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Ideas

Un libro en cuatro minutos

JUAN VILLORO

El 8 de diciembre me convertí en coautor de un libro que se editó ante mis ojos. La aparición sucedió en la librería McNally Jackson de Nueva York, gracias a Brutas Editoras, cuyo logotipo es una sonriente prótesis dental.

En este proyecto deslocalizado no podía faltar una colección sobre lugares lejanos. Destinos cruzados se inició con textos de Lolita Bosch y Alberto Olmos sobre Japón. El segundo libro es Berlín dividido. Ahí comparto espacio con la escritora argentina Matilde Sánchez. Ella vivió en Berlín Occidental en 1986 y yo en la parte oriental, de 1981 a 1984. Podíamos ofrecer versiones complementarias de un territorio que, como el vizconde de Calvino, se definió por estar partido en dos.

En la versión de Matilde aparece un mexicano escapado de la serie Seinfeld: va a un balneario nudista a espiar bellezas y tal vez cede al placer compensatorio de orinarse en el agua. El nudismo también forma parte de mis crónicas. Me sorprendió que mientras la OTAN instalaba cohetes atómicos capaces de llegar en unos minutos a Moscú, los alemanes se broncearan hasta adquirir el convincente tono de un jamón curtido.

Berlín dividido se imprime en una máquina que aún se encuentra en fase de prototipo: la EBM, Espresso Book Machine, de la cual hay 80 modelos, casi todos en universidades. Cada título se imprime cuando ya tiene comprador.

El 8 de diciembre ocurrió lo que sucede con la alta tecnología, incluyendo el Apollo XIII. La máquina se descompuso. Por suerte, volvió a funcionar y la gente se formó como si hiciera cola para comprar el pan o un capuchino. En cuatro minutos su ejemplar quedaba listo. Dos variantes de la cultura se mezclaron en la operación: el atavismo de ver cómo se produce una artesanía y la modernidad de que eso sea un libro.

Como las recompensas de los cuentos de hadas, los libros de Brutas Editoras solo existen cuando se desean. Se pueden solicitar a www.mcnallyjackson.com o BrutasEditoras@gmail.com.

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