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El Stonehenge español, elegido Patrimonio de la Humanidad

La Unesco incluye en su catálogo al Sitio de los Dólmenes de Antequera como primer conjunto megalítico de Europa continental

JULIA CAMACHO / SEVILLA

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Interior del Sitio de los Dólmenes de Antequera. / JESÚS DOMÍNGUEZ

Estudios, mediciones, borrones en los apuntes y vuelta a empezar. Al arqueoastrónomo Michael Hoskin, miembro de la Universidad de Cambridge y especializado en túmulos prehistóricos, le llevó meses comprobar que no, que no estaba errado, y que las enormes moles de piedra ubicadas en Antequera (Málaga) no estaban orientadas a la salida del sol, como el 99% de las construcciones megalíticas encontradas en el arco mediterráneo. El sitio malagueño prefería cambiar sus vistas por algo más terrestre: la Peña de los Enamorados y la montaña de El Torcal. Esa excepcionalidad ha llevado ahora al conjunto prehistórico español Sitio de los Dólmenes a convertirse en el primero declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en suelo continental.

El Comité Mundial ha acordado este viernes en Estambul incorporar al conjunto megalítico de Antequera, única solicitud española en esta ocasión, al catálogo de espacios patrimoniales. Tras el informe favorable, numerosos países como Portugal, Korea, Jamaica o Turquía se apresuraron a felicitar a la candidatura andaluza, que tuvo que esperar sin embargo unos minutos más hasta la votación para confirmar el dictamen oficial de la UNESCO. Hasta ahora otros cinco sitios similares ostentan ese reconocimiento, cuatro de ellos en las islas británicas -entre ellos el archiconocido Stonehenge-y uno en Malta. Pero el túmulo funerario español, datado hace unos 5.000 años, sigue fascinando a los científicos.

Como ocurre con el resto de espacios megalíticos, los estudios aún no han podido desentrañar a ciencia cierta cómo nuestros antepasados fueron capaces de desgajar de la montaña y mover semejantes moles de piedra, en este caso de 180 toneladas y unos 40 metros cuadrados, para colocarlas en una disposición determinada y formar el sepulcro de corredor con galería cubierta más grande de Europa: el dolmen de Menga. Leyendas varias, teorías míticas o incluso de raíces druidas tratan de explicar su origen. En lo que sí hay consenso es que, en cualquier caso, aquellos primeros arquitectos necesitaron del trabajo colectivo, lo que da cuenta de una buena organización social en aquellos primeros colectivos que poblaron la zona.

Junto a Menga está el dolmen de Viera, de menor tamaño y semicubierto por una pequeña colina que lo hizo pasar desapercibido hasta que hace un siglo fuera descubierto por dos jardineros –que le dan el nombre- junto al tholos de El Romeral. Esta especie de cueva es el tercer elemento del conjunto, un corredor adintelado al fondo del cual se encuentran dos cámaras en las que las piedras van sobresaliendo progresivamente en cada hilada, de forma que se consigue una bóveda casi perfecta. Una técnica demasiado adelantada a su tiempo y que constituye el segundo valor excepcional del conjunto arqueológico con el que se ha conquistado a la UNESCO.

El túmulo funerario andaluz, datado hace unos 5.000 años, sigue fascinando a los científicos

Del conjunto, únicamente Viera está orientado de forma que la luz del sol entra hasta el fondo de la cámara mortuoria los días de los dos equinoccios, justo cuando el Sol está sobre el Ecuador terrestre. Pero el misterio sigue en torno a Menga y El Romeral, un lugar elegido con precisión milimétrica para interrelacionar paisaje arquitectura, algo inédito. Lo explica el director del conjunto megalítico, el arqueólogo Bartolomé Ruiz. Solo desde la boca del dolmen la peña de los Enamorados, una montaña de más de cinco mil años, mantiene su aspecto de rostro humano durmiente, “el indio”, como lo conocen por la zona. En cuanto uno se mueve, la figura deja paso a una simple cresta montañosa más.

Allí quisieron que posaran la mirada sus difuntos. El dolmen apunta a la barbilla de ese rostro, un punto donde más tarde se descubrió un conjunto de pinturas rupestres esquemáticas de color rojo datadas en la época Neolítica, coetáneas a la  construcción de Menga. También restos de lo que pudo ser un menhir. Por su parte, El Romeral mira hacia el oeste, al punto más alto de El Torcal, un conjunto cárstico al que las comunidades antiguas otorgaban también propiedades mágicas.

CORRECCIONES URBANÍSTICAS

Fue la Junta de Andalucía quien inició la candidatura del Sitio de los Dólmenes de Antequera para su inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Mundial de UNESCO en 1986, un siglo después de haber sido elegido uno de los primeros espacios protegidos de España. Repartido entre varias propiedades, la administración andaluza fue comprando el terreno hasta unificarlo y ponerlos bajo su tutela, requisito fundamental para poder poner en marcha el conjunto monumental.

Las distintas visitas de organismos internacionales evaluadores, que se llevaron las manos a la cabeza la comprobar que el perfil visual desde el dolmen quedaba empañado por los polígonos industriales, han permitido ir limando y corrigiendo el impacto visual y el entorno urbanístico del conjunto, logrando que Icomos certificara sus valores por triplicado: representan una obra maestra del genio creador humano; aportan un testimonio único, o al menos excepcional, sobre una tradición cultural o una civilización viva o desaparecida, y son un ejemplo eminentemente representativo de un tipo de construcción o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustra un periodo significativo de la historia humana. Ese informe allanó el terreno, y solo ha quedado vencer las reticencias de la UNESCO a la sobrerrepresentación por candidaturas histórico-artísticas de la cultura europea (Italia, España y Francia encabezan el ranking de paises con más monumentos inscritos) para que los Dólmenes se hayan convertido en el espacio número 45 del catálogo Patrimonio de la Humanidad de España. 

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