Ir a contenido

UNO DE LOS ROSTROS DE LA SELECCIÓN 'GRANTA'

La escritora inglesa

Mujer, de origen extranjero y joven, la londinense nacida en Nigeria Helen

Oyeyemi ejemplifica la nueva y globalizada narrativa británica

ELENA HEVIA
BARCELONA

Cuando le preguntan a Helen Oyeyemi sobre su identidad, ella, para abreviar, dice que es londinense. Esa simplificación no explica quién es. Pero tampoco lo haría, según su opinión, decir que es hija de emigrantes nigerianos, que fue a vivir a la metrópoli cuando tenía cuatro años y que llegó a la universidad, y no a una cualquiera, Cambridge por más señas, cuando estaba escribiendo su primera novela.

Mientras sus amigos miraban las notas de la selectividad, ella firmaba el contrato de su primer libro, La chica Ícaro (publicada hace años por El Aleph), que la convertiría en la wonder girl de las letras británicas. «Soy una de esas personas de las que conocer su biografía sobre el papel no te ayuda a entender lo que escribe», asegura reticente a convertirse en un objeto exótico. «Ya sé que eso está cambiando con el Gobierno actual, pero una de las cosas asombrosas de ser inglés es que para acceder a la universidad solo tienes que sacar buenas notas. Ese fue uno de los motivos por los que mis padres emigraron. Cuando era pequeña me preguntaban: ¿a dónde quieres ir, a Oxford o a Cambridge?».

Oyeyemi forma parte de la última lista de la revista Granta con los jóvenes autores británicos más prometedores. Aparecida el pasado abril, la selección daba una buena sorpresa, más de la mitad eran mujeres y el 50% procedían del extranjero o eran hijos de emigrantes. Mujer y africana y la más joven de todos -28 años-, Oyeyemi es un perfecto ejemplo para comprender qué significa ser un escritor británico en el siglo XXI. «La diversidad de procedencias también conforma lo que hoy es ser inglés. Hace décadas que apellidos poco corrientes o un color oscuro de piel han dejado de ser un problema en Gran Bretaña. Así que lo que ha ocurrido en el terreno literario es que sencillamente se ha puesto al día».

La autora presenta ahora El señor Fox (Acantilado), un libro elaborado y libresco, sobre las distintas mutaciones de un escritor y su musa, en el que brillan por su ausencia sus raíces africanas. «Mis padres me contaban historias de la familia para ver si me podían servir, pero a mí nunca me han interesado». Lo más cercano a su biografía que tiene su escritura son sus lecturas adolescentes. «De pequeña creía que Mujercitas había sido escrita para mí. Pero como había cosas que no me gustaban, la muerte de Beth, por ejemplo, no tenía el menor problema en reescribir y cambiar esas historias». Se podría decir que la reescritura continúa siendo el motor de su literatura. El señor Fox es un cruce entre el cuento de Barbazul y Rebeca de Daphne du Maurier, que ella ha interpretado de forma radical haciendo evidente lo que pensó cuando leía aquella novela aparentemente rosa. Que sus protagonistas son dos psicópatas.

Fábula feminista

Y es que Oyeyemi, que para complicar más las cosas se ha ido a vivir a Praga, está intentando desmarcarse de aquella etiqueta de niña prodigio con una mayor carga de perversidad. Como que, por ejemplo, la novela encierre una compleja fábula feminista cargada de humor y juego en la que hombre y mujer intercambian sus papeles. «Es una metáfora de nuestra convivencia pero también de mi forma de escribir. No deseo mostrarme. Yo sé bien quién soy. Lo que quiero como autora es convertirme en mil personajes».

0 Comentarios