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10 mentiras del cine 'gore', 'CSI' y otras series sangrientas

DAVID GARCÍA MATEU / BARCELONA

No hay Lauras Palmer en realidad: el rictus de la muerte nunca deja muertos bellos.

No hay Lauras Palmer en realidad: el rictus de la muerte nunca deja muertos bellos. / periodico

Después de tres años impartiendo la asignatura de Biotecnología Criminal y Forense en la Universidad Politécnica de Valencia, J. M. Mulet ha publicado su cuarto libro de ciencia divulgativa, ‘La ciencia en la sombra’ (Destino / Pòrtic). Como recuerda Mulet, la ciencia forense apenas nació hace unas décadas, y gracias a ella se están resolviendo casos que años atrás no se pudieron cerrar con certeza y podemos descubrir hasta qué punto son falsos algunos mitos y clichés que ha explotado a fondo la ficción en el cine, la televisión y la novela negra. A continuación, el profesor desmonta 10 de ellos.

MITO 1. LAS 'NOVIAS CADÁVERES' NO SON GUAPAS

Mulet explica que corre un chiste en el que se dice que “nadie empieza una carrera en Hollywood si no ha hecho de fiambre en ‘CSI’”. Pero resulta que este primer papel en el cine seguramente no será el más verosímil de todos los que represente el actor o actriz en su carrera. Si bien estamos acostumbrados a ver a los muertos en posturas que nos resultan más o menos cómodas, con la cara rosada y dormidos serenamente, la realidad viene a ser muy distinta. Mulet describe perfectamente lo que es un cadáver: “Algo absolutamente horrible y sin glamur”. “Para empezar, hemos de tener en cuenta que se encuentran con la piel absolutamente pálida, ya que la sangre se ha precipitado al no haber bombeo”. “Segundo: cuando empieza el ‘rigor mortis’ los músculos se empiezan a contraer y provoca posturas inverosímiles, antiestéticas y antinaturales”. “Incluso los esfínteres se empiezan a abrir, por lo que todo lo que tienes en el intestino y la uretra sale al exterior”.

Escena de 'CSI': en las series y el cine demasiadas veces se certifica la muerte al tuntún.

MITO 2. NO LE TOMES EL PULSO, MIRA LA PUPILA

Cuando uno cree que alguien puede haber fallecido, seguramente lo que hará será tomarle el pulso. Es la clásica escena que sale en las películas, donde después el guion acuña la típica coletilla de “está muerto”. Error de guion. Mulet asegura que con esta técnica no siempre se puede confirmar que el sujeto haya fallecido: “En casos donde haga mucho frío o en que la persona se haya ahogado en aguas frías, la baja temperatura puede ayudar a mantener las constantes vitales, aunque no haya pulso durante 10 o 15 minutos”. Por ello, el profesor recomienda siempre abrir los ojos y enfocar con una linterna: “Si la pupila está dilatada y no responde, entonces sí que puedes confirmar la muerte”.

MITO 3. CUANDO LOS SUICIDIOS REALES SUPERAN LA CIENCIA FICCIÓN

Parece que a la hora de suicidarse, la masa es bastante más original de lo que nos podemos imaginar. “La gente hace cosas rarísimas y extrañísimas; hay muchos casos que si no fuese por la nota de suicidio nunca sabrías qué puñetas ha pasado”, comenta Mulet. Aunque en el libro el autor no ha querido entrar en detalles por lo “escabrosos” que pueden resultar, confirma que los suicidios van mucho más allá de colgarse con una cuerda, tirarse a las vías del tren o tomarse un frasco de pastillas. Incluso comenta que hay casos que la ciencia nunca ha podido resolver, ya que no se supo si se trataba de un suicidio, un asesinato o un accidente.

MITO 4. LA MUERTE DULCE ES DE COLOR BUTANO

Aunque Mulet no lo haya comprobado, con la ciencia en la mano asegura que el envenenamiento por monóxido de carbono es “la muerte más dulce, porque no te enteras que te estás muriendo”. Lo que hace el monóxido de carbono es inutilizar los glóbulos rojos, ya que en lugar de intercambiar el CO2 por oxígeno, el monóxido de carbono invade las células hasta el punto que estas dejan de funcionar. Es entonces cuando el sujeto cae muerto sin sensación de asfixia y sin padecer. Esta es una de las lacras más comunes de las estufas de combustión que no funcionan bien y que cada invierno provocan la muerte de decenas de personas. Si bien la imagen puede resultar más o menos común en el imaginario colectivo, Mulet critica que nunca se represente a este estilo de muerte como físicamente sucede: “Los cadáveres adquieren un color rojo que nunca tienen en cuenta los maquilladores de las producciones cinematográficas; de hecho, este color es la pista que ayuda al forense a dictaminar enseguida la intoxicación por monóxido de carbono”.

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El efecto sifón de la sangre en las películas de Tarantino es real: pero no el rojo vivo que mantiene cuando ya debería ser negra.

MITO 5. LA SANGRE NO ES ROJO PASIÓN, AUNQUE SÍ SALPICA

El género 'gore' tiene tantos seguidores como detractores en el séptimo arte. Pero en la mayoría de casos la sangre (o kétchup) que se utiliza no tiene ni la más mínima similitud con la sangre real. “En cuestión de minutos una mancha de sangre adquiere un color negro e incluso verdoso al oxidarse la hemoglobina”, comenta Mulet. Por lo tanto, ese color rojo brillante en el cine no es más que ficción y estética. “La sangre de color negro debe quedar muy mal en el plano”, ironiza el autor. “Cualquiera puede ir a la carnicería a comprar sangre y ver que su color es muy oscuro; las butifarras negras son así porque se hacen con sangre y el chorizo es rojo por el pimiento rojo”. Si en general se ha considerado 'Kill Bill' como un sarcasmo macabro de Quentin Tarantino, Mulet asegura que el film no está tan lejos de la realidad: “si cortas una arteria cuando el cuerpo aún bombea, la sangre se proyecta a chorros y borbotones”. “De hecho, cuando se abre la escena de un crimen, hay un patrón muy típico si hay sangre: el sifón; la sangre sale como si fuese una fuente” explica.  

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Las salas de autopsias de 'CSI' son dramáticamente oscuras: en las reales todo es luz.

MITO 6. LAS SALAS DE AUTOPSIA NO SON OSCURAS

“Si las salas de autopsias reales fuesen como la de ‘CSI’ nunca encontrarían las pruebas, porque siempre están a oscuras” asegura. “La oscuridad es simplemente para dar ambiente a la escena, ya que la realidad nunca es como aquellos sitios tan horribles sin luz”. Todo al contrario: luz intensa y espacio aséptico. Además, parece ser que a la hora de desollar cuerpos también hay culturas: “En las series americanas siempre se hacen las aperturas del tronco en ‘Y’, mientras que en España hacemos dos cortes laterales y otro a la altura de los hombros y el cuello”. Como si se tratase del capó de un coche. “Lo más llamativo es que combinan material quirúrgico de precisión con herramientas del ‘todo a 100’; las costillas las parten directamente con tijeras de podar”. Y luego, “una vez ya han sacado todos los órganos y los han examinado, los vuelven a meter dentro de cualquier manera y suturan para entregar el difunto a la familia”. Al fin y al cabo, el desorden se puede justificar con la idea que los órganos en pocos días ya se habrán descompuesto.

MITO 7. SIN MANICURA POST-MORTEM

La cultura popular ha hecho creer que que, después de traspasar, lo único que continúa creciendo es el pelo y las uñas. Falso. J. M. Mulet explica científicamente como “al deshidratarse un cuerpo, la carne se contrae y deja al descubierto el pelo y las uñas, que mantienen su mismo tamaño”. La ciencia es más sencilla de lo que pueda parecer: “En el momento que mueres, al no bombearse oxígeno no se pueden sintetizar proteínas nuevas”, dictamina.

MITO 8. LOS SANTOS TAMBIÉN SE CORROMPEN (O NO)

Muchas fueron las personas que, al no descomponerse sus restos, se consideró que estaban marcados por la gracia de dios y les santificaron. El profesor asegura que,” en muchas muertes violentas, cuando se deja un cuerpo en la superficie del campo, este se puede saponificar si se encuentra en un medio alcalino”. O dicho de otra forma: la reacción de la grasa del cuerpo se vuelve jabón, que mata las bacterias que deberían descomponerte. En otras ocasiones, si los restos mortales son enterrados en ataúdes metálicos, este material resulta bactericida. Y si la caja mortuoria se cierra herméticamente, la falta de oxígeno tampoco permitirá la vida de los microorganismos. Incluso en alguna ocasión la trampa religiosa se ha querido hacer con los restos de aquellos que fueron embalsamados químicamente. Donde se podrían encontrar a muchos de estos ‘santos’ sería en los nichos superiores del cementerio de San José de Granada, donde el clima es muy seco. En ellos, el 80% de los cadáveres se momifican y resultan un problema cuando hay que reutilizar el espacio para un nuevo inquilino. Por este motivo, Mulet explica cómo le comentaron “la posibilidad de instalar mini-aspersores en el interior, como si fuesen humificadores de terraza veraniega”.

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Los zombis están resecos, pero según J. M. Mulet deberían estar más bien hinchados.

MITO 9. 'THE WALKING DEAD' PONE A SUS ZOMBIS A DIETA

A pesar del hito que marcó el videoclip ‘Thriller’ de Michael Jackson, no ha sido hasta hace pocos años que las películas y series de zombis han vuelto con fuerza. Eso sí, la extrema delgadez con la que se presentan los individuos siempre ha superado la mismísima ciencia ficción. El científico describe cómo la descomposición bacteriana produce gases que hinchan los intestinos, para que luego, poco a poco, la inflamación se termine extendiendo por toda su complexión. “En algunos casos incluso llegan a explotar los cuerpos”, destaca. Por lo tanto, “los zombis deberían de tener una barriga similar a la de una embarazada o a la del muñeco de Michelín, aunque la imagen sea poco cinematográfica”.

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Una receta inadecuada, no Antonio Salieri, es el mayor sospechoso de la muerte de Mozart.

MITO 10. UNA RECETA MÉDICA PUDO ACABAR CON MOZART

Por mucho que ‘Amadeus’ haya condicionado la imagen que tenemos del final vital de Mozart, Mulet sostiene que “no tenemos ninguna prueba que apunte a un asesinato”. “Antonio Salieri dijo que había matado él a Mozart cuando él mismo estaba en sus últimos días; de hecho hacía diez años que ya deliraba”, destaca el escritor, quien apunta que “lo más fácil era que tuviese alzhéimer o demencia senil en una época que no se diagnosticaba”. Según baraja Mulet, “los últimos estudios parecen apuntar a que tal vez Mozart tuviese una afección renal y que las prescripciones médicas de la época se la empeoraran”. “Recetarle sales de antimonio lo que habría hecho es rematarlo”, concluye Mulet. Aún así, el romántico mito cinematográfico de ‘Amadeus’ todavía seduce más al público, a quien no termina de llegar la recién nacida ciencia forense.

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