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UNA NOVELA EPISTOLAR

Las cartas de Nothomb

La autora belga vierte su obsesión por la escritura en 'Una forma de vida'

ELENA HEVIA
BARCELONA

Todos los días de su vida, a las cuatro de la mañana, esté en el uso horario que esté, Amélie Nothomb se levanta a escribir. Lo hizo ayer mismo en su hotel barcelonés, a semejanza de hace ahora tres años, cuando vino a presentar una novela y dio comienzo, precisamente, a Una forma de vida (Anagrama / Empúries), novela que la crítica francesa ha saludado como una de las mejores de su obra, aunque vuelva a dar vueltas a la marmita de sus grandes obsesiones.

Obsesión es una palabra clave en la extravagante autora belga. Grafómana compulsiva, tiene en su haber más de 20 novelas acabadas y otras tantas malogradas que, asegura, jamás publicará. Y esa manía escribidora la ha llevado hasta el punto de «ser lo suficientemente loca» como para contestar siempre todas las cartas de sus fans. Porque la Nothomb no solo tiene lectores tiene fans. De ahí surge el tema de Una forma de vida. Un día la Amélie Nothomb del relato recibe una carta de un soldado destinado en Irak, que ha acumulado una obesidad mórbida durante los años de contienda, y entre ellos se establece una relación epistolar con sorpresa incluida. «Lo único cierto de esta ficción es que contesto a mis cartas y que en su momento leí la noticia de que muchos de los soldados destinados a Irak se habían vuelto obesos», precisa.

La secreta intención de la autora era que la novela sirviera para reducir el número de sus numerosos corresponsales, pero lo único que ha provocado, para desesperación de la autora, es cuadriplicar el número de cartas, que proceden de todas partes del mundo. «Tengo una gran responsabilidad frente a esos lectores, pero tardé un cierto tiempo en darme cuenta de lo que eso suponía. Mucha gente me escribe consultándome cosas importantes, si debe divorciarse o dejar el trabajo. Por eso he de ir con mucho cuidado, trasmitirles que son ellos los que tienen que tomar sus propias decisiones. Y claro, el cuidado por mi parte aumenta cuando se trata de adolescentes». Asegura Nothomb que jamás utilizará esas misivas para encontrar ideas para sus ficciones. «Esas cartas son secretas y haré todo lo posible para que lo sean», solo deja entrever un poco el abismo cuando reconoce con absoluta tranquilidad que en ocasiones ha recibido misivas de desequilibrados. «Pero ninguna de alguien de Al Qaeda».

METAFÍSICA DE LA ANOREXIA / La idea de la obesidad de su personaje entronca con sus avatares biográficos, con los desórdenes alimentarios que la autora sufrió cuando tenía 13 años y dejó de comer. Eso, confiesa, terminó por crear una concepción metafísica del puro hecho físico de no comer. «Mi cuerpo y mi espíritu quedaron disociados, tardé mucho tiempo en recomponerlos». De forma similar considera que muchos obesos para quienes la comida se ha convertido en una droga, «han acabado por amar su cuerpo y convertirlo en una especie de arte, en un body art».

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