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MUESTRA EN MADRID DE INSTANTÁNEAS DEL PREMIO NACIONAL DE FOTOGRAFÍA

Capturando la vida

Una exposición en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando homenajea al fotoperiodista barcelonés Eugeni Forcano

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Eugeni Forcano explicó un día que le interesaba la calle «como escenario de la vida, como expresión humana y como espectáculo vivo y cambiante». Un auténtico espectáculo de vida es la selección de 150 fotografías que desde ayer se exhibe en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. La exposición Atrapar la vida supone el segundo round del homenaje al fotoperiodista que fue la concesión del Premio Nacional de Fotografía del año 2011.

Con la poco habitual presencia pública de Eugeni Forcano (Barcelona, 1926), a sus 88 años, la inauguración tuvo ayer tarde un gusto de homenaje muy especial. La exposición, que tendrá una itinerancia amplia pero que todavía no está cerrada, se distingue de la doble muestra, en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona y en la Sala Ciutat, cuando el fotógrafo donó una amplia colección de imágenes al archivo municipal.

La exposición, que inicia su recorrido en Madrid no se limita a las imágenes de Barcelona y tiene un carácter más amplio. Sin embargo, precisa el comisario de la muestra, Daniel Giralt-Miracle, no es una retrospectiva global, por falta de espacio, sino una selección de los «capítulos esenciales del discurso de Forcano». Por un lado, las fotografías en blanco y negro que se convirtieron en la imagen de marca en los años gloriosos de la revista Destino de 1960 a 1974 . Por otro, las fotografías experimentales a las que se dedicó a partir de los años 80. Otros capítulos de su biografía profesional, como los años de formación autodidacta o de dedicación a la fotografía de moda, sí quedan al margen del recorrido expositivo.

La muestra, y el catálogo que ha publicado el Ministerio de Cultura, se detienen en algunos de los aspectos que atrajeron la mirada fascinada del fotógrafo catalán. La Barcelona del desarrollo, la vida rural tradicional a un paso de su extinción, escenas populares (como el reportaje lleno de detalles humanos de un día de mercado en Banyoles que hizo de la mano del escritor Josep Maria Espinàs), los gitanos nómadas, las fiestas de barrio, la ridícula pompa de los fastos de la dictadura y la Iglesia, las miserias de los barrios viejos y de barracas, las escenas espontáneas de la calle y los retratos de «tipos con carácter» aunque no necesariamente conocidos.

Persona discreta

Aunque los reconocimientos oficiales le llegaron en sus momentos de máxima actividad (premios Ciutat de Barcelona) y en sus últimos años (Creu de Sant Jordi, Nacional de Fotografía), quizá su asociación al universo Vergés-Pla-Destino-Espinàs y su distancia con el mundo de la gauche divine no fueron la mejor carta de presentación durante algunos años. Giralt-Miracle cree que Forcano ha recibido un reconocimiento profesional menor del que merecía, «por su discreción y por su alejamiento de los círculos culturales y la vida social. De hecho, él no persiguió nada, siempre lo fueron a buscar, por la intensidad del contenido de sus fotografías; por eso hemos denominado la exposición Atrapar la vida, porque ninguna de sus fotos es estática o decorativa». Otro motivo: «Dejó el fotoperiodismo para dedicarse a la moda, campo en el que fue muy reclamado pero que ayudó a que quedase en el anonimato».

Puestos a buscar puntos distintivos entre Forcano y otros compañeros de generación, para Giralt-Miracle, es «el fotoperiodista del instinto, que siempre actuó movido por los instintos del corazón». El que, como recuerda el comisario, dijo: «Si al captar una imagen no me emociono, no hay nada que hacer. Cuando se me dispara el corazón, no falla; ahí está mi foto». 

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