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NOVEDAD EDITORIAL

Barcelona, justo antes de la tormenta

Miqui Otero brinda en 'Rayos', su tercera novela, un emotivo retrato de la ciudad en los meses previos al estallido de la crisis

Rafael Tapounet

Miqui Otero

Miqui Otero, ante el Mercat de Sant Antoni. / RICARD CUGAT

Los nueve haces de luz que parten de los focos situados detrás del Palau Nacional son un elemento clave de la iconografía de Barcelona, pero, a pesar de su rico capital simbólico y su poder evocador, apenas han atraído el interés de los artistas locales (con la alta excepción de la portada del 'Qualsevol nit pot sortir el sol' de Sisa). Ahora Miqui Otero (Barcelona, 1980) ha decidido hacerles justicia con una novela, la tercera que publica y "la más personal con muchísima diferencia", en la que los rayos de Montjuïc se convierten en el faro que guía a unos personajes (y a una generación) con serios problemas para orientarse en una ciudad que no deja de cambiar. 'Rayos' es el título (y Blackie Books, la editorial).

"En Barcelona, todo el mundo ve los rayos. Da igual que seas el alcalde o el mendigo más tirado, porque brillan para todos. Son un símbolo de la ciudad, y aunque vienen de la exposición internacional del 29, están liberados de estigmas y de épocas", apunta Otero. La visión de esos rayos desde el balcón de su casa en el barrio de Sant Antoni ("un día en el que yo no me encontraba especialmente fabuloso") fue la imagen que puso en marcha el mecanismo de la creación y alumbró el camino que permitió a Otero hacer algo que llevaba mucho tiempo planeando: escribir una historia de tintes autobiográficos que le sirviera para explicar su ciudad. Porque 'Rayos' es, entre otras cosas, una novela sobre Barcelona. Y a la altura de las grandes.

'RAYOS' Y CENTELLA

Fidel Centella, el protagonista, es un hijo de inmigrantes gallegos, miope, diastémico y aficionado a la música pop, que trabaja como becario en un diario, tiene un pésimo sentido de la orientación y se rebela contra una tendencia a la melancolía algo alarmante (rasgos que el personaje comparte con su autor). Estamos a finales del 2007. Fidel toma la decisión de abandonar la casa de sus padres casi por accidente (y, además, borracho), se va a vivir con sus amigos (los otros Rayos) a un piso compartido en el Raval, se debate entre el amor de dos mujeres, conoce a un afilador catalán ultrafan de Galicia y asiste desde la primera fila a una operación político-inmobiliaria que transformará el barrio y será el preludio de un derrumbe cuya magnitud, en esos días extraños, apenas se intuía. Rayos que anunciaban la tormenta.

"Barcelona siempre ha sido una especie de canario en la mina de cosas que pasan después en otros lugares, una zona muy sensible a las turbulencias. Y en el caso del Raval, mucho más". Otero vivió en el Raval durante casi toda la primera década del siglo XXI, "un momento de cambio absoluto: se intentaban hacer ordenanzas cívicas que siempre iban por detrás de la realidad, las paredes aparecían pintadas de colores para hacer visibles todo tipo de luchas, se empezaba a gentrificar a saco… Allí notabas una serie de síntomas de algo muy chungo que había de pasar en cualquier momento".

'Rayos' habla de todo ello desde dentro, con una mezcla de dureza, humor y ternura, pero también con el punto de distanciamiento que aporta la mirada de un hijo de la emigración. "Yo soy catalán de primera generación, y utilizo eso, pero es absurdo que pretenda ser un charnego de la época de Marsé o Casavella; los charnegos de mi generación estamos perfectamente integrados".

ARRIBA Y ABAJO

Como en las novelas de Marsé y Casavella, la Barcelona de Otero es una ciudad de barrios bajos y barrios altos, y de personajes que pasan de unos a otros y pagan las consecuencias. "Es que el caso de Barcelona es muy gráfico. ¡Nos lo ponen tan fácil! Es como si en '13 Rúe del Percebe' el moroso viviera en la alcantarilla y el dueño de la finca, arriba del todo. Cuanta más pasta, más vas subiendo". Pero Fidel Centella no tiene alma de arribista, y el encuentro con ese otro mundo de champán, carnets del Barça y comidas dominicales en un reservado del 7 Portes le produce una íntima turbación. "Claro, es que yo no buscaba un asaltacamas que solo quiere follarse a la chica y robarle el dinero al padre. Porque mi generación no es así. Yo quería que hubiera una cierta fascinación. El rasgo que define a Fidel y a sus amigos cuando empiezan a vivir juntos es que no saben qué vino es mejor, si un cosecha o un crianza. Y lo que pasa es que luego él prueba un reserva y dice: 'Ojo, que dudo, que igual esto me mola'".

Y sobre esa duda Miqui Otero construye uno de los pilares de su novela. "Yo no soy un 'working class hero'. Yo fui a los salesianos de Rocafort, no crecí en La Mina. Así que construir un personaje superépico de clase obrera habría sido muy deshonesto. Pero sí pervive ahí un sentimiento de clase que hace que te sientas mal cuando te estás comiendo un plato muy caro. Y esa es la mirada que he elegido para explicar todo esto que el cuerpo me pedía explicar".

No es que fuera mod, es que era afilador

Tinet Rocamora, personaje clave de la novela, viaja en 'scooter' y pertenece, como dice Otero, a "una subcultura 'viejuna'". Pero no es mod. Es afilador. "Me molaba esa idea de un representante de un oficio casi extinguido, que fuera como el último mohicano, el último koala". Y gracias a Tinet el lector descubre la existencia del barallete, una jerga creada por los afiladores de Orense ('a terra da chispa') para comunicarse entre ellos sin que las personas ajenas al oficio pudieran entenderlo. "Es un idioma de la picaresca, que les servía para viajar por el mundo y timar a los clientes", señala el autor. En barallete, padre es 'bato', vivir es 'apoular' y morir es 'felar'. "Conocer todo ese mundo de los afiladores que van en Vespa y tienen un argot secreto fue como descubrir una traslación en antiguo de esa fascinación mía por las subculturas juveniles", señala Otero. "Y, claro, me tiré de cabeza". 

            

Temas: Novela Libros

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