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NUEVAS MIRADAS

Cine en primera persona del femenino singular

Las directoras catalanas Elena Martín y Carla Simón estrenan 'Júlia Ist' y 'Estiu 1993', dos filmes lúcidos, inventivos y autobiográficos

Quim Casas

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Elena Martín (izquierda) y Carla Simón, en Barcelona. / DANNY CAMINAL

Los estrenos de sus primeros largometrajes coinciden en el tiempo. 'Júlia Ist', de Elena Martín, ha llegado a las salas este viernes. 'Estiu 1993', el debut de de Carla Simónpremiado en los festivales de Berlín y Málaga, se estrenará el 30 de junio. Ambas son catalanas, jóvenes (Martín nació en 1992 y Simón, en 1986), han estudiado Comunicación Audiovisual (Simón prolongó sus estudios de cine en California y Londres) y, a través del cine autobiográfico, establecen un fluido diálogo entre el acento de la ficción y el poso documental.

Elena Martín define así sus intenciones: "Quería explicar y compartir una experiencia que era muy reciente y muy reveladora para las cuatro personas que escribimos la película. Volví de Berlín y estuve un año haciendo las asignaturas que tenía pendientes, pero ya habíamos decidido hacer el filme cuando estábamos en el Erasmus". No hay atisbos de complacencia en 'Júlia Ist': "Queríamos hacer una mirada crítica hacia nosotros mismos y la experiencia que vivimos allí. No se trataba de hacer un diario personal, ya que era algo reciente y tomamos una cierta distancia. El arco emocional es verdad y los hechos son ficción".

La experiencia que Carla Simón ha volcado en 'Estiu 1993' atañe a su infancia, a un momento tan doloroso como revelador, cuando, tras la muerte de sus padres, se fue a vivir con sus tíos. "Antes de ir a Londres había escrito la historia de mi madre. Tenía un corto sobre dos niños que se enfrentan a la muerte de su abuela ('Lipstick', 2013) y me di cuenta de que quería seguir hablando de esos temas". Simón se volcó en el recuerdo: "Un profesor en la escuela de Londres me dijo que escribiera sobre lo que sabía. Estuve varias semanas en casa de mis nuevos padres, hablando, mirando fotografías, y entonces salió la idea de centrarlo en un verano y empezar a partir de la muerte de mi madre".

Los cineastas pueden tener claro sobre el papel cómo será su película, pero las cosas cambian. "La primera versión del guion la escribí en una semana -explica Simón-. Era menos narrativo, se trataba de momentos que me llevaban hacía algún lado pero sin recorrido psicológico porque ahora, como adulta, no sabía qué recorrido había hecho entonces, de niña". Conviene parar y reflexionar. "Leí mucho sobre psicología infantil, sobre el proceso de adopción, y entonces pude empezar a hacer la verdadera estructura del relato. Recuerdo la culpabilidad que tenía por no haber llorado el día en que murió mi madre. He hecho el ejercicio de intentar recordar cómo me sentía y encontrar una forma visual para mostrarlo".

RODAJES DIFÍCILES

No han sido procesos fáciles. Martín había interpretado al personaje principal de 'Les amigues de l’Àgata' (2015), una experiencia de filme colectivo dirigido por otras cuatro alumnas de Comunicación Audiovisual: "Nunca viviré un rodaje tan cómodo como aquel. Ensayamos mucho, pero después podía hacer lo que quisiera dentro de los parámetros que habíamos establecido. 'Júlia Ist' no tuvo nada que ver. Íbamos mal de tiempo, pretendíamos hacer una película narrativa sin haber escrito un buen guion, con muchas localizaciones, varios personajes secundarios, un equipo reducido y además yo actuando y dirigiendo".

Ponerse detrás y delante de la cámara tiene sus dificultades, pero genera también un estilo: "Esta forma de trabajar supongo que ha acabado creando un personaje. Yo estaba dentro de la escena muy concentrada mirando a los otros actores. Esto puede ser bueno: Júlia está muy concentrada porque no entiende el alemán y yo, como directora, estoy muy concentrada en lo que hacen los actores".

LA POTENCIA DE LA IMPERFECCIÓN

El proceso fue distinto en 'Estiu 1993'. "Tengo una tendencia absoluta al control. Llegué al rodaje con unas imágenes muy claras de mi vida en la cabeza. Pero, claro, teníamos dos niñas, una de cuatro y una de siete. Necesitaba dar espacio a las niñas para conseguir un tono natural", explica la realizadora. "Durante la elaboración me habían acompañado aquellas fotos de mi infancia. Además de ayudarnos para el color, arte y vestuario, estaban encuadradas de una manera muy especial. Había algo en su imperfección que era muy potente. Venía de hacer cosas muy estilizadas, pero sabía que con 'Estiu 1993' tenía que cambiar por completo de registro. Al final del rodaje me pregunté dónde estaban las imágenes que había imaginado previamente, pero he explicado lo que quería explicar de otro modo".

Son dos películas muy personales concebidas por sus directoras, pero también fruto de las ideas colectivas. "Había hecho teatro con los actores alemanes y con los catalanes, por lo que existía una conciencia de grupo", comenta Martín, "y Pol Rebaque, el director de fotografía, es también coguionista, así que hacíamos la planificación todos juntos".

 

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