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La escritora británica publica en España su última novela, 'NW London¿

Zadie Smith «La clase social es un límite a lo que puedes hacer»

IDOYA NOAIN
NUEVA YORK

dientes blancos, publicada cuando tenía solo 24 años, colocó en la estratosfera a la escritora británica. Otras dos novelas, un libro de ensayos y conferencias la asentaron como una de las voces literarias imprescindibles. Ahora se edita en España NW London, su cuarta novela siete años después de Sobre la belleza, un mosaico de vida y personajes de su barrio de Londres. Clase, raza, relaciones, familia, aislamiento, evolución… De todo hay en un libro que es tanto retrato existencialista como ejercicio de estilo, salpicado del don para el diálogo de Smith (Londres, 1975).

-Quería escribir una novela existencialista sobre gente negra.

--Es lo que pensaba cuando la concebí. Como gente de color, siempre tienes una sensación de identidad, como si nuestra identidad fuera muy fuerte o no tuviéramos las mismas crisis que la gente blanca ha tenido en el siglo XX y XXI. Estaba interesada en escribir un libro sobre este tipo de crisis que no era exclusivamente sobre gente blanca. Pero no me veo como alguien que escribe a una mayoría para explicar una minoría. Ese es el problema, ¿no? Yo no intento convertir gente blanca a la experiencia negra. No me importa. Puede ser agotador pensar cuánto tienes que convencer a la gente de que la vida de otra persona puede ser interesante.

-En un ensayo sobre Barack Obama mostraba sus dudas sobre la supuesta era posrracial.

--No pienso que las cosas cambien por símbolos y un presidente es solo un símbolo. Un solo hombre no puede tener un efecto enorme. El cambio de verdad pasa económicamente.

SEnDNW London tiene un tono urbano.

--Intentaba recrear la sensación de estar en una ciudad, ese sentimiento que a veces hay de desconexión. Quería intentar capturar parte de esa repentinidad, ese sensación de ser de repente un extraño en una esquina de la ciudad. Es una especie de técnica de desfamiliarización, hacerte estar alerta ante cambios.

-La novela aborda también la crisis de una mujer sobre la maternidad.

-Lo que me interesa es la concepción distinta del tiempo. Tras una charla y una pareja se me acercó. Les pregunté si tenían niños. Me dijeron que lo estaban pensando. ¡Y tenían 43 años! Como si su idea de ellos mismos fuera que eran ilimitados. No me importan las discusiones sobre maternidad y mujer. Lo que me interesaba es esa idea del sentido de ilimitación, de que el tiempo no tiene fin, que sienten algunas mujeres y hombres. Y lo que es interesante para mí es la forma en que eso está bloqueado por distintas realidades biológicas. Si eres cínico puedes decir que nuestras vidas se han organizado alrededor del ideal del consumidor, que anima a la gente a quedarse largo tiempo en el grupo que más compra, de 18 a 40 años.

-Estuvo a punto de tirar la toalla...

--Siempre es lo mismo, con cada libro. Siempre quiero abandonar.

-¿Qué le hace no hacerlo?

--Es muy deprimente rendirte tras tantos años.

-¿Es muy dura consigo misma cuando escribe?

-No sé otra forma de ser. Ser estricta conmigo me ayuda a escribir.

-¿Eso ha cambiado desde Dientes blancos?

--No realmente. Lo que ha cambiado es que las frases son mejores, más cortas. Tengo más autocontrol. Pero el trabajo es el mismo. Es muy aburrido, por eso es difícil hablar sobre ello. Simplemente hago lo mismo cada día. Si entrevistas a un músico, o un actor, tienen cosas que contar. Yo no tengo historia. Voy a una biblioteca, me siento y escribo, y luego vuelvo a casa. Y lo hago una y otra vez durante años. No tengo una idea romántica de lo que hago, para mí es una especie de manipulación con las palabras. Hay autores que crean drama en su vida, pero creo que la escritura pasa a pesar del drama. Las borracheras, los affaires… Nada de eso ayuda a la escritura. Quizá soy una escritora muy domesticada.

-¿La meta cuál es?

--Esperas seguir mejorando. En realidad muchos autores se hacen malos cuando se hacen viejos. Es más digno parar.

-¿Usted piensa en hacerlo?

-Tengo solo 38 (ríe) pero en algún momento pararé. Dejaré de escribir, no de leer. Llega un final natural. Todo el resto del mundo se jubila. ¿Por qué no puede jubilarse un escritor? Es una forma de arte muy racional. Cuando tu cerebro ya no funciona bien no puedes escribir.

-Uno de sus personajes se cambia el nombre. Usted a los 14 años pasó de Sadie a Zadie.

-Lo mío no fue por razones interesantes. Estaba enamorada de un chico cuyo nombre empezaba por Z. En el caso de Keisha / Natalie es cambio de clase, de nombre de clase trabajadora a uno de clase media. La clase representa un límite a lo que puedes hacer. Un cambio de clase social se convierte en existencial.

-El libro aborda también temas como la determinación.

-Hace poco oí a una mujer en la radio diciendo que no planeaba las cosas, que deja que lo que vaya a pasar pase. Eso está muy lejos de mi sensibilidad. No puedo comprenderlo. Mucha gente ha tomado la despreocupación por lo que viene como una especie de fe. Yo no entiendo por qué es algo espiritual no pensar en el futuro. Yo siempre pienso en el futuro, en las consecuencias. Soy así.

SEnDNW London fue recibida con críticas encontradas. ¿Cómo lo lleva?

-Siempre ha sido igual. Está bien, no me importa. Tengo que seguir haciendo mis cosas. No puedo gustar a todo el mundo todo el tiempo. Yo soy lo primero. Y me importa el punto de vista de la gente inteligente. Cuando escribo siempre pienso en hacer las cosas accesibles. Eso me importa. Tengo formación académica, podría escribir de forma distinta. pero espero que cualquiera pueda coger mis textos y encontrar algo en ellos. No puedo esperar una pequeña audiencia intelectual. Yo misma recuerdo estar fuera de ese público. Y me gustan los escritores que te dejan un camino para que entres.

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