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EN EL CONSERVATORI DEL LICEU

Con Tete Montoliu en la memoria

Los pianistas Ignasi Terraza y Bert van der Brink se presentan a dúo en el festival de jazz con el disco 'Tête-à-tête'

ROGER ROCA / BARCELONA

Bert van der Brink e Ignasi Terraza, en una imagen promocional.

Bert van der Brink e Ignasi Terraza, en una imagen promocional. / DAVID CID

“Yo creo que puedes distinguirnos por el sonido, pero aun así a veces despista. No sabes quién está haciendo qué. No jugamos el uno contra el otro sino que hacemos música juntos”. Ignasi Terraza habla de 'Tête-à-tête', su primer disco a dúo con otro pianista, el holandés Bert van den Brink. Un piano suena más brillante, el otro más mate, pero los papeles se intercambian constantemente, las manos de uno acaban las ideas del otro y el conjunto suena como un todo. Lo grabaron una noche en una tienda de pianos de Utrecht prácticamente en una única toma. “Era importante captar la espontaneidad y creo que es la grabación más corta que he hecho nunca”. Incluye algunas piezas con swing, pero en general es un disco reposado. “Salió así. Bert tiene un bagaje de clásico muy amplio y su variedad de colores tímbricos luce más en este tipo de repertorio, pero en directo hacemos de todo”, asegura Terraza. Lo presentan el sábado en el Conservatori del Liceu dentro del Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona.

Con 'Tête-à-tête', Terraza pone por primera vez sobre la mesa de forma abierta su relación con el pianista Tete Montoliu. “Yo me aficioné al jazz porque me hablaron de él, de un gran pianista que también era ciego. A Tete le conocí y le escuché mucho, aunque para mí fue ante todo un referente personal”, explica Terraza, que perdió la visión cuando era niño. El  disco con Van der Brink, que también es ciego, incluye algunas composiciones de Montoliu, entre ellas 'Apartment 512', que Terraza no quiso tocar hasta el 2007. Entonces se cumplían diez años de la muerte del pianista más influyente de la historia del jazz local. “Antes evité el tema de los homenajes a Tete. Hacerle un homenaje no consiste en presentarte como su sucesor sino en reconocer la grandeza de lo que ha aportado”. El título del álbum es también una referencia a un recuerdo de infancia. “Debajo de mi casa había un local de citas que se llamaba Tête-a-tête. Yo era muy pequeño pero se me quedó el nombre”.

La memoria y la imaginación son dos de conceptos recurrentes en la obra de Terraza, un pianista con formación clásica pero seducido desde hace décadas por el jazz americano que se ha hecho un nombre en el circuito internacional. Hace años ensayó un formato de concierto a oscuras, y su disco anterior era un juego alrededor de los cuadros de Miró. “Son juegos relacionando la idea de la imagen interna, de la no visión. Propongo al público acercarse a mi manera de sentir la música”. Una música clara, inteligible, con un swing impecable y un punto impresionista con la que ha conseguido llegar también a un público no necesariamente erudito en materia de jazz. “La técnica está al servicio de la expresión, sirve para hacer algo bonito. Y eso es lo que busco, que la gente se vaya con una sonrisa puesta”. 

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