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Pasqual se mira en Lorca

El director de escena publica 'De la mano de Federico', relato de su enamoramiento por el autor

ELENA HEVIA / BARCELONA

Lluís Pasqual presenta  De la mano de Federico, una semblanza sobre García Lorca, en el Teatre Lliure.

Lluís Pasqual presenta  De la mano de Federico, una semblanza sobre García Lorca, en el Teatre Lliure. / FERRAN SENDRA

Está muy acostumbrado Lluís Pasqual a que sus trabajos permanezcan solo en el recuerdo. Además, lo suyo es trabajar en equipo, en medio del revuelo de actores y técnicos. La novedad para el director escénico es que por primera vez se ha enfrentado a escribir, una labor solitaria, y el resultado, 'De la mano de Federico', un libro sólido, ha sido totalmente gratificante y gozoso, tanto como la foto de portada del volumen, un Federico García Lorca grácil, que ¡hop!, da un pasito de baile ante el objetivo de su amigo Luis Buñuel.

El libro fue un encargo del editor Joaquim Palau, que de regreso de los grandes grupos editoriales ha decidido montar Arpa, un pequeño sello dedicado al ensayo, el pensamiento y la no ficción. Palau le sugirió unas memorias, poner negro sobre blanco sus recuerdos y experiencias teatrales, lo que daría para un libro bien gordo. Contar, por ejemplo, cómo solía coincidir en la escalera de su piso de París con Marcello Mastroianni, cuando a este Catherine Deneuve lo echaba a fumar al rellano. Pero eso no ‘tocaba’.

Pasqual le ha dado la vuelta sibilinamente a la propuesta y ha terminado explicándose a sí mismo partiendo del amor que siempre le ha acompañado por el poeta y dramaturgo granadino. Porque a Lorca le conoció antes de saber que era él. Cuando de niño su madre, andaluza, le cantaba 'Los cuatro muleros' 'Los peregrinitos' sin saber que cantaba a Lorca.  Porque Lorca, lo dice en el libro, es el autor que más le ha acompañado. "Por lo menos, un largo espacio de mi vida", dice. Un "hermano gemelo". Un "espejo" en el que mirarse. Pero también es una forma de devolver las enseñanzas de quienes le conocieron, el grandísimo actor argentino Alfredo Alcón que había trabajado con Margarida XirguIsabel García Lorca, la hermana, Pepín Bello, el amigo...

Y sin embargo, como director, Pasqual llegó a Lorca por su vertiente más compleja, por las “irrepresentables” -él le dio la vuelta a esa idea- 'El Público' y 'Comedia sin título', sus obras más oscuras. "Siempre me ha interesado antes el Lorca más revolucionario, más adelantado a su tiempo, más rompedor. Me daba más miedo 'Bodas de sangre' porque el franquismo se había apropiado, quizá por mala conciencia, de ese Lorca de guitarra, gitanos y guardia civiles haciéndolo más folclórico".  El director lo sabe bien porque ha llevado a escena la integral del autor, si se exceptúan 'Yerma' que, dice, jamás hará porque ya vio a Núria Espert en el personaje y no puede añadir nada, y dos obras menores, como 'Los títeres de cachiporra' y 'El amor de Don Perlimplín y Belisa en su jardín'.

El viaje de Pasqual en el libro tiene el ritmo de un paseo, en el que una cosa lleva a la otra. Pasa por el respeto a la decisión de la familia del autor de 'Poeta en Nueva York’ a no querer buscar los restos. "El cadáver es de la familia, la obra de todo el mundo. Eso no quiere decir que cualquiera que tenga un muerto en la cuneta no tenga el derecho a encontrarlo". Pero también por su deseo imposible de escuchar, aunque fuera solo una vez, la voz de Lorca, de la que no existe registro sonoro, apenas la descripción de su biógrafo, "una voz mojada, oscura y cálida".

No falta el jugoso anecdotario teatral en el que se descubre que a pocos días del estreno en Milán de 'El público', Pasqual no tenía todavía actor para un personaje, el último para completar el reparto. Vio a un joven acodado en la barra de un bar y pensó que era perfecto. Solo más tarde se enteró de que era actor y que estaba libre. Por la noche, con Fabià Puigserver, su pareja entonces, pensaron vestir al Pastor Bobo de lagarterana, literalmente. Y así salió un Juan Echanove entonces desconocido a escena.

¡AURORITA, POR DIOS!

Sin embargo, la palma del anecdotario se la lleva la temperamental Aurora Bautista, ínclita gloria de las películas patrióticas de Cifesa, que se dejó llevar por la pasión y el enfásis en la primera frase que pronunció en los ensayos de la ‘Yerma’ de 1960. Tanto, que el director Luis Escobar (hay que recordarlo como el marqués de Leguineche en 'La escopeta nacional'), todo retranca, tuvo que reprenderla con un "¡Aurorita, por Dios, que todavía no ha pasado nada!” La expresión ha pasado a ser una muletilla entre los miembros del oficio para bajar o bajarse la temperatura de la interpretación. "Tenía muchas ganas de contarlo", ríe Pasqual.

Se rebela el director contra el tópico del apoliticismo de Lorca. “No era, claro está, un hombre de partido, pero su trabajo en La Barraca era absolutamente revolucionario. Hay que tener una visión muy nítida de la educación y la cultura para perderte en un pueblo perdido de la España de los años 30 para montar un Calderón o un Lope. Entonces no había en España una institución más poderosa que la Iglesia y contra ella tiró obuses. Tendrían que pasar 20 años para que se produzcan fenómenos parecidos en el teatro europeo”.

Las páginas de este libro también están atravesadas por el dolor por los que no están, Puigserver, pero sobre todo su marido, el fallecido editor Gonzalo Canedo, una relación de 15 años, a quien está dedicado el libro. "Con Lorca, a la que das la vuelta a la esquina, siempre te encuentras con el amor, presente o ausente”. No suele ser su costumbre mostrar su vida privada. “Me han dicho que en este libro muestro mucho pero, en realidad, no lo hago menos que en un montaje teatral. Cuando dirijo 'El Rey Lear', la segunda parte está sustentada por el dolor, y yo ese sentimiento tengo que encontrarlo en alguna parte para trasmitírselo a los actores. Pero claro, eso es algo que se percibe menos porque ellos lo muestran por poderes. Aquí lo hago en primera persona". 

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