Ir a contenido

VERDUGOS DEL HOLOCAUSTO

Una guía de sabuesos y alimañas tras la caída de Hitler

El libro de Andrew Nagorski 'Cazadores de nazis' recorre las historias de quienes dedicaron su vida a perseguir criminales de guerra

Anna Abella

Eichmann, en la jaula acristalada, durante el juicio al que fue sometido en Israel en 1961.  / ARCHIVO

Eichmann, en la jaula acristalada, durante el juicio al que fue sometido en Israel en 1961.
El cazador de nazis Simon Wiesenthal, en 1958, durante un juicio en Viena contra criminales de guerra nazis.

/

De sabuesos y de fieras, unas atrapadas y otras no, habla Andrew Nagorski en 'Cazadores de nazis', una completa investigación sobre quienes una vez acabada la segunda guerra mundial dedicaron sus vidas a perseguir y llevar ante la justicia a numerosos criminales de guerra del régimen de Hitler que huyeron tras la caída del Tercer Reich. Bajo estas líneas, una guía de los principales cazadores, como Simon Wiesenthal, y de sus objetivos, entre ellos Adolf Eichmann, el artífice de la 'solución final'. 

LOS RASTREADORES

Simon Wiesenthal (1908-2005)
El más famoso cazador de nazis sobrevivió a Mauthausen y tituló su autobiografía 'Justicia, no venganza'. Creó un centro de documentación en Viena y tuvo a Eichmann en su punto de mira. Mantuvo enfrentamientos con otros cazadores que le acusaban de exagerar sus logros y su papel en la detención del dirigente nazi. Pero nadie duda de que ayudó a llevar ante la justicia  a cientos de nazis. Entre ellos, localizó en Viena, donde seguía siendo policía tras la guerra, al oficial de las SS que había arrestado a Ana Frank y a su familia. 

Tuvia Friedman (1922-2011)
Su familia había muerto en el Holocausto y él mismo sobrevivió, fugándose de un campo de concentración. Judío polaco que se unió a partisanos polacos para "ir arrestando a un criminal de guerra tras otro", tenía en mente una prioridad, la venganza: "No dejaba de pensar en vengarme ni de fantasear con el día en el que los judíos se la devolvieran a los nazis, ojo por ojo". Entre sus capturas figuró un oficial ucraniano llamado Shronski "que había torturado a más judíos de los que podía recordar". Dice Nagorski que nunca tuvo reparos en admitir que "mostró muy poca piedad" con los prisioneros que tenía que interrogar, golpeándolos hasta que confesaban, porque "estaban recogiendo lo que habían sembrado". "Mi corazón estaba lleno de odio". Aunque, como él mismo reconoció, cuando empezó "a notar que tenía fama de inmisericorde, pensó que algo estaba haciendo mal". 

William Denson (1913-1998)
Fue el fiscal jefe del Ejército de Estados Unidos en los juicios de Dachau, que juzgaron y declararon culpables a 177 responsables (oficiales, guardias y médicos) de ese campo y de los de Mauthausen, Buchenwald y Flossenbürg (97 fueron ahorcados). En su alegato defendía que "cada uno de los acusados era una pieza más en esta máquina de exterminio". Según él, si el tribunal legitimaba sus conductas, "los acusados habrán conseguido que la civilización retroceda al menos mil años". Los juicios afectaron su salud: de 73 kilos pasó a 55, y en 1947 hasta llegó a desmayarse de agotamiento. "Decían que era yo quien parecía recién salido de los campos y no los testigos que llevaba al estrado". Entre los criminales que condenó destaca, por su crueldad, Ilse Koch, viuda del primer comandante de Buchenwald.     

Fritz Bauer (1903-1968)
Alemán de familia judía, en 1922 fue enviado a un campo de concentración por ir contra el nacionalsocialismo. Durante la guerra se exilió y, al volver a Alemania, como juez y fiscal impulsó los juicios de Auschwitz en Fráncfort en los 60 y ayudó a localizar a Eichmann: le llegó una información de que este se escondía en Argentina y, en lugar de comunicarlo a su Gobierno por temor a un soplo de antiguos nazis, informó en secreto al Mossad y alentó el secuestro en Buenos Aires. 

Jan Sehn (1909-1965) 
A Bauer le ayudó en los procesos de Auschwitz uno de los cazadores más olvidados, este juez polaco de origen alemán, que investigó y documentó las barbaridades en el campo, donde fueron exterminados casi un millón y medio de personas, e interrogó al director de la "mayor fábrica de muerte de la historia" durante cuatro años, Rudolf Höss. Le convenció de que escribiera sus memorias antes de ser ahorcado en 1947. El libro, publicado en 1951, es, según Nagorski, "uno de los testimonios más escalofriantes que se han escrito nunca de cómo funciona por dentro la mente de un asesino en serie". "Incluso cuando me dedicaba al exterminio, llevaba una vida familiar perfectamente normal”, escribió. Aunque, a pregunta de Shen, admitió que cuando su mujer se enteró de lo que hacía, perdieron "el deseo de tener relaciones sexuales". Según los expertos, Höss era normal pero sufría una apatía esquizoide, una falta de sensibilidad y "una ausencia total de empatía que no igualaría ni un psicópata puro y duro”. Sehn también llevó el caso de Amon Göth, el sádico comandante del campo de Plaszow de ‘La lista de Schindler’ de Spielberg.   

Benjamin Ferencz (1920)
Con solo 27 años fue el fiscal jefe del "mayor juicio por asesinato de la historia", como llamó AP a los procesos de Nuremberg. "Mi cerebro no podía aceptar lo que veían mis ojos. Había entrado en el infierno", diría al penetrar en campos recién liberados como Buchenwald y Mauthausen. Cuando llegó con su calculadora al millón de víctimas de los escuadrones de ejecución, los Einsatzgruppen, dejó de contar, porque era "demasiado" para él. De 3.000 de sus miembros solo logró condenar a 22 pero fue el pionero de los juicios por genocidio, término que tomó del abogado judío polaco Raphael Lemkin y que usó en sus alegatos aludiendo a la "matanza deliberada de hombres mujeres y niños inocentes e indefensos (...) dictada no por necesidades militares sino por esa perversión suprema de pensamiento que es la teoría nazi según la cual los alemanes son una raza superior".   

Serge y Beate Klarsfeld (1939 / 1935) 
La temeraria Beate, que dio una "memorable bofetada" en público, al grito de "¡nazi, nazi!" al canciller alemán y antiguo miembro del partido de Hitler Kurt Georg Kiesinger, fue la cara más famosa de este tenaz matrimonio que, denunciándolos a la prensa y a las autoridades, persiguió a los nazis que deportaron a miles de judíos desde la Francia ocupada a Auschwitz. De ellos, su gran presa fue Klaus Barbie, jefe de la Gestapo en Lyon, entre cuyas víctimas, torturadas por él mismo, figuraba el líder de la Resistencia Jean Moulin.   



LAS 'PRESAS' 

Ilse Koch (1906-1967)
La crueldad de la 'perra de Buchenwald', viuda del primer comandante del campo, encerrada por el fiscal William Denson, fue acusada por varios presos de provocarles sexualmente para luego ordenar que les dieran una paliza o les mataran. "Llevaba una falda muy corta y me miraba desde arriba con las piernas separadas, sin ropa interior", afirmó un reo, que añadió que entonces empezaba a preguntar a los presos "qué demonios estaban mirando" y a continuación les golpeaba con la fusta. Según Denson, "fue un capítulo de infamia y sadismo sin parangón". Koch se suicidó en la cárcel en 1967.   

Aribert Heim (1914-1992)
Sus experimentos médicos con presos en Mauthausen le valieron el apodo de Doctor Muerte. Se le buscó durante años tras desaparecer al acabar la guerra. Diversas pistas lo situaban en Latinoamérica o California hasta que en el 2009 'The New York Times' y la cadena alemana ZDF demostraron que se había refugiado en El Cairo, donde murió en 1992 tras convertirse al islam y cambiarse el nombre. 
 
Josef Mengele (1911-1979)
Probablemente fue el más buscado. El médico de las SS también se ganó a conciencia el sobrenombre del 'ángel de Auschwitz', por sus crueles experimentos con presos y, en especial, con gemelos, y por ser quien decidía quién iba directo a las cámaras de gas en los procesos de selección. Encarnado por Gregory Peck en 'Los niños del Brasil', versión de cine de la novela de Ira Levin, donde su cazador está inspirado por Wiesenthal, Mengele, que había estado protegido por el régimen de Stroessner en Paraguay y había mantenido el contacto con su familia, murió en 1979 ahogado en una playa de Brasil. Pero no se supo de él hasta 1985, cuando se analizó el ADN de sus restos. 

Erich Priebke (1913-2013)
Capitán de las SS, organizó la ejecución de 335 hombres y niños en las Fosas Adreatinas de Roma, en 1944, como represalia por el asesinato de 33 soldados alemanes. Tras la guerra vivió cómodamente en la ciudad balneario argentina de San Carlos de Bariloche hasta que, en 1994, un reportero de la ABC News, Sam Donaldson, le localizó y abordó en la calle, provocando su extradición a Italia y una condena a cadena perpetua. Su edad lo confinó en arresto domiciliario hasta su muerte. 

Adolf Eichmann (1906-1962)
Cerebro de la logística de la 'solución final', organizó deportaciones en masa. Wiesenthal y Friedman lo buscaron sin descanso, pero la pieza crucial para desenmascararlo fue una información lograda por el fiscal Bauer, procedente de un emigrado alemán ciego y medio judío, que había descubierto a Eichmann en Buenos Aires. En lugar de informar a su país, Alemania, por temor a un soplo de antiguos nazis, pasó la información al Mossad, cuyos agentes, en un comando liderado por Rafi Eitan, en 1960 lo secuestraron y llevaron a Israel. Allí protagonizó un juicio que congregó la atención internacional y reabrió el debate sobre la caza de nazis y la "banalidad del mal". Fue ahorcado en 1962. 

Klaus Barbie (1913-1991)
El Carnicero de Lyon y jefe de la Gestapo en la Francia ocupada fue el responsable de deportar a 50.000 personas a los campos -entre ellas 44 niños judíos refugiados en un centro del pueblecido de Izieu, que murieron en Auschwitz- y de torturar y asesinar personalmente a muchos, como al líder de la Resistencia Jean Moulin. Los Klarsfeld le siguieron el rastro: Estados Unidos le había ayudado a cambio de sus servicios como espía contra Stalin y vivía en Bolivia como próspero hombre de negocios de nombre Klaus Altmann. Tras una larga campaña pública y una batalla legal, fue extraditado a Francia, donde se le condenó a perpetua en 1987. Murió en prisión. 

Herbert Cukurs (1900-1965)
Aviador letón, se ganó el nombre de 'El verdugo de Riga' por ser responsable de la muerte de unos 30.000 judíos. Se instaló en Sao Paulo, donde dirigía un puerto deportivo. El Mossad le engañó en 1965 y, al menos que se sepa, se convirtió en el único nazi fugado que los agentes del espionaje israelí asesinaron premeditadamente.

0 Comentarios