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UN AUTOR marcado por la controversia

La pena triste de Bryce

El escritor peruano presenta su última novela tras la polémica de la FIL

ELENA HEVIA
BARCELONA

Esta mañana de noviembre, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique hace honor a la memorable frase que una vez le espetó su tata, la campesina de Cajamarca que cuidó a todos los niños de su familia, cuando en la soledad de su jubilación le contestó por teléfono al escritor que ahí estaba: «Dándole pena a la tristeza». La frase no solo sirve de título a su última novela, publicada por Anagrama, que ayer presentó en Barcelona.

También refleja el ánimo del propio Bryce defendiéndose ciegamente con argumentos confusos frente a la polémica suscitada tras el anuncio en la mexicana Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de la concesión del Premio FIL, uno de los más importantes de Latinoamérica, que distingue una trayectoria literaria. Sin embargo, el galardón le hizo un flaco favor, resucitó los viejos fantasmas del plagio a 16 artículos periodísticos, incluido uno publicado en EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, por los que ha sido juzgado y sancionado.

Un Bryce triste y agobiado habla primero de que se le ha absuelto en varios juicios, hasta que reconoce que lo que su abogado está intentando es anular la sentencia incriminatoria basándose en un error en el proceso de notificación. «Ya me van a devolver el dinero de la multa que pagué».

Su rostro se entristece todavía más cuando piensa que en otras circunstancias la semana que viene tendría que haber viajado a Guadalajara, México, para recibir públicamente y con honores el agasajo del premio. «Me aconsejaron que no viajara porque había amenazas contra mí de gente de extrema derecha muy violenta», asegura obviando el hecho de que fue la FIL, ante la polémica -polémica en la que prácticamente nadie cuestionó su valía como novelista- quien decidió entregarle en la intimidad la dotación del premio el pasado 25 de octubre.

Así las cosas, otra novela del peruano, genuina, chispeante, divertida como todas las suyas, con la particular e inimitable «musiquita Bryce» de su prosa - está ahora en las librerías. Dándole pena a la tristeza recoge una vez más esas historias desopilantes de su propia familia con las que el escritor suele encandilar al personal. Y ayer no fue menos.

Es un hecho constatado, por lo menos en Perú, que las grandes familias de la oligarquía tenían un recorrido de tres generaciones. La primera crea el emporio, la segunda consolida la fortuna y la tercera lo dilapida. Eso ocurrió con la de Bryce y eso ocurre en su novela que echa a andar con Tadeo de Ontañeta, trasunto más o menos ficcionado del abuelo del autor y fundador del Banco Internacional de Perú, que fue nacionalizado hace años.

Por los recuerdos erráticos de Bryce se pasean sus pintorescos familiares. Su padre, un hombre de pasado bullicioso: fue torero en España y cantante de ópera en Italia hasta que con 40 años regresó a Lima para casarse. «Desde entonces permaneció mudo, solo hablaba cuando se tomaba algún whisky». O el hermano tarambana que jamás trabajó. O aquella pariente que trepaba a las fachadas de las casas sin red y fue captada por un circo. Es difícil seguirle el rumbo a Bryce y a su auditorio se le encoge el corazón cuando menciona al sobrino, un niño alemán adoptado, que asesinó a sus padres. «No, eso solo ocurre en la novela», anuncia para alivio de todos. Inútil reproducir el gracejo triste de Bryce, hoy vacilante. Solo le pertenece a él.

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