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Estreno: 28 de diciembre

Drive Nicolas Winding Refn El 'pulp' convertido en arte

NANDO SALVÀ

Es cierto que el director Nicolas Winding Refn es ante todo un estilista, y que su nueva película es un apasionado pastiche de elementos propios del neo noir de los 80. Pero no solo es eso. En un tiempo en el que el cine de acción confunde por sistema el mero frenesí con la verdadera capacidad de excitación, Drive es un recordatorio de lo poderoso que el género puede ser cuando cada plano y cada frase tienen un propósito y logran un impacto máximo.

Refn maneja temas puramente pulp -la venganza, el sacrificio, la redención- con elegancia y gravedad. Convierte el actioner en arte mayúsculo, en parte gracias a su habilidad para inyectar sensibilidad europea a una fábula clásicamente americana llena de coches, armas de fuego, mujeres fatales y dinero: el retrato de un lobo solitario poseedor de habilidades preternaturales al volante, capaz de la mayor ternura y la más atroz brutalidad, e incapaz de escapar a su heroico destino.

Refn hace un uso de la composición, la luz y el montaje que está años luz por delante de la mayoría de directores que trabajan el género, y no se deja atrapar por sus arquetípicos personajes ni su formulario argumento ni, por otro lado, se empeña en reinventar o subvertir nada. Tan solo nos demuestra qué es hacer cine negro realmente bien, construyendo una tensión extraordinaria antes de estallar en arrebatos breves pero implacables de violencia, nunca tan efectivos como en esa secuencia rodada en un ascensor, que en solo unos segundos hace transitar la película del romance al violento thriller de venganza, y que durante años será deconstruida por cinéfilos y estudiosos. Por sí sola, esa escena explica por qué Drive resulta tan irresistible e inacabablemente seductora.

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