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NOVELA GRÁFICA

El acoso escolar, en viñetas autobiográficas

Fanny Britt debuta en el cómic con 'Jane, el zorro & yo', un relato autobiográfico para jóvenes y adultos sobre su experiencia infantil con el 'bullying'

Anna Abella

cómic Jane, el zorro & yo, de Fanny Britt e Isabelle Arsenault.

Viñeta del cómic Jane, el zorro & yo, de Fanny Britt e Isabelle Arsenault.  / periodico

Cuando Fanny Britt, hoy escritora, dramaturga y traductora, tenía diez años supo bien lo que era el acoso escolar. “Pasé un periodo de aislamiento social y sufrí 'bullying' durante casi un año. Lo superé refugiándome en mis libros favoritos: 'Jane Eyre' y 'Ana la de Tejas Verdes', entre otros, y también gracias a que conocí e hice amistad con niñas que eran empáticas y sensibles de verdad. Una de ellas sigue siendo hoy mi mejor amiga”, explica desde Canadá la autora, que ha trasladado al cómic “la historia que arrastra desde la infancia”, con los dibujos de Isabelle Arsenault, en 'Jane, el zorro & yo' (Salamandra Graphic).     

Ambas debutan en la viñeta con este delicado trabajo, profundo pero sencillo en apariencia, ganador y finalista de numerosos premios, en el que querían contar la historia de una niña, Hélène, marginada por sus compañeras de clase, cuya autoestima está por los suelos y que, aunque tiene un peso normal para su edad, se ve como una "salchicha" cuando se prueba un bañador porque le escriben en la puerta de los lavabos que pesa 98 kilos; como Britt, también busca refugio en la literatura de Charlotte Brontë y en especial se identifica con la protagonista de 'Jane Eyre'. Inicialmente las autoras no pensaron en su lector potencial, afirma la guionista, pero cuando el libro se publicó en francés vieron “que podía dirigirse tanto a niños como a adultos”. 

VÍCTIMAS Y ABUSADORES

“Creo que el relato llega al corazón de la gente y que es atemporal -continúa la guionista-. Queríamos contar la historia desde la perspectiva del niño porque así sería mucho más vibrante y real. Eso supuso que algunas cosas se quedaran sin explicación, por ejemplo: las razones del rechazo que sufre Hélène, porque ni ella misma las entiende. No tenía especial interés en contar la historia del abusador, pero tampoco buscaba demonizarlo, al fin y al cabo los matones no dejan de ser niños”. 

Sin embargo, Britt no cree “que los niños sean crueles por naturaleza”. “Pero sí que experimentan con la crueldad y la violencia, es un rasgo del ser humano. Pero también lo son la empatía y el amor, y esas cualidades deben triunfar sobre nuestros atributos más oscuros”.

LA IMPUNIDAD DEL GRUPO

En las situaciones de acoso escolar abunda la pertenencia al grupo. En el colegio de Hélène está el de “las marginadas”, el de “las niñas monas”, el de “los pardillos”, el de “los idiotas”... Y hay siempre grupos que se sienten superiores al resto. “Sin duda, la dinámica de grupo lo complica todo, y no sé si hace que los niños se sientan impunes, pero diría que sí provoca que no se pronuncien en contra de ciertos comportamientos por temor a perder su sitio en el grupo... Eso también es muy normal en el ser humano, pero insisto: si los niños están expuestos a la posibilidad de mostrarse solidarios y con valores firmes, sé que esos rasgos al final triunfan”.

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