible sin prescindir de la información científica necesaria. Para un lector medio le diría que no es necesario que lo sepa todo, puede acceder a otros libros, pero basta con que entienda lo esencial. La primera parte del libro lo prepara para ello. Porque en la segunda parte del libro, que habla de lo que vendrá, ya debe conocer el vocabulario de algo que nos afectará a todos.

En el libro se subraya hasta qué punto la genética acabó con la visión tradicional de las razas y aclaró la unidad del género humano. Pero al mismo tiempo, en la última década la genética de las poblaciones humanas está dando sorpresas, como que los no africanos hibridamos con el neanderthal, que en otras poblaciones hay trazas de otros humanos… El concepto tradicional de raza está basada en una idea victoriana, en su antropología y el colonialismo. La genética ha empezado a reorganizar nuestra conceptualización de la raza. Lo que apunta la genética es que la diversidad genética dentro de una raza es enorme comparada con la que hay entre razas. Entre un hombre nigeriano y uno etíope, a los que se les consideraría ‘negros’, es gigantesca, mientras que entre un etíope y un yemení, al que considerarían ‘blanco’, puede ser muy pequeña. La genómica nos dice que todas estas líneas son arbitrarias. Dicho esto, también es verdad que las poblaciones humanas migraron desde África y se dispersaron, hubo variaciones, selección, diferentes hibridaciones. Las dos cosas son ciertas. La idea antropológica de raza se puede descartar, pero la idea de que en las diversas áreas geográficas hay distintas concentraciones de variaciones genéticas es totalmente consistente. La cuestión es que el ser humano es una especie muy joven. 200.000, 300.000 años no son nada, no hemos tenido tiempo de ser muy distintos entre nosotros. En el vasto espectro del genoma humano las diferencias son nimias.

"El ser humano es una especie muy joven. No hemos tenido tiempo de ser muy distintos entre nosotros"

La terapia génica, la selección embrionaria, los avances en cuanto a la longevidad, ¿pueden crear estas diferencias, entre una casta rica que tenga acceso a ellas y el resto que no? Es un peligro real al que nos estamos enfrentando. Podemos crear una clase alta y una clase baja genéticas en función de si tienes acceso a las tecnologías y puedes determinar el futuro de tus hijos. Si los más ricos se lo pueden permitir dentro de 20 años se puede abrir una brecha importante. Aún no sabemos lo suficiente. Cuando se abra del todo la caja es una posibilidad muy real.

¿Esto exigiría que se estableciesen reglas y límites, como se hizo con los primeros avances en transgénicos o clonación? Absolutamente. La comunidad científica está luchando para que se establezcan y respeten unos límites. En el libro libro los describo como un triángulo. En un vértice la intervención genética, que se debería centrar en las enfermedades que supongan un sufrimiento extraordinario. En el segundo vértice, debería haber una relación causal fuerte entre los genes sobre los que intervenir y el resultado. La enfermedad de Huntington tiene una relación fuerte con una mutación. Y el tercero sería que la decisión sea justificable, sin alternativas mejores, y libre, sin imposición. Pero todo esto se complica: ¿qué es un sufrimiento extraordinario? La enfermedad de Huntington, la fibrosis quística, por supuesto. ¿Y el enanismo? ¿Ser una mujer, en algunas sociedades?  La relación causal: con el gen BRAC1 tienes diez veces más posibilidades de tener cáncer de mama, pero una persona lo tendrá a los 35 y otra a los 80, una morirá y otra no. ¿Y quién considera qué es justificable? A medida de que entramos en este extraño mundo nuevo, todo es más gris.

"No creo que vuelva a surgir un Estado eugenésico visto lo que pasó en los años 40. Pero colocar la eugenesia en manos de los individuos puede ser peligroso"

¿Hemos aprendido de los errores y horrores de la eugenesia? Creo que sí, no creo que vuelva a surgir un Estado eugenésico visto lo que paso en los 40. Pero colocar la eugenesia en manos de los individuos en sociedades en que hay competición por tener el mejor niño puede ser peligroso.

La parte del libro que dedicó a la epigenética, esa idea de que no solo el ADN fija la herencia y hay caracteres adquiridos que se pueden transmitir, resultó polémica. ¿Es una disciplina que ha dado argumentos a charlatanes? No tenemos que sobreinterpretar la epigenética. Es un campo controvertido, polémico, que está en evolución. Los genetistas a menudo no quieren oír hablar de ello porque va en contra de todo lo que han aprendido. He intentado ser equilibrado y cauteloso. Pero sería deshonesto obviarlo, es un campo que está cambiando cómo nos imaginamos la herencia clásica. Estamos en una nueva frontera que irá evolucionando.

Como oncólogo, ¿cuáles son las líneas de investigación que considera más prometedoras? El cáncer es fundamentalmente una enfermedad genética, y todo lo que descubrimos sobre la genética tendrá una consecuencia sobre el cáncer. La terapia génica activando el sistema inmunitario. La identificación de genes que causan gente nos permiten tratarlo de otras formas. Identificar los síndromes hereditarios que predisponen al cáncer permiten hacer un cribado más precoz e identificar un cáncer antes de que se desarrolle. Cada vez que se hace un descubrimiento sobre genética tendrá una consecuencia sobre el cáncer.

Otro flanco a tratar es el del envejecimiento. ¿Hay límites? ¿Necesitamos vivir tanto? Ayer descubrí el jamón ibérico y sería muy feliz si pudiese comerlo durante 120 años. No sabemos qué límites hay. Rafael murió con 37 años con toda su obra hecha, cuando la esperanza de vida era de 45-50 años. Ahora, en las sociedades occidentales está en 75-78. Veremos cómo la vida media se irá a los 80 y mucho o 90, y el límite máximo a los 110-120. Esto cambiará la estructura de las sociedades humanas, seguro.   

Temas: Genética Libros

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