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La gran cita con la historieta

Joe Sacco: "La guerra de Bosnia podría rebrotar"

ANNA ABELLA
BARCELONA

D e Bosnia (Gorazde) a Oriente Próximo (PalestinaNotas al pie de Gaza), los refugiados chechenos o los pobres de la India (Reportajes), el estadounidense Joe Sacco (Malta, 1960) ha demostrado con creces que por sus «venas corre sangre de periodista», y lo ha hecho magistralmente en cómic. Ahora baja a las trincheras de la primera guerra mundial.

-En La gran guerra narra en un desplegable de 7 metros 24 horas de la batalla del Somme, sin palabras. Es el fresco de un matadero, del absurdo que causó tanta muerte inútil. 

-Quería hacer un libro sobre la primera guerra mundial y el primer día de aquella batalla resume la catástrofe que fue esa guerra. En él hubo 60.000 bajas británicas, 20.000 muertos. Lo leí de niño, inocente e ingenuo, y no ha dejado de sorprenderme. Quise mostrar todo lo que pasó entre el general que traza el plan y la tumba. Me alejé de la narración para ser un extraño que mira qué hacían esos soldados un día de 1916. Quería reflexionar sobre la humanidad y en por qué la gente odia del modo en que lo hace como grupo.

-¿En los conflictos que ha cubierto, ha pensado que podría haberle tocado estar en el lugar de las víctimas?

-Siempre. Quizá por escuchar las historias de mis padres sobre la segunda guerra mundial, cuando Malta fue brutalmente bombardeada por alemanes e italianos. Soy consciente de que hoy vivo en un lugar bastante seguro, y cruzo los dedos para que siga así, porque la mayoría de gente vive en situaciones muy precarias, por causa económica o por la guerra.

-¿Puede mantener la idealizada objetividad del periodista ante un torturado o la madre de un asesinado? 

-No soy nada objetivo. Soy un periodista muy subjetivo. Intento ser honesto ante lo que registro pero está claro que estoy de parte de las víctimas. En La gran guerra soy subjetivo porque no muestro a los británicos llegando a las trincheras alemanas porque quería enfatizar la matanza a gran distancia que fue esa guerra. La mayoría ni vieron al enemigo, murieron por fuego de artillería.

-Siempre se dice que hay que hablar de la guerra para que no se repita. 

-Algunos hablan para exaltar la gloria y las conquistas. Otros para que no se repita. A veces aprendemos lecciones que duran solo unas décadas. Por ejemplo no ha habido una gran guerra en Europa desde 1945, porque la Unión Europea ha ayudado a ello, porque los europeos vieron que se destruyeron a sí mismos. Pero en 1992 llega la guerra de Bosnia. La guerra no ha abandonado Europa. Y ahora las hay en la ex-URSS. Las nuevas generaciones no han aprendido.

-18 años después de Gorazde, vuelve con Srebrenica, un cómic digital ¿qué ha cambiado en Bosnia?

-Me habría gustado que más cosas. Es un caos económico. Al final de la guerra había esperanza sobre al futuro. Eso se ha esfumado y la gran división entre los grupos étnicos sigue acentuada. Hablé con muchos serbios que negaban lo ocurrido en Srebrenica y siguen haciéndolo. Cada 11 de julio, en el aniversario, hay un entierro en masa de los cuerpos identificados cada año. En el 2013 vi enterrar a 400 personas. Los serbios sacaron cuerpos de las fosas comunes y los distribuyeron por todo el país. Hablé con una mujer que enterraba a dos hijos. Habían hallado partes de ellos en distintos lugares. Es demasiado. Ella me dijo, «no sé si quiero hablar de esto, pero considero que debo hacerlo».

-Para que no se repita. 

-Exactamente.

-¿Puede rebrotar la guerra de Bosnia? 

-Sí. Ahora no porque la gente está demasiado exhausta de la guerra. Pero las dos partes siguen sin ponerse de acuerdo sobre su propia historia y puede surgir un líder nacionalista que lo explote y se produzca una situación peligrosa. No se necesita demasiado para dividir a la gente. Quizá tenéis el mismo problema en España. No digo que tenga que haber aquí una guerra pero hay tensión, ¿no?

-Algo así. ¿Cómo lo ve desde fuera?

-Siendo honesto no conozco demasiado sobre la división española y catalana. Comprendo que a veces las personas se quieran separar y a veces pienso si realmente este tema es tan importante. Las fronteras nacionales son muy artificiales. ¿No vivís en un país rico? Las ideas, las personas se mezclan, ambas partes disfrutan de lo bueno del resto.

-¿Recuerda algún momento en que se le hizo un nudo en la garganta? 

-¡Tantas veces! Siempre me conmueve, me afecta, no soy un cínico. En Chechenia conocí a una refugiada cuyo marido había sido torturado por los rusos y estaba totalmente destrozado mentalmente. Vivían en una fábrica abandonada con sus hijos y ella cuidaba de todos y trabajaba 17 horas al día. Le dije «¿cómo puede?» y se me echó a llorar. Aún lo llevo dentro, porque ves que la guerra, además de disparos y muertes, también es eso. Estas historias deben contarse. Oyes a políticos y generales, historias hechas desde una sala de prensa. Hay que estar sobre el terreno para ver realmente lo que sucede.

--¿Rabia, impotencia?

-La siento constantemente. Intento no plasmarlo en la página pero la rabia me motiva, para mí puede ser una fuerza muy positiva. Cuando ves personas humilladas por soldados en los checkpoints sientes rabia porque allí no puedes expresarla.

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