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RETRATO DE UN HUMANISTA

Ramón Andrés, ese sabio pausado

El autor publica 'Poesía reunida y aforismos' y el libro de ensayos 'Pensar y no caer'

ELENA HEVIA / BARCELONA

RAMÓN ANDRÉS

El escritor Ramón Andrés, en una imagen reciente.  / JORDI COTRINA

Este hombre renacentista es a la vez un pensador, un musicólogo, un poeta y un ensayista , pero ante todo, un hombre tranquilo, con una conversación pausada, como un remanso en la corriente de este mundo acelerado. “El saber y el conocimiento son lentos”, explica Ramón Andrés (Pamplona, 1955) en el mismo tono en que lo diría un monje benedictino en pleno medievo dedicado tan solo a preservarlos. Y sin embargo, algo no casa, porque Andrés paradójicamente es un importante productor de ensayos (tanto en excelencia como en número). Un tipo incansable. Más de 1.200 páginas tenía su ‘Diccionario de música, mitología, magia y religión’, un libro dentro de una bibliografía ampliada cada uno o dos años con otros trabajos cargados de erudición y a la vez dotados de habilidad narrativa como para encandilar a los buenos lectores. En ese desenfreno productivo, no es raro que en las librerías hayan coincidido dos libros del autor que vive en Barcelona desde hace 30 años. Son 'Poesía reunida y aforismos' (Lumen) y 'Pensar y no caer' (en Acantilado, su sello habitual), que realiza varias catas culturales en la contemporaneidad a través de diez ensayos breves.

Primero fue la música. Aunque con 11 años se recuerda autoeditando sus poesías por el rupestre método de grapar unos folios. El padre era violinista aficionado y durante una década, con una tesitura entre el barítono y el tenor, el joven Ramón fue cantante profesional del repertorio medieval y renacentista. “Lo dejé porque me obligaba a viajar demasiado y es algo que me desordena mucho”, asegura.

LA PURGA

'Poesía reunida' recoge sus últimos trabajos inéditos y selecciona lo ya publicado. “Más que selección es una purga, porque me he dado cuenta de que escribía enamorado del lenguaje y que este lo dominaba todo. Ahora mi escritura no es tosca pero me sí me gustaría que pareciera madera sin pulir, eso me ayuda a encontrarme más cerca de la realidad”. Llegar hasta aquí no le ha sido fácil, pasó una crisis íntima que le convirtió en un bartleby poético. Catorce años sin poder añadir nada a una faceta que hoy siente con más fuerza que nunca. Y el resultado ha sido aparcar lo confesional. “Ya no tengo esa referencia al ego roussoniana, para mí la naturaleza no es una mentalización sino algo en lo que uno puede disolverse”. Rilke, John Donne, Anna Ajmátova y los metafísicos españoles son sus padres tutelares, que pese a todo no le han hecho llegar a una poesía oscura. “La poesía debe ser clara y entendible”, sostiene.

Junto a los poemas están los aforismos, “un género que exige una gran precisión y que en ocasiones ha caído en la ocurrencia o en la caricatura de lo que tiene que ser un pensamiento”. Andrés desvela su mecánica: “Surge de una idea que vas anotando y puliendo para que se quede en la esencia. Cuando más desnudo, mejor. Entre esos hallazgos que te invitan a pensar hay joyas como esta: “Las patrias son los sótanos del mundo”. Lo que le lleva a sentenciar que este es un país de pintura negra, que no hay nada más ajustado a lo que somos que 'La lucha a garrotazos' de Goya. “En el fondo este país está sustentado por gente solitaria, profesional y a veces genial, pero es una minoría”. Y aventura “con una tristeza tremenda” que el humanismo está agonizando, aunque vislumbre en un presente de ciudadanos convertidos en clientes y consumidores, un horizonte de esperanza: “El saber volverá a círculos muy minoritarios”, como lo fue en la Edad Media.

RESISTENCIA

Esta idea entronca con los ensayos ‘Pensar y no caer’, un libro contemporáneo y novedoso en su bibliografía que invita a pensar y a no ceder ante la presión ejercida por los poderes económicos y políticos. “es una denuncia del control y la domesticación ejercida sobre la población. La exclusión social, el desperdicio de la comida, el deterioro de una Europa que ha sido concebida como una entidad económica, la animalización humana, el nihilismo prefabricado para consumo privado y desarrollo del más feroz individualismo”. En sus ensayos se percibe que Andrés, pese a parecer un monje medieval, pero es alguien que apuesta por el futuro: “Mi libro es una llamada para que los jóvenes no se encuentren con aquello que decía Nietzsche: que de Europa solo quedarían unos 30 libros viejos”. 

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