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La musa de Casas se adueña de Món Sant Benet

El monasterio medieval, residencia de verano del pintor, realiza visitas dramatizadas de la mano de Júlia Peraira, su amante y esposa, además de la mujer que más retrató y a la que la sociedad más menospreció

Natàlia Farré

El interior del monasterio, durante uno de los momentos de la visita nocturna a Món Sant Benet.

El interior del monasterio, durante uno de los momentos de la visita nocturna a Món Sant Benet. / MARC VILA

La modelo no pisó el lugar  ni posó en el cenobio hasta la muerte de Elisa Carbó, la madre del modernista

Poco se sabe de la vida de Júlia Peraire (1888-1941) y sí mucho de su imagen. No en vano, fue la mujer que más veces retrató Ramon Casas (1866-1932) pero también fue, en vida del modernista, una nota a pie de página para sus seguidores y estudiosos. ¿El motivo? Pese a que Casas se casó con ella, no fue hasta muchos años después de vivir como amantes. Pero escándalo de convivencia sin papeles al margen, la gran diferencia de edad entre la pareja y, sobre todo, los orígenes humildes de ella tampoco ayudaron a su aceptación. Eran todas situaciones poco compatibles con los postulados de la burguesía de entonces, de la que Casas formaba parte con todas las de la ley: con palco en el Liceu y principal en el paseo de Gràcia. Se podía ser bohemio pero no tener como querida a una vendedora ambulante. Detalles que mucho tuvieron que ver con el menosprecio y el olvido de una de las figuras que más influyeron, sino la que más, en el artista.

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AUTOR FAMILIA CODINA

La familia Casas en el monasterio de Sant Benet a finales de los años 20; en medio de la imgen el pintor, flanqueado por su hermana Elisa (a la izquierda) y por Júlia.   

"Sin Júlia, Casas no habría sido el mismo Casas", afirma Montse Duocastella, coordinadora de Serveis Culturals de Món Sant Benet. De ahí, el homenaje que el centro del Bages  brinda a la musa, amante y esposa del pintor dentro del Any Casas, la efeméride que celebra el 150º aniversario del nacimiento del modernista. Algo que no deja de tener su gracia, ya que Júlia Peraire no pisó el lugar hasta la muerte de la madre del pintor, Elisa Carbó, pues sabido es que la progenitora del artista le profesaba una gran antipatía. Tampoco la querían los amigos de Casas, aunque posiblemente más por estar celosos que escandalizados: "Casas andaba por aquí con la Júlia. No los he visto, en primer lugar porque no ando por los bulevares, y en segundo lugar porque el encuentro con tal compañera tampoco me sería interesante", escribía desde París Joaquim Folch i Torres a Miquel Utrillo en 1913.

UN ESPACIO CON MUCHAS VIDAS

La diferencia de edad y la baja extracción social de ella vetaron la relación a ojos de la familia y de la burguesía 

Ahora, Júlia reina en Món Sant Benet. Lo hace con 'La mirada de Júlia', las visitas nocturnas organizadas por el centro, hasta el 9 de septiembre, para explorar la influencia que la musa ejerció sobre el artista y sus estancias veraniegas en el lugar. Porque el monasterio benedictino ha vivido muchas vidas desde su fundación, en el siglo X, y una de ellas es la que tiene a la familia Casas como protagonista. La madre del pintor era accionista de la fábrica textil levantada al lado del cenobio, de manera que los veranos del modernista transcurrieron primero en la Torre de l’Amo, la casa señorial del complejo, y  luego en el propio monasterio cuando la matriarca lo compró, en 1907, tras los 72 años de abandono que siguieron a la desamortización de Mendizábal. Y así fue hasta la muerte de Casas.

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MARC VILA

La visita nocturna tiene una parada en el claustro, construido en los siglos XII y XIII pero convertido en un jardín romántico por Casas.

Empezar la visita es ver un dibujo de las vistas del lugar realizado por el pintor cuando contaba solo con 15 años; y continuarla es saber cómo artista y musa se conocieron, cómo vivieron, cómo pintó uno y posó la otra, y cómo fue la incomprensión social que sufrieron. Lo cuentan ellos mismos (Pere Arquillué presta su voz a Casas) a partir de audiovisuales dramatizados basados en la realidad que se proyectan en diversos puntos del recorrido: una nave de la fábrica, la torre, el monasterio y el claustro, un acogedor espacio románico que tiene la peculiaridad de cobijar un salvaje jardín romántico. Y entre confesión y confesión, la proyección de todas las Júlies que el modernista retrató: vestida de flamenca, de chula, de señora, de monja... y ya al final tal cual era, sin disfraces. "Júlia es un recurso para acercar la figura del pintor", el verdadero protagonista de la efeméride, sostiene Duocastella.

RETABLO BARROCO

'La mirada de Júlia' no es la primera de las actividades del Any Casas centrada en la musa del pintor, el Cercle del Liceu le dedicó una gran exposición, 'Júlia el desig', de mayo a julio que recogía los principales retratos que el modernista le realizó, 'La sargantain', considerado el mejor, incluido; ni es la única manera de acercarse a Món Sant Benet y Ramon Casas. El monasterio ofrece todo el año la posibilidad de adentrarse en el modernismo que llevó consigo el pintor recorriendo las estancias que la familia reconstruyó, con la ayuda de Puig i Cadafalch, y que se mantienen con los mismos muebles y colecciones (hierro forjado, cerámica, vidrio, abanicos) que antaño. Y un detalle en el que fijarse: el retablo barroco no está en la iglesia sino repartido por todo el recinto en forma de cabezales de cama, marcos de espejos y tiradores de consolas.  Cosas del modernismo.

Temas: Ramon Casas Arte

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