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CRÓNICA DE MÚSICA

Yuja Wang se pone seria

La estrella del piano deslumbra en el Palau con preludios de Chopin y variaciones de Brahms

César López Rosell

Yuja Wang, en el Palau de la Música.

Yuja Wang, en el Palau de la Música. / ANTONI BOFILL

Celérica, explosiva y técnicamente superdotada, Yuja Wang sigue exhibiendo un talento, frescura y presencia escénica imbatibles. El fiel y cada vez más joven público que la sigue allá donde va no solo no decrece sino que se multiplica. Acaba de cumplir 30 años y en cada nueva aparición sigue ofreciendo algún reto nuevo que asumir. La hemos visto y oído sola o acompañada por la Simon Bolívar y Dudamel o haciendo pareja con el violinista Leonidas Kavakos pero siempre entregada con rigor a cada nuevo proyecto. Nunca defrauda y tampoco lo hizo  el lunes en Palau 100 enfrentándose con carácter y personalidad a dos obras tan complejas como los 24 ‘Preludios, opus 28’ de Chopin y las 25 ‘Variaciones y fuga sobre un tema de Händel’ de Brahms.

Palabras mayores para quien desde hace tiempo dejó de ser niña prodigio. Wang es ya una artista con mayúsculas que reivindica un discurso sobre el teclado que va más allá de la pirotecnia. Suele decir que le faltan horas del día para, desde una actitud perfeccionista y sin dejar de lado sus señas de identidad, seguir profundizando en la lectura del legado de los grandes compositores. “Aquí estoy yo”,  parece haber dicho la intérprete poniéndose seria con el exigente repertorio que lleva en su amplia gira europea. Y todo ello sin renunciar a su imagen de diva del pop que se manifiesta con un rompedor estilismo. Elegante y sofisticada levantó un “oh” de admiración cuando, en la primera parte, apareció en escena con tacones de aguja y un largo y ajustado vestido blanco de lentejuelas que dejaba su espalda desnuda, y en la segunda con un rutilante rojo y plata Valentino y una atrevida obertura lateral.

Nada de todo esto consiguió distraer a unos seguidores que ya tienen asumida esa estética. Antes al contrario, pronto se sintieron atrapados por el magnetismo interpretativo de la artista desplegando, con asombrosa y virtuosa agilidad el programa previsto. La obra de Chopin, integrada por piezas breves inspiradas en los preludios de ‘El clave bien temperado’ de Bach y sin  una estructura formal concreta, fueron escritas con una tonalidad distinta para expresar ideas y sentimientos diferentes. Wang la abordó con toda su riqueza de matices, alternando  momentos de veloz explosividad con otros de lirismo.

DESLUMBRANTE VARIEDAD

La exigencia de todo este variado catálogo sonoro le incitó a interrumpir momentáneamente el concierto a la altura del ‘Presto, en Sol diesi menor’ para reclamar silencio. La irrupción de una inoportuna tos, afortunadamente calmada, le había hecho perder la concentración que recuperó sin problemas. La considerada Artista del Año 2017 por la revista ‘Musical América’, acabó siendo reiteradamente aclamada al final de esta interpretación. Y lo propio sucedió tras la recreación de las ‘Variaciones y fuga sobre un tema de Händel ’de Brahms.

El autor y también gran admirador de la música del Barroco decidió partir de un tema de la ‘Suite del clavicordio’ del citado Händel para edificar una obra de una deslumbrante variedad, dedicada a Clara Schumann en su aniversario, y que culmina con un ‘crescendo’  hacia la fuga admirablemente resuelto, como el conjunto de la obra, por la pianista. Pero por si el programa hubiera sido poco intenso, Wang lo amplió con espectaculares propinas, empezando por las ya célebres variaciones de la ópera ‘Carmen’, que suele introducir siempre en esas tandas, y con ‘la ‘Marcha turca’ de Mozart y otras piezas de Schubert, GluckRachmaninov y una pieza de Kapustin interpretada con una tableta sobre el piano para leer la partitura. Impactante.
 

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