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Paco Roca y los republicanos que liberaron París

ANNA ABELLA / Barcelona

Para qué llamar caminos a los surcos del azar. De este verso de Antonio Machado, que «simboliza los sentimientos del exilio republicano español», la tristeza y las ilusiones truncadas, surge el título del espléndido retorno de Paco Roca (Valencia, 1969), Los surcos del azar (Astiberri), en cuyas viñetas no falta un breve recuerdo al poeta, fallecido tras cruzar la frontera en la retirada de 1939. «Son los caminos llenos de sufrimiento de los que tras la guerra lucharon contra los nazis, acabaron en Sudamérica o Rusia, en campos alemanes o franceses, en el norte de África... y los caminos para rehacer luego sus vidas», cuenta el autor de Arrugas (Nacional de Cómic) y El invierno del dibujante.

Roca, que ya flirteó con la guerra y el exilio en El faro (2004) y El ángel de la retirada (2010), reconstruye los caminos de Miguel Ruiz, uno de los republicanos que lucharon, en la segunda guerra mundial, en La Nueve, la compañía de la 2ª División Blindada del general Leclerc, que la noche del 24 de agosto de 1944 fue la primera en entrar en París, encabezando al día siguiente el desfile de la Victoria por los Campos Elíseos junto a De Gaulle. «Tuvieron un papel simbólico en la liberación. Pero era normal que estuvieran allí pues eran veteranos de la guerra civil y, muchos, de la campaña de Túnez contra Rommel. Eran expertos en batalla. Además, tenían un sentimiento antifascista enorme y estaban muy comprometidos ideológicamente. Para ellos era la misma guerra, luchaban contra el fascismo y sentían que así podían vengarse de la derrota ante Franco. Esperaban que después los aliados liberaran España del fascismo», explica Roca, que se topó con el tema en el 2008, en París, donde vio a dos excombatientes, Manuel Fernández y Luis Royo, en la presentación del libro La Nueve, los españoles que liberaron París, de Evelyn Mesquida, quien le sirvió de fuente de información, así como, entre otros historiadores, Robert S. Coale.

UNOS PARIAS / «Fueron olvidados. Su memoria pasó desapercibida en la España franquista, en la que era difícil convertirles en héroes -reivindica el dibujante, en alusión a que, además de republicanos, habían derrotado a su aliado Hitler-. Y De Gaulle dejó de lado a los españoles y a los de otros países que lucharon por la Francia libre. Aún siendo vencedores fueron los únicos que no tuvieron un país al que volver tras la guerra y acabaron siendo unos parias. Es triste y dramático. Abandonaron sus casas y seres queridos porque si se quedaban podían morir y, exiliados, tuvieron que volver a empezar de cero como ciudadanos de segunda». Desde hace dos años, revela, «con [François] Hollande, la bandera republicana ondea junto a la francesa en el desfile de la fiesta nacional».

Roca usa el recurso de autodibujarse como personaje que hace una entrevista imaginaria a un ya anciano Miguel Ruiz, quien le cuenta sus recuerdos empezando en el puerto de Alicante en 1939, con dantescas escenas de desesperación y suicidios, junto a 15.000 republicanos que intentaban huir del avance franquista en insuficientes barcos, rumbo al norte de África. «Allí se les consideraba escoria roja revolucionaria, se les trataba como esclavos». «Se cambió de nombre, como otros muchos, porque desertaron de la Legión para ir con Leclerc y porque temían represalias a sus familias en España si les capturaban los alemanes. Desapareció en una misión tras liberar París. Se le perdió la pista. Hay historiadores que creen que se unió al intento de invasión de España desde el Vall d'Aran, otros que acabó en Fez». Roca rellena lagunas de la vida de aquel hombre que quién sabe si hoy aún sigue siendo un superviviente.

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