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RETROSPECTIVA

José Antonio Hernández-Díez mira a su pasado

El Museu d'Art Contemporani de Barcelona presenta la muestra 'No temeré mal alguno' del artista venezolano radicado en Barcelona

SONIA ÁVILA / BARCELONA

José Antonio Hernández-Díez, en el Convent dels Àngels.

José Antonio Hernández-Díez, en el Convent dels Àngels.  / RICARD CUGAT

La primera exposición individual de José Antonio Hernández-Díez (Caracas, 1964) en el Museu d'Art Contemporani de Barcelona pasó revista a su trayectoria. En específico a las décadas 80 y 90, cuando el artista visual utilizó la vídeo-escultura como soporte para hablar de la muerte, la vida, el ilusionismo y la simbología religiosa. Ese es el sustrato de la muestra  'No temeré mal alguno', abierta hasta el 26 de junio en el MACBA.

La exposición recorre los primeros años de producción de Hernández-Díez, cuando centró su atención en la iconografía religiosa y el desarrollo tecnológico, para después dialogar con una obra hecha ex profeso para la exhibición. En suma son nueve proyectos que ofrecen un panorama general de la escena artística a finales del siglo XX.

El artista, que llegó a Barcelona hace dos décadas, fue de los primeros en utilizar a la vez el vídeo y la instalación como medio de expresión, y dejar atrás los soportes clásicos. Representa, en este sentido, a la generación que integró la tecnología a las artes plásticas.  

ENTRE EL SIMBOLISMO RELIGIOSO Y LA TECNOLOGÍA 

En la planta baja del Convent dels Àngels se despliegan tres piezas producidas en 1991 para la Sala RG en Caracas, que no se exponían desde entonces. Se trata de 'El resplandor de la Santa Conjunción aleja a los demonios', 'San Guinefort' y 'Sagrado corazón activo'. Estas reflejan el interés del artista por los íconos religiosos, y cómo se integran al imaginario de la gente para entender la frontera entre la vida y la muerte.

De las tres llama la atención 'Sagrado corazón activo'. Dentro de una vitrina de acrílico, un corazón de silicona, que simula ser real, está conectado a un dispositivo médico que, en apariencia, lo hace latir. El artista explicó que la instalación habla de la veneración, de la fe y la dicotomía entre verdad y mentira en el discurso religioso. “Son obras de lo que él  llamó la nueva iconografía cristiana,  que ofrecía una visión tecnopop de los símbolos más venerados del catolicismo”, explicó Max Andrews, comisario de la exposición junto con Mariana Cánepa.

Le siguen obras que se apoyan en la  tecnología, modo de reto. Por ejemplo, la vídeo-instalación 'Annabel Lee' (1988), inspirada en el famoso poema de Edgar Allan Poe. Es una grabación en VHS que fue necesario trasladar a digital, lo mismo que 'Houdini' (1989) que puede verse en una televisión analógica. En ninguno de los dos casos existe una opia. “En aquella época me interesaba grabar y grabar, y reproducir y reproducir el video. No conservarlo”, apuntó el artista.

ARTE OBJETUAL

Hernández-Díez dejó de utilizar el  vídeo cuando se masificaron las herramientas para producirlo y, en consecuencia, se banalizó su carácter reflexivo. “Antes mantenía una exclusividad, pero al promoverse el uso de la cámara perdió ese aura”, dijo. A ello responden piezas más objetuales como 'La hermandad' (1994). Es una serie de patinetes hechos con lonchas fritas de carne de cerdo. También 'Filamentos', obra realizada ex profeso para esta exhibición. Son grabados sobre placa de cobre en gran formato iluminados con bombillas antiguas. Una metáfora de la visibilidad del arte en el presente.

Al hacer esta revisión de su obra en retrospectiva, Hernández-Díez encontró una continuidad temática contrapuesta a una ruptura en sus lenguajes. “Es otra plástica. Cuando eres joven sueles trabajo mucho con video, pero no podía estar toda la vida dedicado a eso, el arte debe reinventarse”. 

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