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UN RECONOCIDO HISTORIETISTA EUROPEO AFINCADO EN MÁLAGA

La chistera de Zidrou

El belga, autor de las premiadas 'Lydie' y 'El Folies Bergère', nutre con sus guiones de cómic a dibujantes españoles

ANNA ABELLA / BARCELONA

El belga Zidrou es un polifacético mago con una chistera de maravillosos guiones. De thrillers a historias intimistas y cotidianas, crudas y tiernas, todas con la virtud de emocionar. En El Folies Bergère imagina a un soldado de la primera guerra mundial que no muere por más que lo fusilen y a una niña buscando a su padre en pleno campo de batalla. En El cliente, un hombre se enamora de una prostituta y desafía al proxeneta. ¿Quién le zurcía los calcetines al rey de Prusia mientras estaba en la guerra? es un relato (que no les despiste el título) inspirado en su tía, donde una anciana vela por su hijo discapacitado. «Tengo una antena y las ideas llegan, a menudo no sé de dónde. Mi cerebro trabaja como un minero para hallarlas. Son como estrellas en el cielo», desgrana en perfecto castellano el guionista Benoît Drousie, Zidrou (Anderlecht, 1962), desde Ronda, en Málaga, donde vive con su familia y donde recaló desde una «Bélgica cada vez más gris» tras descartar el sur de Francia por el auge del lepenista Frente Nacional.

«La vida está hecha de dramas y alegrías. Hay muerte y lágrimas. Sin sentimientos y buenos personajes no hay historia. No es lo mismo una película pornográfica que una en la que aunque haya mucho sexo te toca el alma y te enciende el corazón». El cliente, para la que el dibujante Man (Mollet, 1976) visitó burdeles para captar su atmósfera, «no habla de prostitución sino de la soledad del ser humano», razona Zidrou, que buscó salida en España para sus historias adultas, que no lograba editar en el mercado francobelga, donde es archiconocido por sus trabajos para el público infantil (trabajó desde los años 90 en la revista Spirou).

Así, en el 2011 publicó la multipremiada y emotiva Lydie (sobre una madre que guarda la ilusión de que su bebé no ha muerto) con el dibujante Jordi Lafebre (Barcelona, 1979), con quien colaboró en los relatos de La anciana que nunca jugó al tenis (donde participó el también barcelonés Josep Homs) y con el que publica la dura La mondaine 2, ambientada en el París de entreguerras, sobre un novato que llega a la brigada antiprostitución, pero donde, insiste, no habla de «segunda guerra mundial sino del lado salvaje y la animalidad de las personas».

En tres años Zidrou suma ya una docena de memorables álbumes, publicados por Norma, muchos en tándem con dibujantes españoles -siete, la mayoría catalanes y formados en la Escola Joso, con quienes compartió recientemente un encuentro en Barcelona-, encantados con la magia de un autor que tiene en cuenta sus gustos y preferencias para trazar un guion que «se adapta al universo de cada uno». «Si los dibujantes tienen que trabajar durante meses en una historia esta tiene que gustarles», afirma. Así, al debutante Oriol Hernández (Terrassa, 1983) le encantaban los gánsteres del Chicago de los años 30 y le regaló La piel del oso, la relación entre un adolescente y un anciano que trabajó para un mafioso italiano (Premio Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona 2013).

«Y encontré a ¡un andaluz de 28 años apasionado de la primera guerra mundial! -exclama sobre Francis Porcel (Granada, 1977), con quien firma la cruda y sorprendente El Folies Bergère, premiada en Japón- ¿Cómo hacerlo si en Francia es el tema del intocable Tardi? Pues no pensé en el tema sino en los personajes y en enamorarme de ellos. Fui objetor de conciencia y odio la guerra, por eso me impliqué mucho en la historia, donde introduje a Monet para hablar del papel del artista en un mundo de guerra y trincheras, y a una niña, símbolo de la violación del horror por la belleza, de la pureza en un mundo podrido». 

Zidrou, autor de obras como Léo, Léa o Marina y que ya ha acabado El paseo de los sueños (saldrá en abril) con la vasca Mai Egurza, en ¿Quién le zurcía los calcetines..., con Roger Ibáñez (Barcelona, 1977), homenajea a los héroes cotidianos. «Mi primo tuvo un accidente de tráfico a los 20 años y hoy es como un niño de 53 al que mi tía ha cuidado siempre. Ella, como la protagonista y otros muchos, es una heroína anónima que nunca saldrá en las noticias ni le darán medallas», reivindica.

El guionista, más que satisfecho de trabajar con esta cantera de artistas, con la que tiene nuevos proyectos en marcha, cree que por su diversidad y creatividad «estamos viviendo una edad de oro del cómic», pese a la crisis editorial. Lamenta, sin embargo, que «aquí los niños leen poco, menos que en otros países donde consumen mucha cultura. La cultura no es una prioridad para los políticos españoles y eso se nota».

Temas: Cómic

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