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Marlon James: que no pare la música

'Breve historia de siete asesinatos', ganadora del Man Booker de 2015, consagra a su autor entre los grandes de nuestro tiempo. El libro reconstruye el violento asalto a la casa de Bob Marley en Kingston

Enrique de Hériz

Bob Marley.

Bob Marley. / AFP

'Breve historia de siete asesinatos' es cualquier cosa menos breve y cuenta la historia de decenas de crímenes mortales. Habla de la Jamaica de los años 70 y 80, pero lo hace desde el polo opuesto de cualquier imagen tópica de rastas, fumetas y vacaciones caribeñas. Ganó el Man Booker de 2015 y, digámoslo ya, es una pieza literaria mayúscula que, sin lugar a dudas, establece a su autor entre los más interesantes de la lengua inglesa en la actualidad.

3 de diciembre de 1976. Bob Marley vuelve a su isla para participar en el concierto 'Smile Jamaica', organizado con el supuesto objetivo de apaciguar la violencia de origen político que tiene asoladas las calles de Kingston. Mientras la banda ensaya, siete pistoleros asaltan la casa del cantante con resultados desastrosos.

'Breve historia de siete asesinatos' / 'Una breu història de set assassinats'

Marlon James
Trad. Javier Calvo / Ramon Monton
Malpaso / Bromera
800 690 / páginas
25 / 24 €

Todo eso ocurrió en la realidad. El cantante recibió dos tiros, su manager salió herido, a Rita hubo que extraerle una bala de la cabeza. Marley cantó en el concierto, pero abandonó la isla al día siguiente para exiliarse en Londres durante un par de años. Marlon James nos propone seguir las vidas de los siete pistoleros hasta que se van cumpliendo sus respectivas muertes, en un viaje plagado de bifurcaciones que recorre el curso de la historia durante los siguientes 15 años, pero también viaja a sus orígenes: una Jamaica degradada por la corrupción política, en la que los dos partidos rivales usan a las bandas callejeras para controlar las chabolas; una isla que por su proximidad a Cuba y por los coqueteos con el socialismo provoca la intervención nada ingenua de la CIA, reflejada en la novela con una crudeza absoluta.

No hay una voz que nos guíe en ese viaje, sino muchas. Una auténtica cacofonía que reparte la responsabilidad del relato y atribuye la autoridad de la voz a una suma casi imposible. Una banda sonora de chabolas, armas, drogas y, sí, algo de música. Sexo, poder y manipulación de la miseria. Aquí hablan hasta los muertos; o sobre todo los muertos.

La amplitud de registros (que van desde el dialecto más coloquial y callejero hasta la impostura casi británica y burlesca) es una de las grandes virtudes de James y ha exigido un trabajo inmenso -con soluciones distintas pero eficaces tanto en la versión castellana ('cubanizada' con inteligencia) como en la catalana- de sus traductores. El otro rasgo distintivo, que impregna sobre todo el primer tercio del libro, es su tratamiento de la violencia. Es visceral y explícita, pero James la maneja de una forma que convierte hasta lo más crudo en materia literaria. Y política: los designios perversos que perpetúan la violencia, convirtiendo a las víctimas en ejecutores dentro de un ciclo interminable, quedan señalados en cada página.

Por seguir con las comparaciones obvias, es como si James Ellroy se hubiera dado un atracón de leer a Toni Morrison. O viceversa. Después de haber estudiado ambos a Faulkner en profundidad. Se le podría poner alguna pega, una cierta sensación de avanzar a veces a trompicones, pero incluso ese posible defecto sería el resultado de la importante ambición experimental que infunde un tremendo poder a esta novela ambiciosa, capaz de recompensar al lector en la misma medida en que le pide esfuerzos.

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