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Cesc Gay: «La vida carece del dramatismo que nutre al cine»

El cineasta catalán estrena 'Truman', donde medita sobre cómo afrontamos la enfermedad y la muerte

NANDO SALVÀ

Tráiler de Truman. / periodico

En su séptima película aparece un perro llamado Truman, pero no es su historia lo que nos cuenta. En realidad, en Truman el director catalán Cesc Gay se sirve de dos amigos de infancia, Julián (interpretado por Ricardo Darín) y Tomás (por Javier Cámara), que se reúnen para decirse adiós por última vez para meditar sobre la amistad masculina y sobre cómo nos enfrentamos a la enfermedad y la muerte.

-Películas tituladas con el nombre de un perro hay muchas, pero ninguna de ellas es como Truman.

-Aquí el perro es una excusa, el vehículo a bordo del que explico un viaje de despedida. Usarlo me permitió situar la película en un plano más ligero y mantenerla alejada del dramón. Y me pareció muy tierno que alguien en una situación como la que vive Julián se preocupe sobre todo por lo que va a hacer con el perro. Además, los perros son un buen reflejo de sus dueños. Truman es un animal herido, cojo y con cicatrices, justo como Tomás.

-La película se enfrenta a la muerte de Julián con la misma actitud que él mismo: no rechaza el sentimentalismo, pero sí el exhibicionismo emocional.

-Sí, porque en general el cine vive de la exageración. Miente mucho y, ojo, me parece bien, pero creo que la actitud de Truman es mucho más cercana a la realidad que el tremendismo que muchas películas manejan. La vida carece del dramatismoque nutre al cine. Acompañas a alguien que se va a morir al médico, o a la funeraria, y las conversaciones son muy mundanas, desgraciadamente lo pude comprobar por mí mismo. La vida sigue a pesar de todo y de todos.

-Habla de las connotaciones personales que la película tiene para usted. ¿Le resultó terapéutico hacerla?

-Creo que lo adecuado para hacer terapia no es ponerse tras la cámara sino tumbarse en el diván del psicólogo. Pero yo solo sé hacer películas sobre cosas que me son propias. Con el tiempo uno acumula vivencias, y algunas de ellas causan heridas que es necesario tratar. A mí la ficción me ayuda a entenderme mejor.

-¿Por qué cree usted que en general nos cuesta tanto hablar de la muerte?-Porque nos da miedo, y porque es triste. Y somos una sociedad cada vez más frívola y menos espiritual.Nos empeñamos en vivir nuestra vida como Peter Pan, y por tanto estamos cada vez menos conectados a la muerte. Y cuando la vida te enfrenta a ella de repente, con una inesperada llamada telefónica, es como un tsunami que te arrastra, y empiezas a analizar las cosas desde un lugar nuevo. Es lo que la película intenta reflejar.

-¿En qué medida quiso que Truman funcionara paralelamente para reflexionar sobre el derecho de toda persona a una muerte digna?

-No habla de la eutanasia, pero estaría bien que contribuyera a un debate. No pretendo juzgar ni dar lecciones, no me gustan las películas que ofrecen recetas vitales. Prefiero dejar a mis personajes en un punto que permita al espectador imaginándolos tomando bien un camino, bien otro. En todo caso, creo que el empeño de la medicina por alargar vidas es desmedido. Y que cada uno debería ser libre para decidir cuándo y en qué condiciones quiere irse, sobre todo porque los últimos momentos de una vida pueden ser terribles.

-Sus películas se apoyan mucho en la palabra, pero al final en ellas lo más importante es lo que no se dice.-De hecho, quise que en muchos planos de Truman lo que se viera no fuera el personaje que está hablando, que es lo habitual, sino otro que no habla sino que mira o escucha. Me parece que contemplar a alguien que escucha explica mucho más, y es más gratificante para el espectador, que a alguien que habla. Y eso es muy difícil para los actores, porque están acostumbrados a hablar.

-Echando un vistazo a su filmografía se comprueba también que la mayoría de sus películas son historias de hombres. ¿Por qué?

-No es algo consciente y, sinceramente, después de Una pistola en cada mano y ahora de Truman estoy un poco cansado de hombres. Lo que pasa es que las mujeres acostumbran a tener una relación mucho más abierta y explícita con las emociones. De haber estado protagonizada por mujeres Truman habría sido una película muy distinta, mucho más frontal. Y es precisamente la contención con la que los hombres nos solemos enfrentar a los sentimientos lo que me resultaba dramáticamente atractivo.

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