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'Jo competeixo', el 'big bang' de Manel

El grupo publica su cuarto álbum, un disco que renueva su sonido con electrónica y guiños latinos y africanos

Jordi Bianciotto

Manel, fotografiados este jueves en Barcelona.

Manel, fotografiados este jueves en Barcelona. / RICARD CUGAT

Sonidos electrónicos, ritmos bailables que miran a Latinoamérica y África, y, después de todo, un Manel reconocible: hay en 'Jo competeixo', su cuarto disco, que sale este viernes a la venta, unos contornos melódicos y una narrativa, por no hablar de la entonación de Guillem Gisbert, identificados con aquel grupo que hace ya casi ocho años puso del revés la escena pop catalana. Aunque esta vez, más que nunca, haya procedido a «romper algunas barreras» y entrar en nuevos territorios, atento a la idea de que «es mejor que alguien deje de escucharte porque has cambiado que porque te repites», razona el bajista del grupo, Martí Maymó.

No se han vuelto locos, quizá lo estarían si se mantuvieran clavados en el mismo sitio que en el 2008, algo que nunca han hecho. Después de desarrollar, en este tiempo, su pop-folk bautismal y de subir el tono pasando de la inocencia del ukelele a la oscuridad guitarrera, en 'Jo competeixo' proponen su salto de mayor alcance. Grabar en Nueva York con el productor Jake Aron (Grizzly Bear, Jamie Lidell) les ha servido para valerse de un punto de vista distanciado. «Nosotros, por ejemplo, creíamos que la emoción que podían transmitir nuestras canciones iba muy ligada a la letra, pero a él lo que le interesaba era nuestro discurso musical», explica Gisbert.

Y ahí, Manel ha querido moverse de donde estaba sin, aseguran sus miembros, someter la decisión a un debate intelectual o estratégico. Ellos saben que «el péndulo en nuestra escena apunta ahora más hacia la verbena que hacia el concepto de canción», observa Gisbert, pero no olvidan quiénes son. «Por mucho cambio que hagamos no nos pondremos ahora a tocar mestizaje», reflexiona. Ahí, 'Jo competeixo', con sus texturas electrónicas, sus guiños tropicales y esa guitarra que, en 'Sabotatge', apunta al Paul Simon de 'You can call me Al', no representa una ocurrencia excéntrica sino un paso más en su dinámica de banda en movimiento. «Ya en el primer disco no teníamos claro cuál era nuestro estilo porque cada canción la podíamos llevar a una dirección distinta. Lo normal para Manel, ¿qué es?», se pregunta Arnau Vallvé. La esencia de la banda, estima, radica en «pensarlo todo de nuevo cada vez».

"Es mejor que alguien deje de escucharte porque has cambiado que porque te repites", considera el grupo ante su nuevo giro 

Tenemos esas cadencias calientes, exóticas, que no salen de haber ido a pasar unas vacaciones en Suráfrica sino que las conocen de la mano de artistas blancos. «Sobre todo Talking Heads. 'Graceland', de Paul Simon, viene después», confiesa Gisbert. La otra banda de Maymó, The Seihos, se acercó a ese territorio tiempo atrás. ¿Ha acabado influyendo el grupo paralelo al grupo madre? «No lo creo, eso tiene que ver con que a todos nos gusta Vampire Weekend», alega el bajista. «Aunque a mí su disco que más me gusta es el tercero, el menos afro», añade Gisbert. Hay otras novedades menos llamativas pero con significado: el cambio de función de la guitarra, que se aparta de un rol rítmico que ellos asocian al folk. «La guitarra rítmica es como una capa de pintura y cuando la sacas ves que puedes vestir la canción de otra manera, con notas más impresionistas», explica Gisbert.

SALIR DEL CASCARÓN

Pero 'Jo competeixo' refleja también otro tipo de evolución, no tanto formal como conceptual, el tránsito del grupo que canta a la cotidianidad y escribe su nombre a mano, en atención a la belleza de las cosas artesanales, a este Manel más desmelenado, más expansivo, que sale del cascarón para tomar Manhattan acudiendo a un productor pop global e ilustra su nuevo disco con trazos de colores violentos. Gisbert recuerda cómo, en los tiempos del primer disco, la estética de lo hecho a mano, casera, «estaba imponiéndose y llegó un punto en que parecía que se quedaría para siempre». Quizá no fue así, reflexiona. «Quizá la idea de que las cosas pueden sonar bien, de que hay especialistas del estudio, no estaba tan herida». Entonces ellos operaban como grupo autárquico. «Considerábamos que nosotros solos nos bastábamos», recuerda Roger Padilla. Ahora celebran haber incorporado «nuevas herramientas para tocar y componer», añade Maymó. Aunque sin perder el mundo de vista. «Trabajamos de la misma manera, tan buenamente como podemos», afirma Vallvé.

IMPONIENDO SU LEY

Que no es poco: Manel es uno de los rarísimos grupos de pop en catalán que puede permitirse imponer su agenda, salir de gira con un guión cerrado y dependiente de un nuevo disco, acotando sus itinerarios a un período preciso, parando durante un año o año y medio para componer y grabar... Lejos, en fin, del régimen de contratación abierta indefinida y casi a la carta de tantos compañeros de escena. Un lujo. «Lo hacemos porque podemos», admite, muy consciente, Maymó. «Que te llamen del Primavera Sound o de cualquier sitio para tocar y decirles que no porque estás haciendo un disco es una idea que no le pasa por la cabeza a ningún grupo», razona. Padilla señala que «parar es caro, pero también tiene que ver con el territorio limitado en el que actuamos», en alusión al circuito catalán, que fuerza a los grupos a repetir plazas y festivales.

Saben que para componer es conveniente haber vivido, «y va bien olvidarte durante un tiempo de que eres un tipo que sube cada noche a un escenario», confiesa Gisbert. No es ese el plan que ahora le espera, puesto que Manel emprenderá el 13 de mayo en Banyoles una gira que apunta a lo alto: Primavera Sound, Madcool Festival (Madrid), Vida, Canet Rock, Cap Roig, Arenal Sound, Porta Ferrada... Con las canciones de 'Jo competeixo' y miradas a sus clásicos, quizá con nuevos aires. Antes descolocar que aburrir. «Esta vez es posible que ya ni siquiera llevemos guitarra acústica», anuncia Vallvé.

Temas: Manel Música

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