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LA CRISIS DE LAS SALAS

La sesión del cine Comedia a la que no fue nadie

La emblemática sala del paseo de Gràcia languidece por la falta de público, que ha llevado a sus responsables a presentar un concurso de acreedores

Julián García

Entrada principal del cine Comedia de Barcelona, este viernes.

Entrada principal del cine Comedia de Barcelona, este viernes. / JULIO CARBÓ

Las cosas últimamente no estaban yendo demasiado bien, pero los dos porteros, el operador y la "taquillera-bombonera" que el jueves tenían turno en el cine Comedia de Barcelona no recordaban una noche tan desoladora: no habían vendido una sola entrada para ninguna de las cinco salas que tenían proyección programada y en la calle, pese al habitual trasiego del paseo de Gràcia con Gran Via, nadie se acercaba a las taquillas. Apuraron todo lo que pudieron hasta que, apesadumbrados, decidieron suspender la última sesión y bajar la persiana. Ni un espectador, el vacío, la nada, pese a ser jueves por la noche y al reclamo de películas con tirón como ‘Incerta glòria’, ‘La La Land’ y ‘Locas de alegría’.

 “Jamás, en los 20 años que llevo aquí, había pasado algo así. Alguna vez habíamos cerrado por falta de público uno de los dos edificios que forman el cine, pero esta es la primera vez que cerramos los dos”, recuerda con tristeza Víctor Baldoví, uno de los seis trabajadores del cine actualmente en nómina. Este diario intentó, sin éxito, ponerse en contacto con la familia Padró, responsable de la explotación del negocio desde finales de los años 30, cuando lo abrió inicialmente como teatro para transformarlo, en 1960, en sala de cine.

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Vista general de la sala principal del cine Comedia, con 839 localidades.

 “Sabemos que el Comedia puede cerrar en cualquier momento. La situación es muy mala”, explica Baldoví, portero del cine desde 1997. “El 70-80% de nuestro público es gente mayor,  y la gente mayor no sale de noche. Las sesiones nocturnas suelen ser un desierto, con proyecciones a veces de menos de 10 personas por sala”, cuenta el empleado, que tiene claras las causas del desastre: “La gente joven prefiere multisalas a las que ir con el coche y luego cenar. Centros comericales como La Maquinista, el Arenas y el Splau nos han hecho mucho daño. Todo eso, sumado al alto precio de las entradas y el IVA. No hay más”.

El emblemático Comedia parece, por tanto, condenado como otros muchos grandes cines del centro de la ciudad que, entre la progresiva pérdida de público y las dificultades de adaptación a los nuevos tiempos (gustos, hábitos de consumo, especialización), han tenido que cerrar para siempre. La lista es cruelmente larga, pero los cosas son así: Rex, Palacio del Cinema, Alexandra, Novedades, Club Coliseum, Urgel… Un páramo urbano con singularidades como los Texas, renacidos como cine de reestreno en V.O. de las cenizas del Lauren Gràcia, o el Phenomena, la única gran sala de la ciudad capaz de convertir el simple hecho de ir al cine en un pequeño gran acontecimiento, con su cortina roja, su vestíbulo, su marquesina iluminada.

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ÁLVARO MONGE

Colas en la entrada del Comedia de la Gran Via, en la Fiesta del Cine del 2014.

La sesión nocturna suspendida el jueves duele por lo que tiene de simbólico y descarnado, pero el drama del Comedia viene de lejos. Los propietarios del edificio, las familias Pla y Planàs, interpusieron en febrero pasado una demanda de desahucio contra la empresa Espectáculos SL, de la familia Padró, encargada de la explotación del cine, por el impago de casi un año de alquiler. La empresa, por su parte, ha presentado un concurso de acreedores, lo cual hace pensar en un futuro más bien oscuro para el Comedia tal como lo conocemos hasta ahora.

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El Palau Marcet.

Por fortuna, y dentro de lo malo, las familias Pla y Planàs parecen inclinadas, en principio, a dejar que el Comedia, en caso de cierre, continúe siendo un equipamiento cultural, pues así está catalogado, y no una gran tienda de moda, como ha sucedido en las otras tres privilegiadas esquinas del paseo de Gràcia con Gran Via, ocupadas por emblemáticos recintos comerciales de Zara, H&M y, a partir de otoño, el gigante japonés Uniqlo. Según informó 'La Vanguardia' el pasado 7 de febrero, los dueños del edificio iniciaron gestiones con la consultora Aguirre Newman para encontrar un operador que mantuviera la actividad cultural en este espacio, ya sea como cine o como teatro. Según pudo saber este diario, la cadena Yelmo, responsable en Barcelona de los cines Icària y con salas en Abrera, Barberà del Vallès, Castelldefels y Sant Cugat, habría mostrado su interés por poder hacerse cargo de la explotación del Comedia en el caso de que Espectáculos SL acabe tirando la toalla. En la actualidad, el Comedia está explotado por la familia Padró, pero la programación recae en manos de la cadena Cinesa.

PALACIO, TEATRO Y CINE

El estupendo edificio del Comedia forma parte de lo que un día fue el Palau Marcet, construido entre 1887 y 1890 por el arquitecto Tiberi Sabater para ser la residencia personal del empresario y político conservador Frederic Marcet. Tras la muerte del magnate, en 1935, el emprendedor Josep Maria Padró propuso reconvertir el palacio en teatro, proyecto que quedó truncado por la guerra civil, pero que se retomó justo al terminar la contienda. Finalmente, y tras un cuidado trabajo de remodelación a cargo del arquitecto Josep Rodríguez Lloveras, el Teatro de la Comedia alzaría el telón en abril de 1941 con la representación de ‘Aves y pájaros’, de Jacinto Benavente.

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'Lo que el viento se llevó' en el Comedia.

A finales de los años 50, los Padró decidieron reconvertir el teatro en cine. La rentabilidad económica, los nuevos tiempos. El cambio sentó mal al sector teatral de la ciudad, que se manifestó, sin éxito, en la plaza de Sant Jaume para presentar su queja al alcalde Porcioles. El nuevo cine Comedia abriría las puertas el 19 de diciembre de 1960 con la proyección del ‘thriller’ ‘Un grito en la niebla’, con la entonces imbatible Doris Day pasándolo mal en compañía de Rex Harrison y John Gavin. El resto, como suele decirse, ya es historia, con la inevitable reconversión del cine en multisalas en los años 90.

En junio del 2015, con el cine inmerso ya en una grave crisis, un ambicioso proyecto intentó un reflotamiento casi a la desesperada. “A la vista de los resultados de los últimos meses, deberíamos haber cerrado hace dos años”, aseguraba entonces Josep Maria Padró, director gerente de Espectáculos SL. El proyecto, apadrinado por Ramon Colom y Joan Lluís Goas, era ciertamente espectacular: se pretendía rehabilitar el edificio para convertirlo en un gran espacio polivalente de teatro, música, cine y restauración. “El espacio echará humo”, avanzó con excesivo optimismo Goas en la presentación. A día de hoy nada queda del proyecto salvo el recuerdo, dada la falta de financiación y que los dueños del edificio nunca acabaran de dar el visto bueno.

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