Ir a contenido

Único, irónico e iconoclasta

ALBERT SERRA compite en Locarno con 'Història de la meva mort', su última película

NANDO SALVÀ
LOCARNO ENVIADO ESPECIAL

«Las críticas me importan muy poco, y eso es propio de aquellos que hemos surgido de la nada: sabemos que podemos volver a la nada en cualquier momento, y que si eso sucede seremos igual de felices», sentencia Albert Serra, consciente de que su tercera película, como las dos anteriores, provocará reacciones polarizadas. Cuando uno decide unir en un mismo relato a Giacomo Casanova y al Conde Drácula, como el de Banyoles hace en Història de la meva mort, sabe a lo que se expone.

«Cuando hace años presenté Honor de Cavalleria (2006) en Rumanía, un productor me dijo: 'Esto mismo que haces con el Quijote deberías hacerlo con Drácula'», re-

cordaba ayer Serra en el Festival de Locarno, donde la película acaba de presentarse a competición. Para entendernos, «esto» es desmitificar un personaje clásico sacándolo de contexto. Es decir, lo mismo que hizo con los Reyes Magos en su segunda película, El cant dels ocells (2008). «Al principio me lo tomé a coña, pero con el tiempo pensé que sería un reto bonito». Por aquella época estaba leyendo las memorias de Casanova, y decidió mezclar a ambos personajes. El resultado es una crónica extremadamente iconoclasta de la transición entre el siglo XVIII, «basado en el racionalismo y la sensualidad», y el siglo XIX, «caracterizado por el romanticismo, el oscurantismo y la violencia».

Para llevarla a cabo, el catalán recurre a la mezcla de ligereza y gravedad y, sobre todo, a la afilada ironía que ha convertido en sello de estilo. «Mis películas siempre se ponen en duda a sí mismas, y en este caso he huido más que nunca antes de la credibilidad». Es un método que, confiesa, tiene mucho de accidental. «No lo hago a propósito, sino que a fuerza de buscar una estética que me es propia, y de negarme a hacer concesiones, me salen películas inclasificables. Yo soy un cineasta único».

Història de la meva mort se estrena el 23 de octubre en Francia, pero en España aún no tiene fecha. Al fin y al cabo, el país vecino siempre ha mostrado más interés por Serra que el nuestro. «Yo no he hecho nada para que en España no me quieran», opina. «Bueno, he insultado a unas cuantas personas, pero ésas ya no me querían antes». ¿Será que su actitud a menudo insolente y su tendencia a la frase lapidaria provocan recelos? «No me importa. Hay tanto farsante disfrazado de autor, tanto impostor y tanta mentira, que me veo obligado a defender a quienes hacemos cosas serias. Es una lucha contra el mal, el estético y el moral. El mundo del arte está completamente prostituido».

«Me niego a simplificar»

Dado que el mundo del entretenimiento va cada vez por caminos más alejados del suyo, Serra asume que seguir siendo fiel a sí mismo significa sacrificar el favor de parte del público. «Me niego a simplificar mi arte, la vida es demasiada corta». ¿Echa de menos más subversión en el cine de autor actual? «El cine debería ponerse en cuestión a sí mismo y, sobre todo, debería tomarse menos en serio. Yo no me tomo en serio, entre otras cosas porque no me intereso a mí mismo. Pero este mundo está lleno de tipos que se toman en serio y, además, no tienen talento, eso es lo peor».

Asegura que por eso, porque no siente pertenecer a este mundo, hace las películas que hace, con actores no profesionales y ajenas a estructuras de producción convencionales. «Y así será siempre. Yo no puedo decepcionar a mis fans, y por tanto no me voy a poner de repente a hacer el payaso». En todo caso, dice no tener un plan preconcebido. Se deja guiar por el olfato, como un animal. «El magnate Charles T. Munger, a quien adoro, tiene una frase que me encanta: 'Desde un punto de vista racional, lo más importante para lograr el éxito es merecérselo'. Yo he procurado merecer todo lo que me pasa», aclara Serra. «Ahora bien, no es el caso de muchas personas a las que todos conocemos. ¿Es que han tenido suerte? ¿No será que hacen trampa?».

0 Comentarios